Los importadores de calzado chino utilizan España como foco de distribución para Europa y el norte de África. Sólo el año pasado entraron en nuestro país cerca de 290 millones de pares de zapatos asiáticos. El santuario de los productos chinos está en el polígono de Carrús, en Elche.
Rafael MOLINA
“Y pensar que antes nos llamaban Andorra…”. Entre el desconsuelo y la ironía, Sergio Tortosa, gerente de la única tienda de Carrús que vende mercadería exclusivamente española, recuerda la época dorada de este polígono de Elche (Alicante). Actualmente, los importadores de calzado asiático de bajo coste son los verdaderos dueños del complejo industrial. Paradójicamente, esta ciudad alicantina de más de 200.000 habitantes fue alguna vez conocida como la capital del zapato español. Hoy día, de allí salen los calzados que inundan mercadillos y tiendas de barateo.
La mayoría de los ciudadanos asiáticos presentes en este polígono provienen, al igual que sus mercaderías, de la provincia china de Zhejiang. Allí suelen publicarse ofertas de empleo para venir a Elche y trabajar en el calzado. “Los chinos –explica un comerciante asiático de la zona– preferimos trabajar con chinos. Nosotros somos más trabajadores que los españoles”. Los sueldos son de unos 800 euros mensuales.
Sin embargo, la descarga de contenedores está reservada a otros inmigrantes, los sin papeles de África y Suramérica. Cobran entre cinco y 30 euros por camioneta, sin contrato. Cuando la mano de obra barata abunda, los empresarios chinos eligen a los de mejor complexión física. Cada mediodía se reúnen en las puertas de las lonjas, aguardando el arribo de los camiones o del soplo que les revele a qué nave llegará el próximo contenedor. Trabajo no les falta: de acuerdo las cifras manejadas por la Federación de Industriales del Calzado Español (FICE), en 2007 ingresaron a España 256,7 millones de pares de zapatos chinos, con un precio promedio de 2,34 euros. Las importaciones chinas en este sector equivalen al 72,7 por ciento del calzado importado durante el pasado año. Su más cercano competidor es Vietnam, con 30 millones de pares.
“Hay muchas prácticas ilegales en el comercio entre España y China que dañan a las Haciendas española y china”, afirma Rafael Calvo, presidente de FICE y de la Confederación Europea de Industriales del Calzado. Asegura que hay importadores que “aquí venden los zapatos a 2,5 euros y que la diferencia entre ese precio y el valor real lo ponen en un paraíso fiscal”. “Dos euros cincuenta. Con eso no pagan ni la caja”, insiste Calvo.
Para hacer frente a lo que consideran una competencia desleal, los industriales europeos impulsaron medidas antidumpin [el dumpin consiste en vender a precios inferiores al costo] contra el calzado de piel que se importa desde China. Estos controles, que implican el cobro de un arancel extra, caducarán el próximo octubre, por lo que los empresarios analizan pedir a las autoridades europeas su prolongación. Sin embargo, los restantes tipos de calzado que no usan piel están fuera del antidumpin. Rafael Calvo cree que el verdadero problema son las prácticas ilegales en las importaciones de bajo coste y que escapan del control de aduanas y policías.
José Orts, presidente de la Asociación de Industriales del Calzado en Elche, destaca que la competencia china trajo problemas para el sector español, obligándole a incorporar “valor añadido, diseño y moda”. Otros, como el ilicitano Pablo Beneit, decidieron seguir con el negocio familiar, pero dotándolo de un nuevo público. Nieto de un zapatero artesano, Beneit es hoy día el dueño de Estrés Modes, una marca que produce calzado erótico y de tamaños especiales, exclusivamente por encargo. “Somos los únicos en el mundo que hacemos botas para ‘drag queens’”, resalta Beneit. En su pequeño taller, en las afueras de Elche, fabrica lo que le piden: desde calzados para “chicas de club” hasta números extra grandes y extra pequeños, para España y otros países de Europa. Hace un promedio de doce pares por semana. Dice que hay zapatos chinos que valen la mitad de lo que él paga sólo por la plataforma de un zapato de tacón.
“Moda de España”
Beneit vende zapatos de entre 130 y 2.000 euros. En la nave Mariposa Roja, de Carrús, hay zapatos de dos y tres euros. En esta misma empresa, la Policía Nacional incautó hace un año 6.000 pares falsos de la marca Mustang. Los encargados de la tienda enseñaban a sus clientes el calzado original, pero les colocaban las copias. Es, según la policía, una práctica habitual en estos comercios. Justo enfrente está la nave industrial en la que en 2005 se encontraron 20.000 copias de la marca Pikolinos. Ambas naves están hoy día abiertas, y sus dueños esperan juicio.
Jiazhen Liu, dueño de Benda España Calzados SL, reconoce que en este polígono se comercializan imitaciones y falsificaciones. Liu, quien se presenta a los españoles bajo el seudónimo de Paco, vende zapatos infantiles de las marcas Colores de España y Vartinelli, Moda de España. A pesar de los nombres, todos los zapatos que están en su lonja son chinos. Paco le quita hierro al asunto y dice que usar el nombre de España no induce a engaño. En la parte trasera del almacén hay una caja con la inscripción “Made in Spain”, pero allí no hay ni un solo zapato fabricado en este país.
Este importador es uno de los fundadores de la Asociación de Calzado Chino en España (Asocachine), registrada en Alicante hace tres años. Controlan las principales áreas del polígono de Elche y les asesoran abogados españoles. Según Liu, esta asociación se formó para “defender los intereses de los chinos en España”, sobre todo tras los incidentes de 2004 en Carrús. En septiembre de aquel año, una manifestación para protestar contra la competencia asiática acabó con una nave ardiendo. “La quemaron unos menores pagados por industriales españoles”, asegura Paco Liu.
Los incidentes de Carrús saltaron a la prensa internacional y motivaron la protesta del gobierno chino. Heng Chen, hijo del amo de la nave quemada, asegura que la crisis les perjudica igual que a los españoles, debido a que también hay competencia entre la multitud de naves chinas instaladas en Elche. Heng habla un castellano perfecto, está estudiando Derecho y piensa trabajar fuera de Carrús. “Será el abogado defensor de los chinos”, bromea un compatriota suyo.
La familia Chen paga unos 3.000 euros de alquiler por un almacén desbordado de cajas. En las avenidas principales de Carrús, los precios de las lonjas oscilan entre los 8.000 y los 10.000 euros mensuales. Hasta aquí llegan comerciantes de toda España, de Alemania, Francia, Marruecos, Argelia. Cada día compran cientos de pares de zapatos y los amontonan en las furgonetas sin sus correspondientes cajas de cartón, para así poder transportar más. Los subsaharianos, pendientes de que les llame algún empresario chino, recogerán los cartones tirados por el suelo.
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