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Cómo ser infiel… sin ser pillado

Fecha: 28/12/2007 0:00 David ARNANZ ico favoritos Añadir a favoritos
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Dicen los expertos que el negocio del engaño es un filón en España: en sólo tres meses una empresa de coartadas para infieles ha atendido 2.200 solicitudes. La navidad es una época de riesgo: cenas de empresa, copas con amigos... Son negocios para no ser cazado con las manos en la masa.

“Somos un club social, ni más ni menos; ayudamos a unas personas para que no hagan daño a otras”. Ojos que no ven corazón que no siente. Ésa es la máxima de Coartadaclub.com, empresa dedicada a preparar todo tipo de excusas para cometer una infidelidad sin ser pillado. “Damos tranquilidad al infiel porque está seguro de que no le van a descubrir y también a la persona engañada porque nunca va a sospechar que su pareja en vez de estar en un congreso se está acostando con otro”, explica Juan Vázquez, director comercial de Coartadaclub.com, que en sólo tres meses en España han preparado 2.200 coartadas, un éxito, ya que en este tiempo han sobrepasado la cantidad fijada para su primer año de vida. “Al principio eran más mujeres las que solicitaban nuestros servicios, pero en el último mes las cosas se han equilibrado y ahora están casi al 50 por ciento”, asegura Vázquez, quien afirma que “el mercado español es muy bueno para el negocio del engaño. La empresa se implantó aquí porque según unas encuestas de cuota de mercado, 0,8 personas sobre dos estarían dispuestas a engañar a su pareja si tuvieran la seguridad de que no les van a pillar”.

Pero, ¿cómo se prepara la coartada para los cuernos perfectos? “Trabajamos en función de las necesidades del cliente: si es dentista, le organizamos un congreso falso en Alicante, y, si no, hacemos que enferme una tía falsa que tiene en Cuenca… A todo el mundo se le encuentra la excusa perfecta. No nos han pillado nunca”, se jacta Vázquez. Así, su agencia de viajes virtual emite billetes de avión con localizador y reservas en hoteles con una peculiaridad: son falsos, aunque eso sólo lo sabe el interesado. “Para cada servicio damos de alta números de teléfonos diferentes con el prefijo de la ciudad marcada que se incluyen en las reservas. Así, si la pareja sospecha puede llamar al teléfono de ese hotel falso en el que supuestamente está hospedado nuestro cliente y le contestará una teleoperadora de nuestra empresa haciéndose pasar por la telefonista del hotel, que encantada le pasará la llamada a la habitación, aunque en verdad se la pasará a su móvil o al teléfono fijo que desee el cliente, que en realidad puede estar en cualquier otra ciudad. Como todo es tan normal, la pareja no sospechará nada y se quedará tranquila”.

Por 150 euros (más IVA) como precio medio se puede disponer de una coartada personalizada, aunque la cantidad puede subir hasta 800 euros si lo que se quiere es que organicen un congreso virtual de siete días y seis noches de duración. “Es infinitamente más barato que un divorcio”, ironiza Vázquez, que asegura que han tenido un boom de servicios para fin de año y que ya están preparando una campaña especial para San Valentín, para disfrutar con quien se quiere, que no siempre coincide con quien se está casado.

“Algunas personas pueden opinar que este es un negocio inmoral, pero pensamos que quien quiere ser infiel lo va a ser con nuestra ayuda o sin ella, por lo cual simplemente lo planteamos como lo que es, un negocio, sin entrar en otras apreciaciones”, asegura Miguel Ángel Martín, responsable de Tucoartada.com, la otra empresa on line de excusas que opera en España. En apenas un año de vida han organizado servicios de todo tipo: la inauguración de una exposición en un museo para un abogado aficionado a la egiptología, una presentación de un programa informático para talleres mecánicos en Segovia, un curso sobre rotulación y nuevas técnicas de decoración en repostería para un pastelero o simplemente coartadas para pasar unos días de marcha con los amigos o para encontrarse unas horas con un antiguo novio.

