José María Aznar se lanzó a negar el calentamiento global hace unas semanas en Madrid. Su propio partido dice que es una salida de tono. ¿Por qué? En su carrera empresarial el ex presidente tiene ahora como patrones a magnates texanos del petróleo en la empresa de la que es ejecutivo, News Corporation.
Fotos interviú
Desde su jubilación política, el ex presidente del Gobierno José María Aznar ha comenzado una fructífera carrera empresarial en varios consejos de administración internacionales y como conferenciante. Esta evolución ha ido pareja a la ideológica, que ha enriquecido con su reciente adhesión al negacionismo del cambio climático. En su principal puesto de trabajo, en el consejo de administración de News Corporation, del magnate Rupert Murdoch, Aznar tiene como patrones a varios empresarios petroleros texanos. Además es colaborador habitual de foros que patrocina directamente la maraña de lobbies petroleros que lucha a brazo partido contra el Protocolo de Kioto. Y estos son los efectos: Aznar presentó el pasado 22 de octubre el libro del presidente checo Vaclav Klaus Planeta azul (no verde) –editado por la fundación FAES, que él mismo preside– y aseguró que el ecologismo “es el nuevo comunismo”, alineándose con los negacionistas del calentamiento global.
Durante el mandato de Aznar España no fue, sin embargo, indiferente a esos cantos de sirena ecologistas. Nuestro país firmó el protocolo de Kioto y Jaume Matas fue a ratificarlo a la Asamblea General de la ONU con el apoyo de todo el Parlamento. El Gobierno de George Bush, su aliado estratégico, sin embargo se negó a ratificarlo. ¿Qué podría haber hecho cambiar de opinión al ex presidente?
Entre los accionistas de News Corporation –socios de Murdoch, es decir, patrones de Aznar– está Fayed Sarofim. Se trata de un empresario afincado en Houston (Texas), la patria chica de los Bush, catalogado como el número 428 de los hombres más ricos del mundo en la lista de la revista norteamericana Forbes. Es el principal depositario del dinero de los petroleros texanos, que gestiona por medio de fondos de inversión. También patrón de Aznar es otro texano conocido, Charles Wilson, ligado, evidentemente, al petróleo. La lista de patrones texanos incluye a Alfred C. Glasell Jr., un gran productor de petróleo y gas de Houston. Además, participa también en News Corporation, otra empresa extractora de petróleo y gas llamada Maguire Resources Company.
Murdoch, paradójicamente, sí ha hablado sobre su preocupación por el cambio climático. Pero ha centrado sus esfuerzos en eliminar el carbón de sus procesos industriales, sin referirse en absoluto al otro gran combustible fósil, el petróleo, gracias al que su empresa tiene tan notables inversores. Y ejecutivos de nómina millonaria, como José María Aznar.
Una maraña interminable
Aznar –cuya empresa familiar de derechos literarios y de imagen, Famaztella, factura cerca de medio millón de euros anuales– completa su currículo empresarial con el asesoramiento a otras dos compañías, Centaurus Capital y a J. E. Robert, sociedad de la que es director para América Latina. La primera es un fondo de inversión de capital riesgo. La segunda es una multinacional de la construcción, también por lo tanto implicada en el cumplimiento del Protocolo de Kioto.
Pero donde las ramas adquieren una espesura inextricable es en la actividad del ex presidente del Gobierno como invitado de honor, ponente y miembro de diferentes sociedades de carácter filantrópico que albergan el pensamiento neoconservador en Washington DC. Dos de las más señaladas son el American Enterprise Institute for Public Policy Research (conocido como AEI) y la Heritage Foundation (para la que ha dictado conferencias, la última en mayo de 2007). Ambas están localizadas dentro de la complejísima red de lobbies norteamericanos negacionistas del cambio climático que Greenpeace ha logrado identificar. Y ambas, según esta ONG, han sido financiadas por la multinacional petrolera Exxon, que ha encabezado la lucha contra el cumplimiento del Protocolo de Kioto. En el caso de la segunda, con más de medio millón de dólares en los últimos años.
Al AEI, fundado por Exxon, de quien ha recibido más de 1,6 millones de dólares, pertenecen insignes colaboradores de Bush como Dick Cheney o Richard Perle. En total hay identificados más de 22 altos cargos de la Administración de Bush en la AEI. Aznar es habitual colaborador de esta institución, que ha ofrecido 10.000 dólares a cualquier científico del mundo que le envíe informes que desacrediten las tesis del cambio climático. Aznar alimenta este foro e incluso ha conferenciado sobre el futuro de la OTAN y entregó el premio Irving Kristol que la AEI había otorgado a Mario Vargas Llosa en 2005. FAES, la fundación que preside Aznar, también ha trabajado conjuntamente con la AEI.
