Francisco Álvarez-Cascos y su tercera esposa, la galerista María Porto, comparten un negocio basado en artistas originales, como Manolo Valdés, Igor Mitoraj o Robert Indiana, y clientes con poderío, como las cajas de ahorro Bancaja, La Caixa, Cajastur, el Ministerio de Agricultura o algunos ayuntamientos.
Doce de las ciudades más pobladas de España, entre ellas Madrid, Barcelona y Valencia, han acogido las exposiciones que organizan el ex vicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez-Cascos y su tercera esposa, la galerista María de la Hoz Porto. Son muestras de arte moderno, generalmente de grandes esculturas, que cimentan un buen negocio. La pareja ha facturado un mínimo de cinco millones de euros a base de contratos de intermediación, organización o comisariado de artistas, exposiciones y obras en venta; un nutrido grupo de esos contratos los ha firmado con ayuntamientos –buena parte del PP, pero no faltan del PSOE– y entidades de ahorro como Bancaja, La Caixa o Cajastur.
La herramienta se llama Aqualium Spain SL. Es la empresa en la que se basa la actual y discreta prosperidad de Cascos y su mujer. La pareja se mueve como pez en el agua en el exclusivo mercado de las grandes exposiciones. Aqualium está dedicada al diseño, desarrollo y asesoramiento en materia de proyectos artísticos. Ella, que tiene puesta a su nombre la empresa, pone el conocimiento del mundo del arte que adquirió en la prestigiosa galería Marlborough, donde empezó como recepcionista y acabó manteniéndose cinco años en el puesto de directora general. Él no llama a puerta fría cuando se dirige a una entidad pública o privada: al fin y al cabo su nombre es de los más sonoros en la política española reciente. La empresa de Porto y Cascos inició sus actividades en febrero de 2004, sólo un mes después de haber anunciado el político su adiós a 25 años de política invocando “la fuerza del amor”.
“En el mundo del arte hay un gran negocio colocándole exposiciones a los ayuntamientos y a las cajas de ahorro. Un grupo de empresas se lleva todo el pastel y pegan unos sablazos espectaculares. Es casi imposible entrar en ese mercado” , explica un galerista madrileño que prefiere no ser identificado y que describe el sector como “un chanchullo entre políticos y empresarios del arte” .
‘Gominolas’ a precio de oro
El 23 de marzo pasado, cerca ya de las elecciones municipales, Logroño celebró por todo lo alto la remodelación de su Gran Vía tras unas costosas obras. El fasto elegido fue una exposición de un artista que se hace llamar dEmo, el cual reprodujo en tamaño gigante varios ositos de gominola y los colocó por la ciudad, pero la muestra no fue bien acogida entre los logroñeses. “Ya nos han tomado el pelo otra vez” , dijo el galerista local Enrique Martínez al diario La Rioja, el mismo en el que un articulista calificó las esculturas de “cursis, vistosas, chabacanas, inadecuadas y estúpidas gominolas” . Luis Xubero, pintor reconocido en la región, premio de las Bellas Artes Riojanas, opinó que exponer una gominola gigante no es difundir arte, sino una “chorrada sólo justificadas por ser quien es el que está detrás” . Se refería a Álvarez-Cascos y a su empresa Aqualium, comisaria de la exposición.
Oficialmente, las facturas de Aqualium las iban a pagar cuatro empresas privadas. “Es la iniciativa privada la que nos ha contratado” , declaró María Porto a la prensa riojana mientras preparaba la muestra. El Ayuntamiento, encabezado por Julio Revuelta, del PP, se iba a limitar a ceder el suelo y a ayudar en el montaje, pero dejó claro desde el principio que el coste de la muestra correría a cuenta de las cuatro patrocinadoras. No ha sido así; no al menos del todo: a raíz de las preguntas de esta revista, la nueva alcaldía socialista de Logroño ha revisado los cajones del consistorio, y se ha enterado de que Aqualium emitió cuatro facturas a nombre de dos de esas empresas, Aguas y Jardines SL y Eulen, que suman 116.000 euros, pero que en realidad van a cargo de un fondo municipal. Según un acuerdo ratificado en pleno, el Ayuntamiento riojano pone a disposición de cada una de estas empresas una bolsa de 80.000 euros anuales que se han de invertir en la mejora de las zonas verdes de la ciudad. “Ese dinero está para mejorar cuestiones medioambientales de la ciudad, no para traer la exposición de ‘dEmo’ y María Porto” , dice a interviú Vicente Urquía, concejal de Economía y portavoz del consistorio. Dice Urquía que van a pagar las facturas porque no les queda otro remedio, pero que están “indignados ante la falsedad y el amiguismo político por parte del ex alcalde del PP a la hora de encargar esta muestra y ocultar el pago” . A los miles de euros facturados por Aqualium hay que sumar lo que abonaron las otras dos empresas patrocinadoras, el aparcamiento Estacionamiento Gran Vía Logroño y el restaurante Imperial Montesol.
