Diputada por Valencia Carmen Montón, portavoz socialista en la Comisión de Igualdad
Desde hace un año y medio duerme el sueño de los justos en el Congreso un estudio encargado por el Gobierno para posibilitar permisos de maternidad y paternidad a los diputados, un avance social aún sin contemplar entre los cargos electos. En un tiempo de mayorías muy ajustadas en el hemiciclo, concebir un hijo resulta un problema por las ausencias que comporta. “Cualquier día tendrá que venir una diputada con el bebé en brazos a votar”, opina el diputado popular José María Lassalle, recordando el gesto de la eurodiputada italiana Licia Ronzulli en septiembre pasado (en la foto). “Hay desigualdad en el Congreso –denuncia la diputada por Valencia Carmen Montón, portavoz socialista en la Comisión de Igualdad–. Aquí costó muchísimo que hubiera una guardería. En 2004, cuando ganó Zapatero las elecciones, varias mujeres que iban en las listas se quedaron embarazadas, y todavía hoy en el Congreso no está prevista la delegación del voto por un permiso de maternidad”. Se da la feliz circunstancia de que Montón está embarazada.
El 18 de junio de 2009, la entonces secretaria general de Políticas de Igualdad, Isabel Martínez, presentó en el Congreso las posibilidades que, por encargo del Gobierno, exploró el Observatorio de Derecho Europeo, Autonómico y Local para que las y los parlamentarios concilien sus vidas familiar y política. En resumen, hay tres vías: sustitución temporal del padre o la madre, delegación del voto o votación por medios telemáticos. La mayoría de los países que han regulado el asunto han optado por la primera vía, pero en España ya hay un precedente de voto electrónico a distancia: el de la diputada del Parlamento Valenciano Mercedes Sanchordi, el 16 de diciembre de 2008. Se cumplen ya dos años. De momento no hay previsión de que ese ejemplo se repita en la Carrera de San Jerónimo






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