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Opinión / Punto de vista

Una parte de mí

Fecha: 25/01/2018 Gonzalo López Alba.
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He buscado en el armario mi traje de luto. Es la tercera vez que me toca ponérmelo en mis 36 años de dedicación al periodismo. El director, Alberto Pozas, me ha pedido que escriba una última columna para los festejos fúnebres de interviú. 

No se me dan bien las despedidas, así que no será este el folio más brillante. Mis disculpas. Tengo un dolor vivo que conecta mi corazón con mi cabeza, pero al llegar a los dedos se bloquea el flujo de las palabras. Estoy triste y siento rabia. Me dan ganas de llamar a la puerta del vecino para decirle que ya no podrá seguir leyendo mi columna semanal, ni gratis total como hacía hasta ahora, ni de ninguna otra forma. Y este es un sentimiento nuevo.

Mis tres entierros han sido igualmente dolorosos porque en cada cierre patronal se enterró también algo de lo que soy –he procurado ser– como periodista: un ciudadano al servicio de los demás que relata, analiza e interpreta lo que ocurre para facilitar la formación de juicio y la toma de decisiones aportando conocimiento. Cada vez que ha cerrado uno de los medios en los que trabajaba, y esta no es la excepción, he sufrido un desgarro íntimo más profundo que la pérdida del sustento económico, con todo lo que esto conlleva en un mercado de trabajo caracterizado por la precariedad, porque sin un periodismo profesional, libre, plural y dignamente retribuido la democracia se asfixia al ver constreñida su naturaleza básica, que no es otra que la de ser un hábitat cívico en el que se pueden contrastar visiones y opiniones diferentes.

Mi primer entierro fue el de El Sol, un periódico nacido para desafiar la dictadura de El País, que por entonces todavía repartía en España las credenciales del buen periodista y representaba la Biblia del pensamiento correcto de izquierdas. La criatura apenas vivió dos años, pero a comienzos de la década de los noventa del siglo pasado España todavía bullía como un país lleno de iniciativas y otros periódicos abrirían más tarde.

Mi segundo entierro fue el de Público, a comienzos de esta década. En dos pinceladas, nos sepultaron la crisis económica y la cultura del gratis total que está detrás de la desaparición de los medios de papel. Su espacio en los quioscos quedó vacío.

Vacío como queda ahora el de interviú. La primera revista que en el siglo pasado se atrevió a desafiar el pensamiento franquista con fotografías de destape, ha sido también la última que, hasta su última gota de tinta, ha mantenido enarbolada la bandera del periodismo de investigación y denuncia. Con ella se entierra una referencia imprescindible del periodismo en España.

Los ciudadanos deben preguntarse si están dispuestos a pagar por un periodismo de calidad o si se conforman con lo que reciben gratis. ¿De verdad creen que hay algo que sea gratis total? El entierro de interviú, y de su hermana Tiempo, es otra prueba de que no. 

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Comentarios recientes

  • juan m gonzález 07/02/2018 20:11

    Lamentablemente, a la pérdida de Interviú, tenemos que sumar la de Gonzalo López Alba, que nos deja a una edad en la que todavía le quedaba mucho por decir. He disfrutado cada semana la lectura de su columna, "Punto de Vista", apuntalando el reportaje estrella de la semana, y desde que falta la revista en los quioscos, y ahora más con tu muerte, que me ha dejado sorprendido por inesperada, se te echa de menos y se echa de menos tu columna. DEP Gonzalo. Otro duro golpe al periodismo comprometido y al servicio de la sociedad. Por si no fuera bastante...

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