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Atentado sangriento, venganza implacable

Fecha: 23/01/2006 0:00 Karin Cabrera ico favoritos Añadir a favoritos
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Durante nueve años, el gobierno israelí de Golda Meir desarrolló la operación secreta ‘Cólera de Dios’. Era la respuesta a la matanza de la delegación olímpica de Israel en los Juegos de Munich 72. El 5 de septiembre de aquel año, el comando palestino Septiembre Negro había secuestrado y asesinado a once atletas.

23/01/06 Cuando ocho miembros del grupo palestino Septiembre Negro saltaron la valla de dos metros que rodeaba el recinto olímpico de Munich, los vigilantes del campo no le dieron más importancia. Creyeron que serían deportistas que volvían de una salida nocturna. Eran las cuatro y diez de la madrugada del 5 de septiembre de 1972. Comenzaba el primer gran atentado de un grupo terrorista árabe en Occidente.

Los terroristas invadieron el hospedaje de los deportistas israelíes. Sólo nueve de ellos lograron escapar; once fueron atrapados por los asaltantes. Moshe Weinberg, entrenador del equipo de lucha, y Joseph Romano, levantador de pesas, fueron los primeros en caer, asesinados después de un forcejeo con los secuestradores. Desde el balcón de una de las habitaciones, los asaltantes tiraron un folio con sus exigencias: la liberación de 234 prisioneros palestinos en Israel y de los terroristas alemanes encarcelados Andreas Baader y Ulrike Meinhof (fundadores de la banda alemana Baader-Meinhof, también conocida como Fracción del Ejército Rojo, que recibieron entrenamiento militar en Oriente Medio y colaboraron con la OLP y el FPLP en acciones terroristas). Tanto el gobierno israelí liderado por Golda Meir como el alemán de Willy Brandt rehusaron entablar negociaciones con los terroristas. A partir de entonces se desencadenó una matanza que ahora, 34 años después, rememora para el cine el director Steven Spielberg con Munich, que se estrena estos días en España.

Cuando recibieron la negativa, los terroristas palestinos exigieron ser transportados a El Cairo. Las autoridades fingieron llegar a un acuerdo. A las 22.10 de aquel 5 de septiembre, el co- mando salía en autobús del recinto olímpico hasta una explanada donde tenían a su disposición tres helicópteros. En ellos se trasladaron los asaltantes y sus rehenes hasta la base aérea de Fürstenfeldbruck, donde un avión Boeing 727 les esperaba en medio de la noche. Una nefasta operación de rescate organizada por las fuerzas alemanas del orden fue la culpable de un desenlace fatal. Los terroristas se percataron de que habían caído en una trampa, no les iban a dejar irse a ninguna parte. Comenzó entonces un caótico tiroteo. A las 0.10 del día 6, uno de los integrantes de Septiembre Negro saltó del helicóptero lanzando una granada a su interior. Cuatro atletas israelíes y el piloto, que estaban maniatados en el aparato, volaron por los aires. En total, aquel día murieron 11 atletas israelíes, un policía alemán y cinco secuestradores.

Tres fueron los integrantes de Septiembre Negro que consiguieron huir, aunque no tardaron mucho en ser capturados y puestos a disposición judicial. Con la misma rapidez fueron liberados unas semanas después a cambio de los pasajeros de un avión secuestrado de Lufthansa. Los Juegos Olímpicos de Munich sólo fueron suspendidos du- ante un día. El 6 de septiembre se celebró un memorial por los asesinados en el que las banderas de todos los países ondeaban a media asta, excepto la de los estados árabes.

Comienza la cacería

La película de Steven Spielberg relata la venganza de Israel, que comenzó sólo tres días después de la masacre. Israel bombardeó las bases de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en el Líbano y Siria acabando con la vida de 200 personas. No fue suficiente: en secreto se montaba la operación Cólera de Dios. Un equipo de elite reunido por el Mossad (servicio secreto israelí) desarrolló un programa de asesinatos. Detrás estaba la primera ministra Golda Meir y el supersecreto Comité X del gabinete israelí. El objetivo: dar caza y eliminar a los supuestos once responsables que formaban parte de Septiembre Negro y del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) a los que el Mossad consideraba los diseñadores del asalto de Munich. Los elegidos para cumplir la Cólera de Dios, escogidos tras una exquisita selección, iban a formar un grupo que no se desintegraría hasta haber cumplido la misión.

