El Ministerio de Justicia es más pequeño de lo que imaginaban los colaboradores del exalcalde de Madrid. Nada más aterrizar Ruiz-Gallardón en el palacio de la marquesa de Sonora, sede del departamento, empezaron a desfilar por allí no pocos fieles del ayuntamiento ante la recelosa mirada de altos y bajos funcionarios, apretados en unas exiguas dependencias que, entre recién llegados y visitantes que se dejaban caer a la espera de un puesto, corrían el riesgo de convertirse en el camarote de los hermanos Marx. Al final, algunos han tenido que contentarse, decepcionados, con sus despachos en el Palacio de Cibeles, donde el espacio, por cierto, no es un problema. Desde que se ha comprobado que Ruiz-Gallardón no puede recolocar a todos sus fieles, por los pasillos de Justicia ya no desfila tanta gente.






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