Alfonso Díez Carabantes ocupa una plaza por oposición en las oficinas de la Seguridad Social de Madrid. Tiene una vivienda en propiedad y una empresa de relaciones públicas, sin apenas actividad, que abrió hace más de diez años. Un patrimonio modesto que contrasta con los 3.500 millones de euros de la duquesa.
Alberto BERNÁRDEZ
"Si es que parezco la Puerta del Sol”. Las palabras de Alfonso Díez se pierden por un teléfono a escasos metros del estadio Santiago Bernabéu de Madrid. A su lado, un fotógrafo retrata sus pasos. Y el mundo se para a mirar la escena. Sin mediar palabra, el novio de la duquesa de Alba entra en un edificio. Hasta hace dos meses, este palentino de 58 años era una persona anónima. Un funcionario más del Ministerio de Trabajo adscrito a la Seguridad Social.
Un hombre rutinario de entrada a primera hora y almuerzo a media mañana. Ahora, es el objetivo de los flases. Su rostro ocupa portadas y más de 15.000 páginas hablan de él en la red. Su relación con Cayetana de Alba le ha dado el estrellato. Un amor entre una noble y un plebeyo donde el príncipe azul se ha vuelto duquesa. Y donde las vidas de la pareja no parecen paralelas. Ella, con una de las mayores fortunas de España. Y él, con un patrimonio de clase media. Ella, con privilegios de noble. Y él, con una vida sencilla. Ella, con seis nombres de pila y varios apellidos (María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva). Y él, con un apelativo en boca de todos: Alfonso Díez Carabantes.
Su nombre apareció por primera vez en los documentos oficiales el pasado 8 de agosto. Ese día, la Casa de Alba emitió un comunicado desmintiendo los rumores de boda entre Cayetana Fitz-James Stuart y Alfonso Díez. Y calificó su relación como “una entrañable amistad […] no habiendo propósito alguno de matrimonio”. A partir de ahí, el pretendiente dejó de ser una persona anónima. Sus vecinos del madrileño barrio de Chamberí empezaron a reconocerle por la calle. E incluso a conocer detalles de su vida. Una vida que antes no les interesaba. “Creo que este fin de semana ha estado en Sevilla con la duquesa”, comenta un vecino de Alfonso Díez. “Lo he visto en las revistas. Ahora le vemos pasar por aquí calle arriba, siempre con gafas de sol y medio tapado, pero en el barrio mucha gente sabe quién es”, asegura. “Suele ir a comprar ahí”, asevera el vecino mientras señala un modesto supermercado ubicado en la calle Santa Engracia.
Según el Registro de la Propiedad, Alfonso Díez es propietario único desde hace 24 años de una vivienda en la calle Rafael Calvo, de Madrid. El inmueble, de 94 metros cuadrados, fue escriturado en marzo de 1984 y está ubicado a escasos metros de un conocido colegio del barrio de Chamberí. Sobre las seis de la tarde, varios padres esperan a los pequeños uniformados mientras un coche oficial aguarda frente al edificio de ladrillo rojizo. “Por aquí viven muchos jueces y políticos. Hay muchas embajadas y mucha seguridad”, comenta el propietario de una finca cercana. Una calle más abajo, descansa una comisaría de policía. “Pues ese señor no vive aquí”. El portero de la finca contradice los datos del registro. “Ya han venido otros periodistas y les he dicho lo mismo”, espeta mientras levanta la vista de un videojuego. A escasos metros, más vecinos le contradicen: “Claro que vive aquí. Sale todas las mañanas temprano de ese portal”.
Frente a la avalancha mediática, el entorno de Alfonso Díez ha cerrado filas. El 8 de septiembre, los abogados del novio de la duquesa hicieron público un comunicado en el que insistían en la voluntad de Díez Carabantes de mantenerse en el anonimato. “No es un personaje público y, consecuentemente, conserva en toda su amplitud sus derechos, y muy especialmente aquellos que se refieren a su intimidad personal”, explica el documento. Consultados por esta revista, los representantes legales del aludido se han negado a confirmar o desmentir cualquier dato sobre él: “No vamos a impedir que le hagan fotos, porque eso es poner puertas al campo, pero estaremos vigilantes sobre la publicación de datos que pertenecen a su ámbito personal”, explican.
La misma actitud asume el hermano de Alfonso, Pedro Díez, a quien muchos colocan como nexo de unión entre la duquesa de Alba y Alfonso. Pedro, conocido como El Chamarilero entre los aficionados a las antigüedades, regenta una pequeña tienda del sector en la calle Zurbano, cerca de la vivienda de su hermano. Durante años, fue amigo personal de Jesús Aguirre, anterior marido de Cayetana de Alba. “No les puedo contar nada de mi hermano ni de mi familia. Seguro que ya saben ustedes más que yo”, asevera Pedro, cortés pero reacio a hablar. A su espalda asoma una montaña ordenada de piezas de colección, relojes y candelabros, cuadros y enseres que forman parte de su medio de vida.
