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Tensión en Lleida después de que Arran haya señalado a políticos no soberanistas

A pedradas con el disidente

Fecha: 25/09/2017 Juan José Fernández ico favoritos Añadir a favoritos
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Lleida ha sido la primera gran ciudad catalana en la que Arran, las juventudes de la CUP, conforme a los designios de la campaña Asenyalem-los, ha atacado en carteles a los políticos que no secundan el proceso secesionista. Pero, para los señalados, este no es más que otro episodio de la violencia larvada con que llevan tiempo jalonando el proceso independentista sus activistas más radicales. | Sigue leyendo.

Pesará kilo y cuarto la piedra que, como recuerdo, guarda en su despacho municipal la líder de Ciutadans (C’s) en el Ayuntamiento de Lleida, Ángeles Ribes. El canto, un pedazo redondeado de granito, fue lanzado en junio de 2016 contra la sede de su partido en la ciudad, un altillo en la Avenida de Madrid, junto a la Plaza de España. Quien lo arrojó en tan emblemática esquina atravesó la ventana y agujereó un tabique de pladur. La concejala se pregunta: “Cuánta fuerza debe de tener un fanático para  eso”.

Ángeles Ribes va guardando y fechando cada piedra con que atacan la sede de su formación. Ya ha juntado unas cuantas, “aunque aún no sé qué hacer con ellas –bromea–. Quizá un muro de la vergüenza”. Su particular colección le sirve para aseverar que lo que está pasando viene de lejos. El ruido por los pasquines de Arran con fotos de políticos ha sido mayor fuera de la ciudad que dentro, porque a los señalados, el alcalde Àngel Ros y los concejales del PSC, C’s y PP, la gradual batasunización del procés no les coge de nuevas. La sede de los socialistas, de hecho, recibe el impacto de globos llenos de pintura cada vez que sus inquilinos limpian la fachada. En junio pasado aparecieron pintadas en los dinteles. “PSOE=GAL. Farem el referèndum”, decían. El pasado 18 de marzo, seguidores de la CUP se concentraron con antorchas y bengalas ante la puerta, protegida por una verja de hierro. Con un “endavant les atxes” (adelante las hachas, o cirios) suelen saludar los antisistema.

Limpieza étnica

Como cerezas que salen del tarro, un gesto totalitario trae otros; incluso en la tranquila capital de la Cataluña rural. El jueves 21, cuatro días después de que Arran colgara sus carteles, a los despachos del alcalde Ros y la concejala Ribes llegó un anónimo de ilustraciones mostrencas. A ella la pintan con bigote; a él, con orejas de asno. La carta la llama a ella “anticatalana españolista”, de un partido “que persigue con odio enfermizo la lengua de Catalunya”. A él lo tildan de “botifler” (traidor, opuesto a la causa austracista en 1714), “calzonazos”, y “burro”. Ambos comparten ataque porque Ros, presidente del PSC, gobierna la ciudad con apoyo de Ciutadans.

Hay un componente étnico en la violencia verbal contra los no secesionistas de la ciudad. En las manifestaciones soberanistas se corea “¡Rubio dimissió!” contra el alcalde. Castellanizando su apellido, de Ros a Rubio, simbólicamente lo expulsan de la tribu catalana.

A la concejala Ribes no ha hecho falta expulsarla: el nacionalismo radical no la admitió nunca en la comunidad política. Cuando se presentó por primera vez a unas municipales en Lleida, un argumento muy repetido contra ella era que nació en Jaca (Huesca). El primer insulto que recibió en redes, en el ya lejano 2007, fue “verra colona” (cerda colona). El día 19, un radical que se hace llamar Gra de sorra (grano de arena) la llamó en Twitter “inadaptada social, extranjera en Cataluña, colonizadora, amante de la represión y del fascismo”.

En la Lleida que roza el pleno empleo, no son chavales pobres condenados a la precariedad los que militan en las filas más radicales del independentismo. Lo fresco y lujoso del parque móvil que circula por la ciudad ilustra la prosperidad de una ancha franja de la población. Los trabajos del campo se encargan a una masa jornalera africana que estos días sortea indiferente las manifestaciones. La liberación de Cataluña no parece ir con ellos. | Sigue leyendo.

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