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Agentes a pecho descubierto

Fecha: 16/07/2007 2:00 Juan José FERNÁNDEZ ico favoritos Añadir a favoritos
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No es sólo el caso de los inhibidores en el Líbano. Los guardias civiles que España tiene en Palestina, cumpliendo una misión de apoyo en la franja de Gaza, llevan un año pidiendo que Madrid les envíe cascos y chalecos antibalas capaces de parar los tiros de los Kaláshnikov.

En la sopa de siglas de la jerga militar lo llaman RCP. El Rafah Crossing Point es una de las terminales de frontera más peligrosas del mundo. Cuando la guerra lo permite, siete guardias civiles y tres policías españoles cumplen allí, a las puertas del Sinaí, la misión EUBAM de ayuda a la vigilancia entre la franja de Gaza y Egipto, un programa de cooperación policial de la Unión Europea con el Estado palestino.

En esa frontera, en el subsuelo y en la superficie, discurre el aprovisionamiento de explosivos para los cohetes Kassam y de balas y fusiles para los milicianos de Hamás. Es un lugar caliente del planeta. Para llegar allí, los agentes españoles tienen que cruzar el Philadelphia Corridor (Corredor de Filadelfia), 4.000 metros _ anqueados por el hormigón de los muros israelíes. Los españoles lo cruzan en un blindado Iveco italiano como los que usaban los carabinieri en Irak, escoltado por un todoterreno blanco de la IDF, la Israel Defence Force. En el corredor, que atraviesa una zona desértica –“petada de francotiradores palestinos”, cuenta un miembro de la misión– han aparecido muchas IED. Así llaman en la misión a los Improvised Explosive Devices, o Artefactos Explosivos Improvisados, bombas que los activistas de esa tierra en guerra camuflan en el terreno o arrojan por encima del muro. A veces los soldados israelíes paran a los boinas azules de la UE: han detectado un francotirador, o han visto un bulto sospechoso, o hubo ayer una aprehensión de tabaco ilegal y los contrabandistas buscan venganza.

En la frontera de Rafah es fácil distinguir a los guardias civiles. Bastaría con el verde de su uniforme o la bandera del antebrazo, pero también se caracterizan porque sus chalecos antibalas no abultan bajo su peto azul. Son, de hecho, los únicos boinas azules que no tienen el chaleco preceptivo para este tipo de misión. Lo llevan las policías de Italia, Francia, Finlandia, Dinamarca, Austria, Alemania, Grecia, Lituania, Estonia, Luxemburgo, Portugal, Rumanía y Suecia que participan en la misión, e incluso los policías nacionales españoles. Es una gruesa protección rellena con placas de cerámica que amortiguan el impacto de las balas de 7,62 milímetros de los Kaláshnikov. Los guardias civiles sólo tienen el chaleco que usan en España, preparado para balas de 9 milímetros, las que usa ETA, una protección inútil en la encarnizada guerra de Gaza.

“A las 12.30 horas del 22 de septiembre de 2006, cuando el sargento X y el guardia X se encontraban prestando servicio en la Terminal de Pasajeros [del puesto fronterizo], unos asaltantes desconocidos iniciaron un ataque arrojando una granada de mano y disparando”. La frialdad del lenguaje burocrático no oculta el peligro de la situación que relata un informe interno de la Guardia Civil al que ha tenido acceso interviú. En el documento, enviado a la Oficina de Misiones de Paz (OPAZ) del instituto armado el 25 de septiembre de 2006, el comandante jefe del contingente de la Guardia Civil en Rafah cuenta a sus jefes un intenso tiroteo en medio de los 300 viajeros civiles que llenaban el recinto. “La respuesta de la Guardia Presidencial Palestina fue inmediata”, sigue el informe. Allí estaban dos guardias civiles españoles y otros dos policías extranjeros. “El sargento, junto con el guardia y sus dos compañeros europeos –relata lacónicamente el informe– se protegió detrás de uno de los autobuses (…) Los pasajeros palestinos se arrojaron al suelo o se escondieron en los autobuses, mientras la Guardia Palestina trataba de repeler el ataque”. Cubiertos por el fuego de los guardias de Mahmud Abás, los policías europeos corrieron a un blindado Iveco. Los guardias palestinos “empezaron a replegarse hacia el interior. La posición del sargento y del guardia dentro del vehículo blindado hubiera quedado a descubierto de los asaltantes si estos hubieran conseguido introducirse en el edificio principal”.