Arte y política
Aqualium, empresa en la que Álvarez-Cascos figura como asesor externo, trabaja con administraciones de distinto signo, aunque con más frecuencia con las gobernadas por el PP. Entre el 8 de enero y el 25 de febrero pasados, Aqualium organizó en Valencia una exposición al aire libre de esculturas monumentales del estadounidense Robert Indiana, uno de los pocos representantes vivos del pop art. Cascos preparó la muestra personalmente con la alcaldesa popular Rita Barberá que, aunque no financió la exposición, sí la autorizó cediendo el suelo.
Los alrededor de 300.000 euros que costó la muestra salieron de Bancaja. Como casi todas las cajas, esta entidad está controlada por políticos. El presidente de Bancaja es José Luis Olivas (PP), que presidió la Generalitat valenciana cuando Eduardo Zaplana se fue a Madrid para ser ministro de Trabajo. Esta misma exposición estuvo del 4 de mayo al 31 de julio de 2006 en el madrileño paseo de Recoletos con el apoyo del Ayuntamiento de Ruiz Gallardón y el Gobierno autónomo de Esperanza Aguirre. Son gigantescas piezas de acero o aluminio en vivos colores que forman palabras como love o art.
El amor al arte de Porto y Cascos también es conocido por el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) de la Generalitat valenciana –presidida por Francisco Camps (PP)–, para el que Aqualium montó una exposición del artista Alejandro Corujeira en abril de 2006.
En junio de 2006 Aqualium llevó hasta el Museo de la Pasión de Valladolid una antología del pintor asturiano Javier Riera. Según el convenio firmado con el Ayuntamiento vallisoletano (PP), al que ha tenido acceso interviú, todos los gastos corrían a cargo del patrocinador, Cajastur, que no ha querido desvelar lo que se gastó. El consistorio acabó pagando a Aqualium varias facturas por el montaje de la exposición y otros gastos de producción, en total más de 3.000 euros. Ya antes, en octubre de 2005, la empresa de Cascos y Porto montó una exposición para Cajastur –era el 125 aniversario de la caja– en las calles de Oviedo, auténtico feudo del ex ministro, con obras del escultor Manolo Valdés, 23 meninas y tres caballos asturcones de grandes dimensiones. Los tres caballos se los quedó Cajastur. María Porto hizo de puente entre la caja, la Fundación Príncipe de Asturias y el Ayuntamiento de Oviedo, encabezado por Gabino de Lorenzo (PP). El presupuesto de la exposición rondó los 1,2 millones de euros.
La pareja Cascos-Porto no ha querido confirmar o desmentir a esta revista todos estos extremos, ni responder a si la mayor parte de la facturación de su empresa se debe a contratos con administraciones públicas. Porto desarrolla las tareas necesarias para el desarrollo de las exposiciones, desde la intermediación entre las instituciones y los artistas hasta el comisariado de la muestra, el montaje, diseño y promoción. El Ayuntamiento de Santander (también PP), contrató a Aqualium para exponer en el Mercado del Este en septiembre de 2006 la obra de Ricardo Cavada, uno de los pintores contemporáneos cántabros más cotizados.
Pero María Porto también trabaja con instituciones que, aparentemente, no tienen afinidad política con su marido, como es el caso de La Caixa. La caja catalana reclamó en 2005 los servicios de Aqualium Spain para llevar a Granada, Valencia, Palma de Mallorca, Vigo, Sevilla, Barcelona y San Sebastián las esculturas del polaco Igor Mitoraj en una muestra itinerante, con un presupuesto de dos millones de euros, que ha durado hasta agosto pasado. Mitoraj (1944), alemán de ascendencia polaca, maestro del bronce, no cobró.