Toda esta red, mastodóntica y compleja, de interrelaciones, está reflejada en una web llamada www.exxonsecrets.org. Científicos, asociaciones de nombres benéficos y aparentemente filantrópicos, organizaciones de todo cariz, miles de políticos, estudiosos y personajes variopintos están en la tela de araña que lucha por discutir si hay o no cambio climático.
“Ése es su objetivo, que al menos haya debate, porque no hay científico que sostenga que no hay influencia de la actividad humana y las emisiones de CO2 en el calentamiento global”, explica José Luis García, responsable de cambio climático de Greenpeace.
Ambas condiciones las cumple la cabeza española de este lobby, ahora galvanizada por el empuje de Aznar. A la abrumadora mayoría de científicos que alertan del calentamiento global se han opuesto en España dos voces principalmente: el divulgador científico Manuel Toharia y un ente de reciente creación llamado Instituto Juan de Mariana. Ambos gozan de algún modo de financiación del PP. Manuel Toharia, director del Museo de la Ciencia de Valencia (propiedad de la Generalitat Valenciana), ha coincidido exactamente con los postulados de Aznar: “Es más importante el problema del hambre que el cambio climático”. Toharia, periodista, es temido en el mundo ecologista español por su indiscutible capacidad comunicadora y sus conferencias a favor de la industria en varios conflictos medioambientales. Así, ha defendido intereses de la industria eléctrica (una de las grandes afectadas por el Protocolo de Kioto) hasta el punto de negar la lluvia ácida producida por emisiones de una térmica o diferentes proyectos polémicos.
El Instituto Juan de Mariana –que no quiso responder a las peticiones de entrevistas de interviú– asegura en su web que no recibe financiación de ningún partido político. Sin embargo, está profundamente ligado a la órbita de Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid. No sólo eso, sino que ha recibido 10.000 dólares donados por el Atlas Economic Research Foundation, uno más de los centenares de institutos y organismos satélite que ha creado Exxon para amparar el negacionismo.
La cabeza visible de este extraño instituto, que se proclama “liberal” y cuyas actividades consisten en la proliferación de artículos y conferencias de un reducido círculo, es Gabriel Calzada. Es uno de los pocos españoles que tienen el orgullo de aparecer en la intrincada madeja de exxonsecrets.org. En este caso lo hace como miembro del llamado Center for the New Europa, que dirige un miembro de AEI, Robert W. Hahn. Gabriel Calzada es profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos, la entidad que acogió la fundación de este pequeño lobby español.
Los nombres que se aglutinan en torno a Esperanza Aguirre y el Instituto Juan de Mariana se suceden en una especie de inventario del ala más liberal de la política española: Alberto Recarte, presidente de Libertad Digital; Juan José Toribio, ex director del FMI, y Federico Jiménez Losantos, entre otros.
Buena parte de los articulistas y pensadores del Instituto Juan de Mariana son jóvenes periodistas que compatibilizan esta actividad intelectual con el ejercicio profesional en el periódico de Losantos en la web, Libertad Digital. Casi todas las intervenciones mediáticas de Calzada han sido en la televisión autonómica madrileña.
El Instituto Juan de Mariana hizo público un estudio –firmado por Recarte– en el que se afirmaba que la aplicación del Protocolo de Kioto costará a España 20.000 millones de euros. Recarte, además de su actividad en Libertad Digital y otros negocios de la comunicación, es consejero delegado de una empresa cerámica, sector directamente afectado por la aplicación de las normas de Kioto.
Alberto Recarte fue consejero de la Endesa que presidió el hoy diputado del PP Manuel Pizarro. Las organización ecologista Greenpeace identifica a este político liberal como un destacado negacionista del cambio climático. De hecho, al poco de dejar de presidir la eléctrica Endesa y fichar por el PP criticó el gasto del Gobierno en energías renovables: “Se apuesta por las más caras y eso sube la inflación”, afirmó, a la vez que aseguraba que la mejor estrategia para combatir el calentamiento global es “la apuesta por las nucleares”.
Los ecologistas definen las teorías negacionistas más disparatadas como el “salto a la fama”. Negar el calentamiento global o lograr que se retrasen medidas tiene una repercusión en los beneficios de las empresas petroleras. Aznar, empleado de magnates de este campo, ha realizado ese salto a la fama con pirueta incluida. Nada parecido a la lluvia fina que él hizo famosa como forma de actuar desde el Gobierno. Cada mañana, Jiménez Losantos, desde la emisora de radio en la que trabaja, gusta de añadir esta coletilla cuando informa del tiempo: “Ocho grados en Madrid, lo que siempre ha hecho en estas fechas, para que luego hablen del cambio climático”. Eso sí que es lluvia fina sobre la conciencia de los ciudadanos.
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