Los préstamos entre particulares comienzan a funcionar. La negativa de los bancos a prestar dinero a cualquiera y para cualquier cosa ha hecho surgir en internet plataformas que facilitan el contacto entre quienes buscan financiación y quienes disponen de liquidez. Los requisitos, además, son más humanos y flexibles.
Ramón MOURELLE
César González y Paloma de la Rica acaban de conocerse durante la sesión fotográfica para este reportaje, pero ya han hecho negocios juntos. De la Rica ha prestado dinero a González para acabar una promoción de apartamentos en Sofía (Bulgaria). A ella no le había hecho falta estrechar la mano del joven empresario para creer e invertir algunos ahorros en el proyecto de éste. La exposición de González a través de la red convenció a De la Rica acerca de las posibilidades económicas de Bulgaria, que desde el 1 de enero de 2007 forma parte de la UE.
Su relación hasta ahora se había desarrollado a través de Partizipa.com, una web que se basa en el concepto de P2C (Person to Company Lending), algo parecido al intercambio de archivos por internet (llamados P2P), pero en este caso lo que se obtiene es dinero prestado para impulsar un proyecto empresarial y rentabilidad para los ahorros al margen de las entidades bancarias tradicionales.
Ahora que los bancos son más reacios a conceder préstamos, la red se ha convertido en una vía alternativa para encontrar capital. Un nuevo concepto de créditos entre personas particulares ha surgido, y lo hace con unas condiciones más flexibles, más humanas que las que plantean los otros.
Partizipa surgió en enero de 2008. “La idea era crear algo para invertir nuestro dinero en algo que no fuese la Bolsa, porque como pequeño inversor no puedes influir en el destino de aquello en lo que metes tu dinero. Así que pensamos en crear un lugar en el que se pueda elegir qué proyectos apoyar y, a la vez, en el que emprendedores que no encuentran financiación para sus ideas puedan sacarlas adelante”, así cuentan su proyecto Juan José Martínez y Agustín Cárdenas, ingenieros de Telecomunicaciones e Informática, respectivamente. “Es una ocurrencia que ahora están estudiando en la Universidad de Murcia”, apunta Cárdenas.
Ya cuentan con 1.860 personas registradas que podrían estar interesadas en prestar dinero. Entre cuarenta de ellas han desembolsado 1,5 millones de euros para apoyar diversos proyectos. La rentabilidad para los creadores de esta empresa está en recibir un porcentaje (en torno al 25 por ciento del beneficio obtenido). “Si no hay dividendos a repartir, no recibimos nada”, explican. “Nosotros –añaden– animamos a influir en el proyecto, a participar en la toma de decisiones. Es una vuelta a la inversión original. Hubo un tiempo en el que la Bolsa funcionaba así”.
En su cartera de propuestas hay un centenar de potenciales proyectos que les han hecho llegar los internautas. Los votos de los usuarios registrados son los que designan cuáles se financiarán. Después, se estudia su viabilidad, el riesgo, la rentabilidad. Dos de estos proyectos son los que están activos ahora. Uno es la inversión en apartamentos en Bulgaria y otro el documental Los amores difíciles, que ha encontrado en los préstamos particulares un 10 por ciento del capital necesario.
En fase de votación está la propuesta de comercializar una máquina de radiografías de baja contaminación; un método para hacer más eficiente la quema de residuos fósiles o el desarrollo de un centro de ocio con piscina de olas para practicar surf en Mallorca. “Otra idea es la de comercializar una cerradura para viviendas que se activa con el móvil, muy útil si te dejas las llaves o si quieres que un amigo entre en tu domicilio. Basta con que le envíes un sms con el código que abre la puerta”, explica Cárdenas, a cuya empresa llegan propuestas de España, Colombia, Perú, Estados Unidos y México.
Invertir en Bulgaria
Ellos dos han participado en la promoción de viviendas en Bulgaria, donde en nombre de Partizipa se han adquirido diez apartamentos. “En total hemos comprado 600 metros cuadrados en los que los inversores pueden aportar desde 1.000 euros. Un apartamento entero necesita un desembolso de 60.000 euros. Si se invierte menos, se adquiere el equivalente a metros cuadrados. La rentabilidad se sacará del alquiler de los pisos y en un futuro, cuando suban los precios, se venderán si la mayoría lo decide así”.
La idea de invertir en la capital búlgara se le ocurrió a César González porque disponía de unos ahorros con los que no llegaba a comprarse una casa en España, a los precios que alcanzó hace tres años la vivienda en nuestro país. Tampoco le era posible en Irlanda, donde vive. “Me parecía una barbaridad pagar 500.000 euros por una vivienda. Así que me busqué mi propia España de hace 25 años y la encontré en Bulgaria”, cuenta este joven emprendedor. De todo lo que se ha invertido en este proyecto inmobiliario, un 40 por ciento ha salido de su bolsillo. “Qué mejor garantía puedo ofrecer a los inversores: el capital es mío”, reconoce.
Rocío Cabrera y Javier Ercilla son los productores del documental de Lucina Gil Los amores difíciles. En su intento por encontrar financiación para el rodaje, que costará 114.500 euros, acudieron a una de estas plataformas. La dirección del portal creyó en la cinta desde el primer momento. En total, esperan lograr un 10 por ciento del presupuesto a través de la red, del capital de los usuarios que consideren interesante este proyecto. Tienen previsto estrenar hacia marzo de 2010, primero como cortometraje en cines y luego como serie para televisión.
Daniel Morales es uno de los inversores a los que ha convencido el guión. “Siempre me ha interesado el cine y me gustó este proyecto que suponía invertir en cultura en lugar de en una ‘cuenta naranja’”. En Los amores difíciles ha puesto 2.000 euros que le dan derecho a recibir una parte proporcional de los beneficios que recaude el documental y, también, a participar en las decisiones del rodaje.
El contacto en internet con quienes están dispuestos a participar en el negocio es un valioso estudio de mercado para aventurar el futuro de Los amores difíciles: “En Estados Unidos se paga, y mucho, por conocer la respuesta del público antes del estreno, y estas webs nos permiten conocer la opinión de la gente”, explica Javier Ercilla, uno de los productores.
Vicente Luna se dio cuenta durante su viaje de novios por Estados Unidos de que los inmigrantes ilegales sólo tenían una forma de financiarse, el préstamo entre ellos. Este economista y abogado se planteó la idea de hacer eso mismo, pero por internet. Ése fue el inicio, en marzo pasado, de Lubbus.com, que creó junto a María José Bustamante. Hay 308 usuarios registrados y 109 están activos. Cada día, entre cinco y seis personas ofrecen su dinero y unas 20 personas piden financiación a través del portal. En total, se han solicitado préstamos por valor de 21.285 euros. Para registrarse es necesario que alguien te invite y por cada nuevo socio se gana un 0,10 por ciento de la operación. “Hemos planteado este sistema para dar mayor seguridad. A través del acceso a registro de morosos, que consultamos con permiso del usuario, calificamos el riesgo que entraña entregarle dinero a esa persona y recomendamos el interés para el préstamo”, explica Luna.
Las condiciones de pago y el interés los fija el prestamista, y quien solicita un crédito dice qué cantidad necesita y el plazo para pagarlo. Lubbus se lleva un 1 por ciento que cobra al prestamista y otro 1,5 que debe pagar el prestatario. “Nuestra idea tiene una base muy social. Queremos ayudar más que ganar grandes cantidades de dinero”, cuenta Luna, que ya ha recibido una propuesta en firme desde Chile para colaborar con una compañía que desarrollará allí su idea.







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