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interviú publica fotos exclusivas de los terroristas de Ripoll, que se radicalizaron en menos de un año y pasaron de integrados a integristas de la yihad.

Camuflados en el fútbol

Fecha: 04/09/2017 Carlos Barrio / Vanesa Lozano ico favoritos Añadir a favoritos
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Mientras avanzaban en su proceso de radicalización y preparaban la matanza de Barcelona, los terroristas no cambiaron su rutina. Jugaban al fútbol sala en la sección juvenil del EFS Ripoll, paseaban por la calle con camisetas de sus equipos preferidos y charlaban con los vecinos en el parque. Según la investigación, estaban practicando la estrategia integrista de la ´taqiyya´, que consiste en mimetizarse con el enemigo para no levantar sospechas antes de hacer la yihad. | Sigue leyendo.

E  stuve con ellos casi al mismo tiempo que explotaba la casa de Alcanar. Venían de cenar en un kebab y se sentaron conmigo a charlar en un banco del parque. Los conocía a todos desde pequeños”. Pide que le llamemos Pere y es un testigo de excepción de las últimas horas que pasaron en Ripoll (Girona) Housaine Abouyaaqoub, Said Aalla y Moussa Oukabir. “Un par de días antes de los atentados también vi pasar por aquí a los hermanos Omar y Mohamed Hichamy, era imposible sospechar nada de ellos”. 

A Pere aún le tiembla la voz al recordar que, la noche siguiente, los cinco jóvenes musulmanes a los que tanto cariño tenía y con los que había compartido horas y horas jugando al fútbol, morirían en Cambrils. Fueron abatidos a tiros por los Mossos d’Esquadra tras saltarse un control policial, intentar arrollar a la población, volcar, salir del coche armados con cuchillos y asesinar a una mujer. 

Campeones de liga

Los tres jóvenes que se sentaron en el banco junto a Pere la noche del 16 de agosto eran jugadores del EFS Ripoll Juvenil, el equipo de fútbol sala de esta localidad gerundense. Su adolescencia estuvo cuajada de triunfos, ganaron dos veces la Liga comarcal, y se mantuvieron inscritos hasta el final de esta misma temporada. 

“Housa [Housaine, hermano de Younes Abouyaaqoub, el asesino de la Rambla], jugó hasta hace unos meses en el equipo de fútbol once de Camprodón, cerca de Ripoll. Era un buen lateral. Acabada la temporada, solíamos jugar aquí, en la pista de la carretera de Barcelona”, dice Pere, padre de dos hijos y muy implicado en las actividades deportivas de Ripoll. 

La “pista” es una cancha de fútbol muy frecuentada por los jóvenes de todo el pueblo, incluidos los musulmanes, y suelen jugar a lo que llaman “rey de pista”: el equipo que consigue meter tres goles se queda jugando y entra uno nuevo a competir contra ellos. Moussa, Housaine y Said y los hermanos Hichamy pasaban allí las horas. Se les veía perfectamente integrados, como se aprecia en varias fotos a las que ha tenido acceso interviú. Sin embargo, según las pesquisas, estaban siguiendo una estrategia yihadista: la taqiyya.  

Esta práctica integrista permite al muyahidín (soldado) que quiere hacer la yihad incumplir los preceptos del islam y comportarse como un koufar (infiel) para pasar desapercibido mientras prepara un atentado terrorista. Los jóvenes yihadistas que llenaron de pánico las calles de Cataluña la practicaron hasta el mismo día de los atentados. Según han averiguado los investigadores, se radicalizaron “en un periodo de tiempo de entre seis meses y un año”.

“Hasta ahora nos encontrábamos con yihadistas que, siguiendo al pie de la letra todos los preceptos del Corán y la Sunna [segunda fuente de legislación islámica], un día rompían con eso y fingían seguir costumbres occidentales para poder atentar sin ser detectados”, apuntan fuentes de la investigación. Pero el caso de Cataluña “resulta aún más complejo, porque se trata de jóvenes que nunca han manifestado comportamientos radicales. Su taqiyya consistió en no variar la vida que ya tenían a medida que avanzaban en su proceso de radicalización”. 

La taqiyya trae de cabeza a los distintos cuerpos policiales, ya que dificulta su labor a la hora de identificar patrones extremistas. 

Según varios expertos consultados por esta revista, si los miembros de la célula de Cataluña no hubieran utilizado esta estrategia, los meses anteriores a los atentados “habrían cambiado su aspecto físico”, dejándose crecer la barba y vistiendo con chilaba y otros atuendos árabes, como es habitual en su religión. Algo que no ocurrió en esta ocasión. “Como mucho se ponían la túnica para rezar y para el Ramadán, y no todos”, recuerda un vecino de Ripoll.

Los terroristas también se saltaron otras reglas islámicas para disimular sus violentos planes. “Un buen muyahidín no puede tener contacto con infieles, es decir, con cualquiera que no practique la doctrina de Alá. Sin embargo, estos yihadistas quedaban con otros amigos de Ripoll que eran ajenos a su deriva radical”. 

Compartían aficiones como jugar al fútbol o hacer escalada, y también intercambiaban mensajes de móvil “como cualquier chico de su edad y como todos venían haciendo antes de entrar en contacto con el imán que los guió en su radicalización”, señala una fuente policial.

Comportamiento raro

Las pesquisas llevadas a cabo por los investigadores tras los atentados sí han revelado un comportamiento anómalo en la rutina del grupo: “Durante el día, hacían vida normal en el pueblo, pero por la noche solo se reunían entre ellos, en grupos pequeños, nunca más de tres o cuatro personas, todos de la célula. Y cada vez lo hacían con mayor frecuencia”. En el pueblo confirman este dato: “Los vecinos les vieron alguna noche meterse en una furgoneta estacionada en un parquin a cien metros de la pista” asegura Pere.

Según los expertos, “para los seguidores de la taqiyya casi todo vale con tal de proteger la misión de hacer la yihad. El fin justifica los medios”. Los más fanáticos incluso consienten que el muyahidín coma carne de cerdo, consuma alcohol y otras drogas o recurra a la prostitución para disimular y desviar la atención. | Sigue leyendo.

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