Tanto Pedro como Alfonso vivieron entre antigüedades desde pequeños. Ambos son miembros de una familia numerosa de Palencia. Su padre, José Díez, se dedicó a los muebles de antaño. Según fuentes de su entorno, Alfonso dejó Palencia para vivir en Madrid cuando pasó la veintena. Terminó sus estudios y opositó para obtener su plaza en el Ministerio de Trabajo. Quienes lo conocen aseguran que durante un tiempo se movía por Madrid en una pequeña moto. Aunque estos días acude al trabajo en transporte público. “Es complicado conocer sus horarios, porque a veces se queda por la tarde a hacer alguna hora extra”, comentan quienes comparten con Alfonso el centro de trabajo. De hecho, son las cuatro de la tarde cuando el novio de la duquesa enfila la esquina de la calle Padre Damián, donde se encuentran las instalaciones de la Seguridad Social, para regresar a sus quehaceres laborales.
Su única aventura empresarial data de 1996. En junio de ese año se creó Guindola SL, una sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid y que toma su nombre de los salvavidas que cuelgan de los barcos. La empresa, dedicada a las relaciones públicas, no presenta cuentas ante el registro desde 1998, año en el que prestaba una escasa actividad. Y tiene todavía como administrador único a Alfonso Díez Carabantes, soltero y sin antecedente legal alguno. La pareja de la duquesa ocupa el cargo desde la creación de la empresa, que tiene como apoderado desde la misma fecha a Alberto Sánchez Monge. El domicilio social de la entidad, a escasos metros de la tienda de su hermano en la calle Zurbano, corresponde a un pequeño local de 18 metros cuadrados escriturado a nombre de Díez en febrero de 1992. Quienes lo conocen le definen como una persona culta y refinada, y dicen que prefiere las cenas privadas a las salidas nocturnas a locales de ocio. Por lo general, alterna desde hace años con un círculo cerrado de amistades relacionadas con el mundo del arte y las antigüedades. En ocasiones, las veladas se celebran en la residencia de su hermano, ubicada también en la zona centro de Madrid.
Las propiedades del funcionario del Estado, según los registros oficiales españoles, se completan con una participación del 25 por ciento en una vivienda situada en una zona costera de Jávea (Alicante) llamada La Fontana. Alfonso comparte la propiedad de esta residencia estival con su hermano Pedro, anticuario, y con otros dos familiares desde su compra en noviembre de 1997. La casa, al igual que el resto de las propiedades de Díez Carabantes, se encuentra libre de cargas hipotecarias, según las inscripciones de los registros públicos.
El patrimonio de Alfonso Díez es similar al de muchos españoles. Y contrasta con la fortuna que disfruta la duquesa de Alba, valorada en 3.500 millones de euros. Sin embargo, el legado de la Casa de Alba es inalienable, no se puede fraccionar y se encuentra gestionado por una fundación. Así, la titularidad de bienes millonarios como el madrileño Palacio de Liria y las antigüedades que allí se albergan no recae sobre Cayetana Fitz-James Stuart, sino sobre un organismo encargado del cuidado y gestión de ese patrimonio desde 1976: la Fundación Casa de Alba. La entidad –que tiene como principales activos los palacios de Liria, Monterrey y el castillo de Alba de Tormes– está controlada en primer lugar por el primogénito de la familia, Carlos Martínez de Irujo, duque de Huéscar, quien será el heredero del título y el patrimonio que ello conlleva. Sólo los cinco distintivos nobiliarios que la duquesa ha ido entregando a sus hijos no primogénitos (duque de Aliaga, conde de Siruela, marqués de San Vicente del Barco, conde de Salvatierra y duquesa de Montoro) dejarán de pertenecer a la Casa de Alba cuando ella fallezca. Con esto, una posible boda entre Cayetana Fitz-James Stuart y Alfonso Díez no tendría consecuencias para el destino de la herencia de la Casa de Alba, pero sí para las propiedades escrituradas únicamente a nombre de la duquesa. Tras su fallecimiento, quien fuera su marido tendría derecho de usufructo sobre las propiedades. Es decir, sus descendientes serían los titulares, pero Alfonso Díez podría disfrutar de los bienes durante su vida en caso de que contrajera matrimonio con la duquesa. Para probar la limpieza de su amor, Cayetana de Alba, que ya anunció la suspensión de su enlace, ha declarado públicamente que su nueva pareja estaba dispuesta a “firmar un documento” en el que renunciaba a cualquier derecho sobre su fortuna.
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