Zvi Zamir, jefe del Mossad, eligió a Avner Kauffman como primer componente del equipo. Avner, en la reconstrucción cinematográfica de Spielberg encarnado por el actor Eric Bana, era un buzo y combatiente de las tropas judías de élite. A sus 25 años se reunió con Golda Meir y con el entonces ídolo del ejército de Israel, el general Sharon, para recibir sus primeras órdenes. Este joven comandó a cuatro agentes más: Steve, un surafricano especialista en borrar las huellas de los atentados; Carl, un judío alemán muy metódico; Hans, también judío alemán, experto en falsificación de documentos, y, finalmente, Robert, hijo de unos jugueteros de Birmingham y experto en explosivos.

Sólo cuarenta días después del atentado de Munich es localizada en Italia la primera víctima de la lista negra: Wael Zwaiter, un escritor de 38 años, traductor al italiano de Las mil y una noches, que vivía desde hacía 16 años en Roma. Es el encargado de reclutar al comando palestino que actuó en la matanza de Munich y representante oficial de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en Italia. El 16 de octubre de 1972 Avner y un compañero suyo le asaltan en el descansillo de su casa. “¿Es usted Zwaiter?”. Tras la afirmación le propinan 14 disparos en la cabeza y en el pecho que acaban con su vida.

París, 8 de diciembre. El segundo es Mahmoud Hamshari, casado y padre de una hija. Le interfieren el teléfono y, cuando solicita un técnico para repararlo, acude Robert, el experto en explosivos, que coloca una pequeña bomba bajo la mesa. Hamshari muere tres semanas más tarde en un hospital de París a causa de las heridas que le produjo la detonación.

Un mes más tarde, el 24 de enero de 1973, Abal Al Chir, un profesor de lenguas orientales, muere a causa de una carga explosiva colocada entre el somier y el colchón de su cama en un hotel de Nicosia.

Basil Al Kubeisi era el responsable de armamento del FPLP. El 6 de abril, tiroteado en París, se convierte en la cuarta víctima de la organización secreta israelí.

El mes de abril será la fecha clave en esta operación. Es en ese mes cuando caen tres altos cargos de la OLP, responsables también de la masacre de Munich, en un triple asesinato en Beirut. Kamal Nasser, Kamal Udwan y Abu Yussuf (este último miembro del Comité Central de Al Fatah) estaban en un edificio de tres plantas de la capital libanesa, rodeados de una fuerte vigilancia y protegidos por el máximo líder del FPLP, el doctor Georges Habache. La magnitud de la operación requirió el apoyo de comandos llegados por mar. El día 8 Yussuf fue acribillado a la salida de un encuentro amoroso; Nasser, tiroteado en su despacho; Udwan desintegrado por una granada. Los comandos israelíes derribaron el edificio con cargas explosivas para facilitar y asegurar una huida sin sobresaltos. Sin embargo, y a pesar de ser un atentado tan estudiado y meticuloso, a los ejecutores de la operación Cólera de Dios se les escapa un cuarto objetivo. Muhamad Budía, el ex jefe del Frente de Liberación Nacional argelino y responsable del FPLP para Europa, consigue escapar cuando se encontraba a escasos metros del lugar del atentado. Pero no duraría más de dos meses. El 28 de junio es sorprendido en París y aniquilado con una bomba en su coche.

Aún faltan tres de los personajes implicados en el secuestro de la Villa Olímpica: Abu Daud, el encargado de esconder las armas en la estación principal de Munich y principal planeador de los atentados; Hassan Salameh, hombre clave del aparato de inteligencia de Al Fatah y responsable de intentar atentar contra Golda Meir, y Waddi Haddad, cerebro de la masacre de Munich.

En julio de 1973 se produce el mayor error de la operación secreta. El Mossad había encomendado a un mercenario francés la muerte de Hassan Salameh, mano derecha de Yaser Arafat. El 21 de julio de 1973, el camarero Ahmed Bouchiki, vecino de la ciudad noruega de Lillehammer, es asesinado por confusión a la salida del cine acompañado de su mujer. Los hombres del Mossad le habían identificado erróneamente. Seis agentes fueron detenidos y en febrero de 1974 se les condenó en Oslo a prisión. El verdadero Hassan Salameh murió seis años más tarde, el 22 de enero de 1979, mientras viajaba en su coche al cumpleaños de su madre en Beirut. Un vehículo cargado con once kilos de explosivos saltó por los aires al paso de Salameh.

Abu Daud se convertirá en julio de 1981 en la última víctima de la venganza israelí. Disparan contra él en una cafetería de Varsovia, pero sobrevive al ataque. El último objetivo, Waddi Haddad, fallece de cáncer en un hospital de Berlín oriental. Con su desaparición acabó la espiral de asesinatos. Dos décadas de venganza que dejaron 14 muertos y el recuerdo de una escalofriante historia que ahora llenará las salas de cine.

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