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Vecinos del barrio barcelonés luchan contra un oratorio musulmán. El Ayuntamiento les acusa de estar manipulados por "organizaciones de ultraderecha"

Cisma por una mezquita en Nou Barris

Fecha: 25/09/2017 Reyes Tatay / Fotos: Sergi Reboredo ico favoritos Añadir a favoritos
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Los vecinos de Nou Barris, un barrio de gente trabajadora de Barcelona, están en guerra. Algunos protagonizan caceroladas, pintadas, manifestaciones y cuelgan chorizos en la puerta de un local. Otros defienden que sus conciudadanos están siendo manipulados por plataformas ultraderechistas. La división, esta vez, no es por la independencia de Cataluña, sino por la construcción de una nueva mezquita.  | Sigue leyendo.

No hay esteladas en ningún balcón de la calle Japón, en Barcelona. Esta pequeña y estrecha vía parece ajena al conflicto catalán. La calle está en el centro de Nou Barris, un barrio humilde situado en el extremo norte de la ciudad donde viven unas 170.000 personas. Aquí, en la calle Japón, casi todos los balcones están decorados con sábanas que cuelgan de las fachadas y en las que se puede leer un único y contundente mensaje: “!Mezquita, no!”.

La construcción de un nuevo centro de culto islámico en el local bajo del número 28 ha dividido a los vecinos. “Es una calle muy estrecha para que se reúnan cada día más de 70 personas a rezar. Además de los ruidos que supone”, explica José Luis, presidente del edificio que albergará el futuro centro islámico. Por otro lado, la Plataforma de Vecinos Nou Barris Acull, que agrupa a muchos residentes, respalda la apertura de la mezquita, lo mismo que la Comunidad Islámica. Ambos defienden que el Ayuntamiento les ha otorgado todos los permisos y por lo tanto la mezquita debe abrirse.

Desde la Plataforma de Vecinos de Nou Barris, su portavoz, Lourdes, contesta a los vecinos indignados: “Sólo queremos que se cumpla un derecho constitucional, que es el de la libertad religiosa. Cumplen todos los permisos, ya han hecho todas las obras y no tienen por qué irse”.

La polémica ha ido creciendo desde que el pasado mes de marzo empezaron las obras. En mayo esperaban abrir, pero las persianas siguen cerradas. “Estamos esperando la moqueta”, cuenta el presidente de la Comunidad Islámica de Nou Barris, el marroquí Abdeslam Adabbar Kobas: “Son moquetas especiales, ignífugas. Nos la tienen que traer desde Bélgica y nos cuesta 6.000 euros”, explica.

Sin embargo, muchos vecinos tienen otra versión: “Hemos conseguido que no la abran con nuestras movilizaciones. Desde febrero, cada noche bajamos todos los vecinos de la calle a hacer una cacerolada”. Una protesta que no descansa ni los fines de semana. Cada día, a las nueve de la noche, una veintena de vecinos bajan con utensilios de cocina para que todo el barrio los oiga. | Sigue leyendo.

LOS ULTRAS

Desde la Plataforma de Nou Barris Acull, aseguran que estas protestas han perdido apoyo desde que entraran en el conflicto “los nazis”, como los llama Lourdes, la portavoz de la plataforma vecinal: “Antes, la mayoría de los vecinos no querían la construcción del templo por un tema de ruidos, sin embargo han nazizado (de nazismo) la protesta, y muchos se han retirado”. Lourdes se refiere a plataformas de ultraderecha que participan en las protestas.

Democracia Nacional, Som Identitaris y Plataforma per Catalunya son algunas de las organizaciones ultras que ya han dejado su rastro en la calle Japón, con pegatinas por las paredes: “Seis millones de inmigrantes a su casa. Recuperemos nuestros país” y “España no se rinde” junto a la bandera franquista del águila, son dos de los mensajes que han pegado en la fachada de la futura mezquita.

Jordi de la Fuente, portavoz de Plataforma per Catalunya, cuenta que uno de los vecinos se puso en contacto con ellos: “Nuestro partido se ha especializado en la problemática que existe en Barcelona con las mezquitas”, explica De La Fuente, que además asegura que “la comunidad islámica es un sector difícil de integrar. Ellos tampoco hacen mucho por integrarse, y cuentan con muchos privilegios que los españoles no tienen”.

En Barcelona hay más de 20 centros de culto islámico abiertos. Janet Sanz, concejal del distrito por Barcelona en Comú, afirma que la  futura mezquita “ha cumplido todas las licencias como centro de culto”. En cuanto a las quejas vecinales, indicó que “haremos un seguimiento de los ruidos y la afluencia a la calle”. La concejal asegura que “va a ser también un centro cultural, muchos vecinos lo han entendido y se han retirado de las protestas. Queda solo un grupo pequeño animado por organizaciones de ultraderecha que usan el suceso para generar el odio y el racismo”. Los Mossos d’Esquadra han abierto ya 15 diligencias por supuestos delitos de odio.

Algunos de los vecinos de la calle Japón que siguen rechazando la mezquita se quejan del trato que reciben en el barrio: “A mi mujer le han gritado por la calle: ‘¡Nazi, hija de puta! A los de la Comunidad Islámica les ayudan todos los de la Plataforma Vecinal y nos han enfrentado con el barrio”, cuenta José Luis, que recalca que “¡hasta el cura de la parroquia está contra nosotros! En los sermones nos critica por estar en contra de la mezquita”.

Estos vecinos aseguran que “no somos racistas, si abrieran una discoteca nos quejaríamos igual. Sólo pedimos que busquen otro sitio para la mezquita. Hemos intentado reunirnos con la Comunidad Islámica para proponerles que se vayan a otros locales más grandes y más baratos y donde no molestarían a  nadie. Se niegan a hablar con nosotros

Sin embargo, ellos no son los únicos que afirman haber sido atacados. “Mientras trabajábamos nos gritaban desde los balcones ‘¡hijos de puta, seguid trabajando que os vamos a cerrar la mezquita!’”, recuerda Abdelaaziz El Blout, vicepresidente de la Comunidad Islámica de Nou Barris.

Tanto él como sus compañeros de la comunidad relatan a interviu cómo han sido estos siete meses de “destrozos e insultos”. La persiana que cierra el local ha sufrido varias pintadas de cruces cristinas en color rojo. Además, están llenas de abolladuras “ocasionadas por las patadas y los golpes que dan durante las caceroladas y que impiden que la persiana suba o baje”, explica un miembro de la Comunidad Islámica. Las cerraduras tampoco funcionan ya: “Alguien las ha llenado de silicona”, lamentan.

Todos estos ataques elevan cada día el coste de la apertura. Además, les han subido el precio del alquiler: “El propietario del bajo cobraba al anterior inquilino 400euros mensuales, pero a la mezquita les cobra 800. Dice que por ahorrarles problemas con los vecinos”, denuncia la portavoz de la Plataforma Vecinal.  | Sigue leyendo.

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