Hoteles para amantes

Precisamente para esos encuentros románticos, discretos y esporádicos proliferan los love hotels u hoteles para parejas, en los que se puede alquilar habitaciones por horas con intimidad y discreción aseguradas. Aunque para muchos parezca una moderna idea propia de los tiempos que corren, lo cierto es que en Barcelona los meublés –“de amueblado, que en realidad no quiere decir nada, pero como es francés parecía picarón”, dice el propietario de uno– han existido desde la posguerra como escenario de las relaciones extramaritales. Aunque también acudían, por ejemplo, las viudas, porque no estaba bien visto que practicaran sexo en su estado civil. Aquellas pensiones oscuras y un tanto siniestras han dado paso a modernos y funcionales hoteles con habitaciones pensadas para el amor. En la década de los 80 imperó en este tipo de negocios las habitaciones fantasía con decoraciones horteras: camas redondas de agua, columnas griegas, grandes jacuzzis... En el Motel Punt14 (www.motelpuntcatorze.com), junto al aeropuerto de Barcelona, quieren huir de aquella estética kitsch, aunque hay un elemento que no han eliminado: los morbosos espejos en las paredes y en el techo. “Los clientes los piden, pero hay una tendencia en todo el mundo por la que se huye del toque sexual para aumentar la sensualidad. Y esto es consecuencia de la liberación sexual de la mujer; ahora son ellas las que deciden dónde quieren hacerlo y buscan sitios bonitos, lujosos, con buen gusto”, explican sus responsables. Entre 45 y 95 euros cuesta la habitación en un motel en el que los amantes no tienen límite de horario ni recargo por tiempo, sólo sus ganas y sus fuerzas pondrán punto final a su encuentro: hasta que no salgan de la habitación pueden seguir dándole al amor. A pesar de que cada vez más jóvenes acuden a los hoteles del amor, lo cierto es que la mayoría de sus clientes son parejas en relaciones extramatrimoniales. Por eso, en el Punt 14, como en muchos otros del estilo, un camarero acompaña a los clientes al entrar y al salir para que los dos amantes no coincidan en los pasillos con otros clientes... Nunca se sabe.

En el Zouk Hotel (Alcalá de Henares, Madrid) tienen el cartel de completo para fin de año desde hace mes y medio. La discreción está asegurada: los clientes se inscriben en la recepción sin bajarse del coche (como si fuera un puesto de peaje de una autopista) y pasan directamente al garaje que corresponde a su propia habitación. Nadie ve a los clientes, ni siquiera si piden alguna consumición al servicio de habitaciones, ya que la bandeja llega a través de una especie de torno. “Unos vienen a echar una canita al aire, otros a enamorarse, pero el que prueba repite porque ofrecemos intimidad para las aventuras. Pero sobre todo destaca porque está orientado al disfrute de la pareja”, aseguran sus responsables. Los precios oscilan entre los 119 euros que cuesta la habitación modelo Rumba de domingo a jueves (con jacuzzi-hidromasaje) hasta los 425 euros que cuesta la Zouk, que incluye piscina climatizada privada, jacuzzi-hidromasaje, sauna, cama de agua, solarium... Los precios aumentan los viernes y sábados, en San Valentín y en las vísperas de festivos, las fechas en que aumenta la demanda de sexo esporádico.

Para los calentones o los que tienen poco tiempo para la relación extramatrimonial hay locales que alquilan habitaciones por horas. Por 30 euros la hora, o 55 dos, el Luxtal 177 es uno de los favoritos de los infieles de Barcelona. La hora extra se paga a 10 euros. Y si en vez de dos personas hay trío u orgía, el precio sube 10 euros por persona. Además regalan dos horas de aparcamiento a sus clientes. Precisamente una de sus entradas está situada en ese parquin para asegurar la discreción. A partir de las cinco de la tarde, el local (que tiene seis habitaciones) es un hervidero de parejas –”muchos compañeros de trabajo”, dicen los empleados–, igual que los fines de semana.

De la quinta planta de un edificio cercano a la Avenida de América de Madrid no paran de entrar y salir parejas, hetero y homosexuales. Un matrimonio alquila las habitaciones a amantes furtivos por 20 euros la hora. En anuncios por palabras e internet se descubren también centenares de pisos que se arriendan por horas, por habitación o el piso entero. En el centro de Valencia, por ejemplo, un piso de tres habitaciones con una decoración muy espartana cuesta 30 euros la hora. “Iba a ser mi casa, pero me he ido a vivir con mi novio y me evito los líos del alquiler, que no me paguen... y claro, esto no se declara”, dice la propietaria. Incluso los dueños de una mansión con piscina en la exclusiva zona madrileña de Puerta de Hierro alquilan habitaciones por 20 euros la hora. Los cuernos entienden de sexo, no de clase social.

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