La política ha marcado los pasos de María de la Hoz Porto desde que su padre, Juan Antonio Porto –guionista de El crimen de Cuenca, de Pilar Miró– eligió para su hija un nombre que hacía referencia a la hoz y el martillo. Su primer marido fue el socialista Virgilio Cano, consejero de la Comunidad de Madrid con Joaquín Leguina, y que, curiosamente, también se dedica al arte: trabaja para una gestora de arte público vinculada a la galería Marlborough. La relación entre Álvarez-Cascos y la galerista atrajo a la prensa, que acosó a la pareja alimentando un culebrón con la hoy televisiva Gema Ruiz –segunda mujer de Cascos– en el papel de esposa despechada. El ministro, celoso de su intimidad, acabó dejando la vida pública. Sus cercanos describen, a sus 60 años, a un amante de la caza, la pesca y los trajes caros y poco amigo de actos públicos. De hecho, la pareja –con 22 años de diferencia– se casó a escondidas en enero de 2006. Nada que ver con el enlace con Gema en los Reales Alcázares de Córdoba diez años antes. Casi excepcionalmente, el pasado 6 de octubre fueron a la finca Campuloto, de la familia de oftalmólogos Fernández-Vega, en Ceceda (Asturias), a una fiesta con la alta sociedad asturiana e invitados ilustres, como José María Aznar y Ana Botella.
Cinco millones de euros
“El mejor ministro de Fomento que ha tenido España” , en palabras de Aznar, vive volcado en sus actividades privadas. Además de su trabajo en Aqualium, Cascos administra la sociedad Cinqualium, vinculada a la primera y dedicada al negocio inmobiliario. El entramado societario de la pareja incluye una empresa de servicios informáticos sin cuentas disponibles en el Registro.
El ex político figura en otras dos sociedades del ámbito de la construcción y la ingenie- ría, Spineq Europe, constituida en marzo pasado, y Tecnas, la empresa familiar de los Álvarez-Cascos, creada en 1977, dos años antes de la entrada de Francisco en política. Esta empresa no registra actividad.
Aqualium nació a finales de febrero de 2004, dos semanas antes de las elecciones que desalojarían al PP del Gobierno de España. En su primer ejercicio, de sólo diez meses en 2004, Aqualium registró unos beneficios que pasaron de los 300.000 euros y una facturación de algo más de 800.000. Las cuentas de ejercicios posteriores no han sido presentadas en el Registro Mercantil de Madrid, pese a que lo exige la Ley. Los grandes proyectos de Aqualium se han desarrollado en 2005, 2006 y 2007. Con las exposiciones de Mitoraj, Robert Indiana, Manolo Valdés, dEmo, Corujeira y Riera, y la venta de cuadros a coleccionistas y a clientes públicos –el Ministerio de Agricultura de la socialista Elena Espinosa le compró por 15.000 euros un retrato de Vicente Uribe, ministro de Agricultura de la II República– Aqualium Spain ha facturado desde su creación una media de 1,25 millones de euros por año, según los presupuestos que han trascendido y estimaciones del sector. La sede de la empresa está en el tercer piso de Torre Picasso, uno de los edificios emblema de Madrid, donde el alquiler de 100 metros cuadrados supera los 4.000 euros al mes. Desde allí, María Porto y Francisco Álvarez- Cascos organizan el negocio que les une, además de por la vía sentimental, por la de los ingresos millonarios.
Él, pobre; ella, rica
En los registros de la propiedad no hay anotado ni un inmueble a nombre de Francisco Álvarez-Cascos, salvo un par de plazas de garaje que aún están registradas a su nombre y el de su primera mujer, Elisa Fernández-Escandón. Por el contrario, el patrimonio registrado de María Porto es notable, al menos desde que se disparó, recién comenzado su idilio con Cascos. En julio de 2004 la galerista adquirió dos viviendas en la lujosa urbanización Hacienda del Sol, de Estepona, donde han veraneado los Aznar. Actualmente sólo figura a su nombre uno de ellos, un piso de 160 metros cuadrados con cuatro plazas de garaje y dos trasteros. La joya de su patrimonio la compró un año después: la vivienda conyugal, 347 metros y dos plazas de garaje en la carísima calle Zurbano, de Madrid, valorada en dos millones de euros.
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