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30 años sin Marx

Fecha: 28/09/2009 0:00 Juan José Fernández ico favoritos Añadir a favoritos
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Puede que el PSOE de 2009 sea menos de izquierdas que el de 1979, o puede que no. Depende de si quien enjuicia estas tres décadas de trayectoria histórica pertenece a una u otra ala del partido. Nueve voces del socialismo español hacen memoria. Casi todas celebran la modernización que propició Felipe González.

Juan Barranco visitaba la sede socialista del barrio obrero madrileño de San Blas cuando alguien le preguntó por qué aún levanta el puño. “Fue no hace mucho, por la polémica de las fotos de socialistas puño en alto en la fiesta de Rodiezmo –relata el diputado y ex alcalde de Madrid–. Contesté que levanto el puño por tres razones: porque es un símbolo de unidad y solidaridad desde hace 130 años, porque los socialistas levantábamos el puño mucho antes de que Stalin hiciera la primera comunión, y porque me da la gana”. La polémica de tertulianos por los puños de Rodiezmo parece cansar al secretario de Ideas y Programas del PSOE, Jesús Caldera, quien cree que “habría que tener un izquierdómetro” para saber si es más de izquierdas el socialista que levanta el puño que el que no. “Es un símbolo de unidad –dice Caldera–, parte de la tradición estética y simbólica de la izquierda, como el color rojo o ‘La Internacional’. La derecha no lo entiende bien. Pero es una polémica irrelevante. Lo relevante es subir el salario mínimo y las pensiones mínimas”.

Hace 30 años ningún socialista le hubiera hecho a Barranco esa pregunta. Pero también hace 30 años el PSOE aprobaba un cambio trascendental. El 28 de septiembre de 1979, Felipe González ganó un Congreso Extraordinario en el que el tema de debate fue el abandono del marxismo, una polémica ruidosa hasta más allá de lo metafórico: la noche del 8 de mayo de 1978, en Barcelona, cuando González se dijo por primera vez “partidario de proponer la supresión del término ‘marxismo’ en la declaración programática de mi partido”, a un camarero de la UGT que atendía la sala se le cayó con estruendo la bandeja al oírlo.

Un año después, en mayo del 79, el PSOE celebró su 28º Congreso. Felipe González intentó hacer ver a su partido que convenía dejar al marxismo en el camino. Las elecciones del 76 y del 79 le habían convencido de que el PSOE tocaba techo sin tocar poder. El ala marxista intentó que González siguiera siendo secretario general tragándose su propuesta. Pero dimitió: “Yo no soy un junco que se doble”, dijo en un discurso que causó conmoción. Tras un intento fracasado de que Enrique Tierno Galván se presentara a la secretaría general, el PSOE tuvo que convocar un congreso extraordinario para septiembre. Felipe González lo ganó. Aquel político al que el Cambio 16 de la época atribuía “un socialismo de ducha diaria”, abría la vía para ganar las elecciones de 1982 con 202 escaños.

La ministra Bibiana Aído, y la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, dos de los socialistas que cantaron La Internacional en Rodiezmo, no tenían más de 3 años de edad en septiembre de 1979. Pertenecen –como el secretario general del grupo parlamentario, Eduardo Madina, también de 33 años de edad– a la generación de 1989 [ese año cayó el Muro de Berlín]. El término es reciente. Hace un mes, hablando en la Universidad con el profesor de Filosofía Política Antonio García Santesmases, el jurista Antonio López Pina bautizó así a la última hornada de socialistas, “jóvenes formados en un mundo donde ya no existe el comunismo, y sí el conflicto de civilizaciones, por ejemplo”, explica Santesmases.

De Felipe a Zapatero

En casa de García Santesmases hay que rebuscar bastante en una larga y atiborrada librería para encontrar El Capital. La obra de Carlos Marx no tiene ahora la presencia que tuvo en otro tiempo en la vida de este ex dirigente del PSOE y cofundador de la corriente Izquierda Socialista, que se doctoró con una tesis titulada Marxismo y Estado. Hoy presiden la mesa de su despacho las obras completas de Azaña, una colección de la revista política Leviatán y una biografía de Ortega.

Para Santesmases, algunas cosas del pasado explican el presente: “¿Cómo no va a haber hoy gente en el PSOE que no está de acuerdo con Zapatero? ¡Pues claro! Si estaban plenamente de acuerdo con Felipe, no pueden estarlo con Zapatero”. Santesmases resume así el debate entre las dos alas del partido en España, el mismo perdurable debate de siempre, en su opinión, también vigente en septiembre de 1979. “Hoy el PSOE hace las cosas normales que hace un partido de izquierda en una democracia consolidada. El de Felipe fue un gobierno de izquierda sólo nominalmente. En una democracia aún no consolidada, el PSOE asumió el papel del liberalismo, de la derecha civilizada, de una izquierda muy moderada, y aplicó políticas liberales que le costaron huelgas generales y romper con la UGT. El partido lo aceptaba porque se imponía el ‘todo menos que venga la derecha”.

