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Hablamos con Carlos Carrizosa, portavoz de ciudadanos en Cataluña y número dos de la lista para el 21-D

Carlos Carrizosa: “No vamos a cambiar la Constitución para contentar a los que nunca estarán contentos”

Fecha: 04/12/2017 ✒Juan José Fernández. Foto: Sergi Reboredo ico favoritos Añadir a favoritos
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Durante la última legislatura catalana ha sido ariete parlamentario de su partido contra el separatismo, y ahora ve llegada la oportunidad para que una gran bolsa de abstencionistas escarmentados contribuyan a acabar con un proceso cargado de tensión, en el que llegó a temer que una multitud fuera llamada a tomar el Parlament, y durante el cual varios de sus compañeros han sufrido “una hostilidad organizada en las redes”. | Sigue leyendo.

Dice Carlos Carrizosa que, antes de ligarse a Ciudadanos, había votado en elecciones generales al PSOE de Felipe González y al PP de José María Aznar. Y después se sumergió en el mar de la abstención. “Es que no me encontraba representado –explica–. En Cataluña había un PP irrelevante y un partido socialista que había comprado la cosmovisión implantada por Pujol. Por eso me acerqué a Ciudadanos ya desde el manifiesto de los intelectuales y el congreso fundacional”.

Hoy, este abogado barcelonés de 53 años, miembro de la ejecutiva nacional de Ciudadanos y portavoz en el Parlament, escolta a Inés Arrimadas en la lista de su partido por Barcelona, arropados como nunca por las encuestas, pero, a la vez, con el riesgo cierto de que, en torno al eje de la independencia, se repita en el Parlament el reparto de fuerzas de las autonómicas de septiembre de 2015. Pero no prevé una repetición de elecciones: “Con la aritmética que presentan las encuestas, tenemos la oportunidad de derrotar al independentismo. Si los constitucionalistas dejamos escapar la oportunidad de acabar ya con el ‘procés’, habrá sido un fracaso enorme y nos habremos equivocado todos. Y yo eso no quiero creerlo. Ganaremos y podremos organizar un gobierno alternativo”.

¿De qué depende?

De que la gente se movilice masivamente para votar. Aquí, en las elecciones generales nunca gana el nacionalismo; ¿por qué ha de ganar siempre en las autonómicas? Hay una bolsa enorme de abstencionistas que esta vez está escarmentada, después de la última barrabasada de Puigdemont declarando la independencia y huyendo. Esa gente ha visto las orejas al lobo; ha visto que le quieren quitar su país, el pasaporte, y esta vez irá a votar masivamente.

Ya hubo alta participación en las últimas catalanas, el 74,9 por ciento. Para cambiar el resultado, ahora ¿se necesita más de un 80?

Con más de un 80 es posible. Pero estamos aquí contando con que todos los independentistas van a ir a votar, y eso no está claro. Hay un sector desmovilizado tras haber soportado tantas mentiras y tantas decepciones. El independentista ve que ahora se presentan los mismos líderes que han montado este lío fenomenal, que han provocado la huida de las empresas, que han dividido a la sociedad, que han depreciado y despreciado a las instituciones y no han conseguido nada. 

Bueno, es una novedad que, por una vez, la desmovilizada no sea la mayoría silenciosa, que parecía una “mayoría perezosa”

Es que esas personas no se han visto representadas en los medios públicos, no han tenido acceso a los debates de TV3, donde solía haber cuatro contertulios nacionalistas por uno constitucionalista. Esta desventaja mediática ha hecho creer a mucha gente que era una minoría. No se atrevían a alzar la voz, por efecto de la espiral de silencio. Ahora la gente, saliendo a la calle en dos manifestaciones multitudinarias en Barcelona, ha tomado conciencia de que no está sola.

La espiral del silencio se para ante un hecho traumático. ¿Qué día se rompió esa espiral del silencio en Cataluña?

Los días 6 y 7 de septiembre, cuando fue televisado un pleno en el que la mayoría independentista ignoró y atropelló el reglamento, los consejos de los letrados, los del Consell de Garantías Estatutarias, los del Constitucional y todo lo que decíamos desde la oposición. La gente percibió que elegían una junta electoral a las dos de la madrugada con 72 votos, cuando nuestras leyes exigen 90 para legislar sobre materia electoral. Y percibió a toda la oposición en bloque discutiendo a unos independentistas que tenían solo el 48 por ciento de los votos y usaban el Parlament a su antojo, despreciando a la mitad de la población y tomándose Cataluña como su cortijo. 

A usted, aquella noche del 6 al 7 de septiembre, le recuerdo muy nervioso.