No hubo muertos, aunque sí heridos de bala y de metralla. Ésta ha sido una de las situaciones más peligrosas que han vivido los guardias civiles de Rafah, pero no la única. El incidente no sólo motivó el envío de este informe. interviú ha tenido acceso a mensajes internos remitidos desde Rafah, en Gaza, hasta la Dirección General de la Guardia Civil, en la calle de Guzmán el Bueno de Madrid, que piden el envío urgente de material adecuado de protección. En junio de 2006, dos meses antes del tiroteo, el comandante de la Guardia Civil se dirigía a la OPAZ en términos que no admiten duda: “El oficial de Seguridad de EUBAM Rafah ha inspeccionado los chalecos antibalas de los monitores de esta Misión, comprobando que (...) los miembros de este contingente Guardia Civil no tienen el equipo adecuado al nivel de seguridad que esta misión estima necesario, y que es aquel que tenga la capacidad suficiente para parar un disparo del tipo de arma usada normalmente por los activistas palestinos, que es el fusil AK47 calibre 7,62 mm”.

Pasados tres meses, un día después de Navidad, una capitana del contingente hablaba por teléfono con sus superiores en Madrid. En vano. El 10 de enero de este año, la oficial volvía a escribir; esta vez enviaba por e-mail un informe al general jefe de la Secretaría de Cooperación Internacional de la Guardia Civil, José Ramón Tostón de la Calle. El informe trataba una vez más “la necesidad de dotar a los miembros del contingente español del Cuerpo de chalecos antibalas y cascos con las especificaciones técnicas necesarias (...) El contingente de la Guardia Civil es el único de todos los países representados en la misión que carece de los chalecos con las características técnicas suficientes”. El informe daba noticia de que dos civiles y los policías nacionales sí tienen el material adecuado. La capitana pedía “a la mayor brevedad posible” cascos y chalecos que “deben tener el nivel de seguridad CEN FB7”. Las siglas se refieren a duras placas de cerámica para el pecho y la espalda.

El informe hacía además una importante advertencia: la UE tiene suscrito un seguro con una compañía belga de 600.000 euros para la familia del policía o guardia que muera en la misión, pero ese seguro “dice explícitamente que en caso de muerte o accidente no ir provisto del adecuado equipo personal de autoprotección será motivo para la no percepción de las cuantías que pudieran corresponder”. O sea que, además de mal aprovisionados, los guardias no tienen cobertura si reciben un balazo palestino. La portavoz del contingente español, María Tellería, ha respondido lacónicamente a las preguntas de interviú: “Todos los miembros de la Guardia Civil en esta misión están adecuadamente protegidos”. Su afirmación contrasta notablemente con lo que evidencian los mensajes a los que ha tenido acceso esta revista.

Los meses han pasado. El 8 de mayo, un mensaje de e-mail enviado desde el hotel Dan Gardens de Ashkelon –en Israel, junto a la franja de Gaza, donde la misión tiene su cuartel general– avisaba del último y chusco episodio de esta carencia de material: “Se han recibido las placas reglamentarias para los chalecos antibalas”, dice la capitana. Pero hay inconvenientes: “Uno de los miembros de este contingente precisa la talla grande, el cual no tiene bolsillo para introducir las placas. El resto del contingente tiene un único bolsillo delantero, con lo que se sigue sin cumplir la normativa EUBAM al no portar en la espalda un bolsillo para meter la segunda placa”.

No se puede decir que los guardias tengan las espaldas cubiertas. Sería un chiste de Gila si no fuera porque, mes y medio después, seis paracaidistas morían en el Líbano, entre otras razones porque su blindado no llevaba un inhibidor de frecuencias. Puede que los chalecos y los cascos que solicitan en el Rafah Crossing Point lleguen cuando ya no sean necesarios.

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