Fotografía: Francisco Leong
Mientras España se apresta a abrir una nueva etapa política que estará marcada por nuevos recortes, al otro lado de la frontera oeste la exasperación ante la tijera incendia el país. Los dos principales sindicatos portugueses (CGTP, comunista, y UGT, socialista) han convocado una huelga general para este viernes 24, la segunda este año en rechazo a la durísima contención puesta en marcha por la coalición de derechas (PSD y CDS-PP) en el poder desde junio, y que prevé reducir el gasto público en un 43 por ciento esta legislatura. En estos meses, al primer ministro, Pedro Passos Coelho, no le ha temblado el pulso al subir al 23 por ciento el IVA de todos los productos, incluidos los básicos; ha aumentado la jornada laboral hasta las 42,5 horas, en un país con un salario mínimo de 485 euros mensuales; ha iniciado la privatización de la educación, la sanidad, el agua y el transporte y estudia suspender la recogida de basuras los sábados y que el metro pare a las 10 de la noche.
Coelho, inflexible en sus recortes, culpa a los portugueses –por vivir “por encima de sus posibilidades”– de la crisis que atraviesa el país, que en junio tuvo que acogerse al rescate financiero de la UE, del FMI y del Banco Central. Los 78.000 millones que los portugueses percibirán en los próximos tres años implican los recortes salariales que sufren los funcionarios, que no van a cobrar las extras de Navidad y verano. No son los únicos que se aprietan el cinturón: en los cuarteles ya solo se sirve un rancho; desayuno y cena corren a cuenta de los propios soldados.
La atrición ante detalles como estos está detrás del eslogan-grito “¡Basta! Sempre os mesmos a pagar a crise”, con el que la União Geral de Trabalhadores lusa pretende movilizar para la huelga.






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