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Opinión / Por la cara

Un belcebú de atletismo

Fecha: 02/10/2017 Ángel-Antonio Herrera
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Los Stones están todos en edad de achaque, aunque con poco achaque, los muy cabrones. Hasta dan conciertos en la Barcelona folclórica de Puigdemont. Y a ninguno le pilla la gripe. Mick Jagger, en concreto, parece que hubiera entrenado toda la vida para ser Jagger, con más de setenta palos. Cuando otros, a su edad, practican la gira de geriátrico, él hace atletismo de levita. Si uno se pega un reojo por su álbum fotográfico, tan nutrido, nos sale un Mick joven, en plan belcebú andrógino, un Mick posterior, cargado de desabrochada chulería, y el Jagger más reciente, al que coronaron Sir. Más o menos, el que ha estado en Barcelona, hace días. Es un belcebú con entrenamiento, un diablo que practica el atletismo de escenario. Hay varios peinados Jagger, que son más bien despeinados. Hay varias levitas Jagger, que son más bien contralevitas. Hay varios andares Jagger, que son más bien unos modos diversos de estar delgado. Todo no viene a avalar sino que Jagger muda en propio lo que toca, aupando de personalidad lo que en otro, o en otros, tan sólo queda como excentricidad prestada o bien sastrería de portada de disco. A fuerza de histrionismo, en escena y fuera de escena, ha reacuñado la naturalidad. No concebimos a Jagger imitando a Jagger. Pero imitadores le han salido a miles, y quedan siempre como feos que no aciertan la chaqueta o como chicos malos del marketing y con peor pelo. No concebimos a Jagger pareciéndose a sus imitadores. Si a Jagger lo pensamos guapo, nos sale un hermano de David Bowie. Si le quitamos a su ropa lentejuela, nos sale Keith Richards con mejor cara. Todo lo dicho pudiera resumirse en que nos hallamos ante un ejemplar de personalidad sobrante, y esto casi resulta obvio en el líder de los Stones, pero hay que apuntarlo. Jagger ha cumplido todas las edades de la delgadez, y su estampa, década a década, camiseta a camiseta, póster a póster, se sostiene hoy con un decadentismo insólito, cuando ha sido rebeldía de la moda y de la norma, que casi viene a ser lo mismo. Me aseguraba Francisco Umbral que la fealdad se cura con los años, y eso le ha pasado a Jagger, que hoy es tan diablo como viejo. Fue un cara y es una cara. Una cabeza. Está entre el velocista sexual y la momia con matrícula en el gimnasio. | Sigue leyendo.

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