Estábamos viviendo un golpe contra la democracia clarísimo. Y eso, unido a la presión que hacían la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium, nos hizo temer que la gente invadiese el Parlament. Y tanto nosotros como los socialistas tuvimos que reforzar la seguridad, y sacar a nuestros diputados en un autocar, porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar en las calles, así que contratamos un hotel, además, para estar todos juntos, que era la recomendación del servicio de seguridad. El día de la declaración de independencia tuvimos que tomar las mismas medidas. Pensábamos: “Si aquí se van a votar leyes de manera flagrantemente ilegal, y entra la policía a hacer detenciones, y estos, como respuesta, avisan a la gente…”. 

Como sabe –lo contó interviú– sí había un plan de entrada de la policía en el Parlament si se atrincheraba Puigdemont. El recuerdo de esos días tensos influirá el 21-D, pero también otras escenas. ¿Ustedes tendrían mejor campaña sin la fotos de policías pegando el 1-O?

El operativo fue un error, porque se les dio a los independentistas las imágenes que buscaban. Influyó que los mossos no aparecieran por ningún lado; aquello fue una trampa que se le tendió a la Policía y la Guardia Civil. Se produjeron lamentables daños personales, pero no todos los que ellos dijeron. El Gobierno Rajoy lo planteó mal. Pero mire, si el 1-O ellos consiguieron movilizar a su electorado y manchar la imagen de España dentro y fuera, también ellos mismos han deshecho su madeja con cosas que dicen, como Puigdemont proponiendo que se vote la salida de Europa, y tildando a Europa de club caduco.  

Les ha hecho a ustedes un regalo de campaña.

Sí, igual que Marta Rovira diciendo que les amenazaron con que habría muertos. La señora Rovira está demostrando qué tipo de campaña mentirosa llevan a cabo.

¿Qué papel va a jugar en esta campaña electoral la mentira, no solo en boca del político, también organizada en redes sociales?

Sabemos cómo actúan las redes, y seguimos una máxima: procuramos hablar de nosotros mismos, y no de los adversarios. Nos llueven ataques por todos los lados, sobre todo en Twitter, donde hay hostilidades organizadas. Desde que nacimos somos objetivo prioritario del independentismo más hiperventilado. 

Sí, les han llamado falangitos, aznaritos...

Es que en Cataluña empujarte al rincón de los fachas ha venido dando resultado. Ahora ese relato ha quebrado con las manifestaciones multitudinarias. Mucha gente está harta de que llevar una bandera española o simplemente no alinearte con el independentismo suponga que te llamen fascista. Aunque seas Serrat.

Si el socialista Miquel Iceta dice que no investirá a Inés Arrimadas, y Podem tampoco, ¿cómo hacen previsiones para después del 21-D?

Los votantes socialistas deben decidir su voto ante un señor que no tiene claro si apoyará a Inés Arrimadas o a un tripartito con Esquerra. Apelo a los votantes: que piensen si el señor Iceta quiere ser presidente a costa de todo y de lo que sea. 

¿Qué pasaría con el apoyo de Ciudadanos a Susana Díaz en Andalucía si el PSC no apoya a Ciudadanos en Cataluña? 

Nosotros no vamos a jugar a un cambio de cromos en estas cuestiones. Por seriedad, y por respeto a los andaluces, a los que no puedes poner como moneda de cambio para lo que ocurra aquí. Pero a Pedro Sánchez le sería muy difícil explicar a su electorado nacional que Iceta no promueva un cambio en Cataluña y el fin del procés.

Se atisba un escenario de cambio constitucional. ¿Los catalanes de Ciudadanos debatirán una reforma federal de la Constitución? 

Los catalanes de Ciudadanos pensamos lo mismo que el partido a nivel nacional, que dice lo mismo en Barcelona, en Sevilla o en Madrid. Para nosotros lo prioritario de una reforma Constitucional es arreglar los problemas de una mayoría de españoles, no los problemas de Puigdemont y Junqueras. No vamos a participar en una reforma constitucional para contentar a los que nunca estarán contentos. Si abrimos el melón de una reforma constitucional, no será solo para lo territorial, sino también para dar cabida a derechos sociales, por ejemplo, contra la pobreza energética; eso sí que motivaría una reforma constitucional. Creemos que es un error abrir una comisión parlamentaria para decidir si España es una nación de naciones. 

Lo de blindar el derecho a no pasar frío suena poco liberal. ¿Estamos ante uno de aquellos miembros de Ciudadanos de la rama socialdemócrata que perdió un congreso del partido?

Siempre hemos dicho lo mismo; solo que, después del último congreso, lo explicamos diferente. Yo me sentía cómodo en el Ciudadanos de antes y me siento cómodo en el de ahora. Nuestro liberalismo es un liberalismo progresista. El liberalismo cree en el individuo; y la felicidad del individuo se consigue con una intervención del Estado para que el hijo de un obrero y el hijo de un millonario lleguen a la parrilla de salida de la vida igualados; y con mercados debidamente regulados y con controladores independientes; y con redistribución de la riqueza. Creemos que no hay que dejar a nadie en la cuneta, porque nos creemos lo que dice la Constitución: que España es un estado social y de derecho.  | Sigue leyendo.

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