Algo huele a podrido
Fecha: 25/06/2012
“Este es un país libre, señora. Tenemos el derecho de compartir su privacidad en el espacio público”. Con esta frase, el actor y dramaturgo británico Peter Ustinov anticipó en 1956 la moral subyacente en el comportamiento de los implicados en la operación Pitiusa.
El comentario socarrón de Ustinov dio pie al sociólogo Zygmunt Bauman para señalar (La sociedad individualizada) que el aireamiento público de la intimidad prueba que se ha producido una invasión de lo “privado” a causa de “la vacuidad de la vida pública”, a la que nos ha llevado la suplantación del noble anhelo de la fama como camino hacia la inmortalidad individual por la notoriedad como alimento de la vanidad y camino hacia el enriquecimiento.
Pero una cosa es hacer de la notoriedad una forma de vida y otra es ser víctima de una notoriedad sobrevenida. Telma Ortiz no es Pippa Middleton. Si esta ha logrado desplazar en el papel cuché a su hermana la duquesa de Cambridge como la nueva princesa de Inglaterra, aquella ha peleado a brazo partido por preservar su intimidad y mantenerse al margen de los focos que inevitablemente se encienden ante todo lo relacionado con su hermana Letizia.
Un país no es más libre cuando cada uno hace lo que quiere, sino cuando todos sus ciudadanos tienen la certeza de que son respetados sus derechos individuales. Que en la trama desarticulada participen funcionarios y policías, cuya misión primordial es por ley preservar esos derechos, nos advierte de que algo huele a podrido en nuestra sociedad. El detective Hércules Poirot, al que Ustinov encarnó en varias ocasiones, nunca habría recurrido a métodos tan rastreros.


Comentarios recientes
No hay comentarios