Un menú de guapas
Fecha: 23/01/2012
Angelina Jolie en los Globos de Oro
Va uno a los desfiles de moda a ver mujeres, y algo así viene a ser el escaparate de la entrega de los Globos de Oro, que son un menú de guapas que siempre son las mismas, pero son otras, por el jaleo de los trajes fastuosos. Voy rápido al tajo: Heidi Klum nos enseñó la entera espalda deliciosa, como un violín medio enguantado de morbo. Estos escotes de espalda tienen mucha elegancia y mucha lujuria, gracias a ese susto de erotismo que da el ver de pronto a una bigarda que parece haberse puesto el traje al revés. Son vestidos para provecho de fetichistas del culo femenino, que es donde se acaba el escote, o donde empieza, eso según la lujuria del mirón. Elle Macpherson iba de novia inocente, pero a esta rubia no le queda nada inocente, porque es una palmera de hermosura, aunque ya tenga cuarenta y muchos tacos, o precisamente por eso. Madonna iba regular, con un traje gris, pero solventó la heterodoxia soltando al presentador, a media gala: “Si soy como una virgen, ¿por qué no vienes aquí y haces algo al respecto?”.
A uno estas crónicas de corte y confección se le van enseguida a la glosa de macizas emocionantes, bajo aquel lema insuperable del poeta: “La mujer es un instante entre dos camisas”. Y en esto de los Globos de Oro nos salen muchas mujeres entre muchas camisas, que son en rigor túnicas de harapo millonario. Angelina Jolie llevaba un traje claro y largo de muy pulcra línea, y sacaba por un corte hasta la ingle el muslo sexual, que en ella es fina alfarería que la hace alta, o muy alta, pero no directamente magnífica de muslos, como Beyoncé, por ejemplo. Sofía Vergara se marcó las tetas de anticipo del traje azul oscuro, y Jessica Alba iba de monada que no peca de gogó, como siempre. A mí, de entre todas, me sigue fascinando Charlize Theron, que parece siempre venida de una ducha de agua dorada. Llevó traje casi blanco, con mucho corte aquí y allá, con mucho volante aquí y allá, que es su modo de ir siempre muy vestida, pero a la vez muy desnuda. Esta rubia es fascinante. Tenerla en cualquier fiesta ya es un premio. Parece que, de pronto, se le va a averiar un broche y se va a quedar de pronto en tanga puro, ante la afición. Con todo el dulce trapo de firma a sus pies. Ahí mismo rendidos nos tiene.






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