Opinión / Por la cara

Mártires de la belleza

Fecha: 07/10/2011 13:29 Texto: Ángel-Antonio Herrera
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Brad Pitt Brad Pitt

Ha publicado Luis Antonio de Villena Mártires de la belleza, un libro con un pie en el ensayo y otro pie en la crónica, pero siempre abundado de la sabia elocuencia del autor, que va y viene de Brad Pitt a Bosé, de Botticelli a Hugo Silva, con mucho rescate de fotos históricas, datos recónditos y juicios no urgentes de quien conoce a fondo el paño. Se trata de avalarse en que los citados, y otros, como DiCaprio, o Los Pecos, son, sí, los involuntarios mártires de la belleza, bien porque fueron flor macho de un día, o bien porque han logrado sobreponerse al propio esplendor físico, mediante el talento o la inteligencia, o ambas cosas. Cita el autor a Ovidio: “Un bien frágil es la belleza”. Y bajo ese lema compone unas páginas que devienen en museo de guapos, vivos o no, que acabaron en el olvido o que ahora comienzan la incierta aventura del cine, el deporte o la música, pluriempleándose en calzoncillos para campañas de Armani.

Villena es encumbrado poeta de vitola dandi, y erudito en todo, y aquí escoge un tema clásico, o romántico, muy suyo, pero forzándolo hasta nuestros días, cuando la cultura es capricho de escaparate y los bellos y las bellas se suceden o matan alegremente, casi por temporada, porque la belleza es frecuente, como la verdad, según pronóstico de Borges, hasta nueva orden. De modo que el libro tiene musculatura de ensayo intemporal, digamos, pero también oportunidad de crónica última o moderna, con los chicos de las series de la tele alternando, por capítulos con los bustos de Antínoo o con James Dean. Aquí está Leif Garret, que fue ídolo de póster y acabó en deshoras de yonqui. Aquí está Sid Vicious, de los Sex Pistols, al que se llevó la heroína. Aquí está Kurt Cobain, jefe de Nirvana, “una sucesión de excesos y voluntad suicida”, según la propia acuñación de Villena. Aquí está Marlon Brando, y Elvis Presley, y Helmut Berger, hasta llegar a Cristiano Ronaldo, o Rafa Nadal, y naturalmente incluyendo a los apolos nacionales de última generación de la tele o el cine, como Fran Perea, Miguel Ángel Muñoz y Mario Casas. Estamos, en fin, ante un rico libro oportuno, que no oportunista, sobre “el amargo don de la belleza”. Tan viejo, tan joven.

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