Contesta el eurodiputado Ramón Jáuregui, por entonces un abogado laboralista vasco de 30 años: “No creo que entre Zapatero y Felipe haya grandes diferencias ideológicas. Zapatero ha puesto el acento en un socialismo ciudadano, de extensión de derechos, y ha hecho bandera de la protección social. El de Felipe era más de transformación de la economía y modernización del país. Pero no olvidemos que la primera ley del Gobierno nacido en el 82 fue la de la jornada de 40 horas”.

La misma edad tenía en 1979 el empleado de banca Juan Barranco, dueño de un R12 blanco en el que llevó aquel verano a Felipe González por las sedes socialistas de Madrid y sus pueblos, para que el líder convenciera con su “no somos marxistas, somos socialistas” a los militantes. “Éramos lo que éramos –cuenta Barranco–. Las bases socialistas en Madrid siempre han sido radicales. Entonces más que las del PCE. Carrillo ya había puesto la bandera rojigualda en su sede cuando en las nuestras aún no se podía”.

Al sociólogo José Félix Tezanos, director de la Fundación Sistema, también le increparon algunos en la agrupación de su barrio. En el 79, Tezanos postulaba en la revista Sistema la modernización del partido. “Había que hacerlo; en España había una nueva clase media –opina–. El PSOE de hoy desde luego no es más de izquierdas que el del primer González, el de 1982-1992, antes de la inflexión socio-liberal de algunos de sus ministros”.

Tercia desde Barcelona el viceprimer secretario del PSC, Miquel Iceta, quien no cree “que el PSOE sea más ni menos de izquierdas que en 1979. Sin duda ha sabido adaptarse a los cambios económicos y sociales de España en estos 30 años. Y hoy está más atento a la expansión de los derechos civiles y a la promoción de la emancipación de las personas como individuos, sin que su compromiso con las políticas sociales se haya debilitado”.

Vuelta a Madrid. El ex presidente de esa comunidad autónoma Joaquín Leguina, hoy una de las voces más críticas del PSOE, cambia de eje la discusión: “No es que el PSOE de hoy sea más o menos de izquierdas que el de 1979. Es que es otro diferente. Las distintas almas del PSOE están sustituidas por otros barnices: feminista, ecologista, pronacionalista… El relato izquierdista de Zapatero suena un poco a maquillaje, a ‘light’, lo cual no quiere decir que no sea radical. Por ejemplo: ¿por qué en el PSOE, si las mujeres son el 25 por ciento de la militancia, obligatoriamente han de ser el 50 por ciento en los órganos de dirección? Eso va contra el mérito y la capacidad, dos palabras que Zapatero detesta”. Hace dos años, en su casa, Leguina recogió varias cajas de zapatos en las que guardaba miles de fichas sobre marxismo hechas por él y las tiró. Aún le quedan centenares de libros, exégesis marxistas que leía en los 70. “Yo era un marxista más teórico que real”, relata. En el congreso 28bis apoyó la tesis ganadora.

¿En el cubo de la basura?

Hace ya 30 años, camino al poder, el PSOE se dejó el marxismo, pero tres socialistas de alas distintas del partido avisan de que Carlos Marx no está en el cubo de la basura. “Sus análisis sobre la dinámica del capitalismo, sobre todo las crisis, son insuperables”, opina Jordi Sevilla, ex ministro, ex diputado y ex didacta económico de Zapatero, autor del libro De nuevo socialismo, aportación española al debate europeo sobre la refundación ideológica de la socialdemocracia. “El PSOE ha incorporado a su agenda elementos nuevos, como la libertad sexual, la igualdad entre sexos, la seguridad laboral… Pero a veces da la sensación de que se abandonan un poco los temas clásicos, el tema de la lucha por un reparto más equitativo de la riqueza y el poder”, dice Sevilla.

Jesús Caldera cree que los socialistas españoles “nunca renunciamos a lo más interesante de Marx. Siempre hemos luchado por la emancipación de los trabajadores, por mejorar sus condiciones materiales de vida, su acceso a la salud, la educación, la cultura”.

Su compañero Juan Antonio Barrio, una de las voces más activas de Izquierda Socialista, enjuicia el cambio que propició Felipe: “No fue una traición ideológica; fue una cuestión táctica. En aquellos tiempos mucha gente identificaba el marxismo con la guerra civil”. Hoy el marxismo sigue teniendo, para este diputado, “elementos de validez, si vemos, por ejemplo, lo que ha pasado con el capitalismo especulativo en todo el mundo”.

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