Sport
Reportajes / Artículos
Hablamos con el coronel Manuel Sánchez Corbí, exjefe de operaciones secretas contra ETA

Coronel Sánchez: “Muchos asesinatos cometidos por etarras van a quedar sin resolver”

Fecha: 08/01/2018 ✒Luis Rendueles. Fotógrafo: Pablo Vázquez ico favoritos Añadir a favoritos
  • Valoración
  • Actualmente 2.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 2.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Creció en un cuartel de la Guardia Civil en Irún. Su primer servicio fue acompañar a la familia de un compañero asesinado. En aquellos años, ni ellos mismos, confiesa, creían que podrían acabar con la banda terrorista. Pero lo hicieron, gracias a muchas operaciones en las que él participó. La mejor, recuerda, colocar a un guardia civil infiltrado como chófer del jefe de ETA. El coronel Manuel Sánchez Corbí, ahora en guardia con el independentismo catalán, ha escrito con Lorenzo Silva 'Sangre, sudor y paz', memoria y secretos de 50 años de lucha, muchas veces solitaria, contra el terror. | Sigue leyendo. 

Su jefe le ordena acompañar a la familia de un compañero que acaba de ser asesinado por ETA.

Sí, en Durango. Mataron al guardia Ballesteros, yo llevaba dos días en Bilbao

Mucha gente no sabemos cómo era el entierro de un guardia civil en los años ochenta...

Primero, la soledad, incluso de la propia estructura de la Guardia Civil y del Estado. No asistía ninguna autoridad civil, más que nada porque había muchos atentados y muchos muertos también. Se daba prácticamente por amortizado que eso ocurría y ocurría con naturalidad: era natural que te mataran. El juez reseñaba el muerto, la autopsia se le hacía deprisa porque era evidente de qué había muerto. El velatorio se hacía en los bajos de algun cuartel, en el garaje, que era el único espacio donde tú podías poner un féretro, sillas y demás. En ese tiempo, la familia del fallecido había llegado de su lugar de origen. Y a la mañana siguiente, se cogía al muerto, a la familia, se volvían a su tierra, donde se celebraban el funeral y el entierro.

De aquellos años es el chiste que se menciona en el libro: el guardia civil es el río más largo de España porque nace en Úbeda y muere en el País Vasco...

Sí.

¿Cómo fue el papel de la iglesia vasca en los años más duros, aquellos años de plomo?

La iglesia vasca siempre estuvo del lado del entorno de ETA. Tuvo comprensión hacia los postulados de ETA y los fines de ETA y abandono hacia nosotros, los guardias civiles.

¿Está pensando en algún obispo incluso?

El que todo el mundo sabe. Un tal Setién, creo que era. Eso fue la iglesia vasca.

El libro explica como nace ETA, en 1959, en plena dictadura franquista, y cómo empieza a matar en 1968. ¿La respuesta del estado contribuyó a hacer crecer la popularidad de ETA entre los vascos?

Sí, fue torpe. No sabía a lo que se enfrentaba, lo despreció y cometió errores como declarar los estados de excepción, que era castigar a muchos por algo que habían hecho unos pocos. Hizo que la población, que los neutrales, se colocaran del lado de los malos. Y los etarras pudieron jugar el papel de víctimas porque apareció un Estado que castigó a quien no se lo merecía.

Los jefes de ETA fueron siendo cada vez de peor calidad, más allá de cuestiones morales.

Pasamos de unos primeros terroristas muy formados intelectualmente, gente que pensaba, a gente que cada vez iba pensando menos y matando más.

En ese marco, hay dos cosas en el libro que llaman la atención. A Carrero Blanco no iban a matarlo...

Se le iba a secuestrar para canjearlo por presos de ETA. Pero a Carrero le hicieron vicepresidente, con lo cual se le dobló la seguridad y el secuestro era muy difícil.

Y hubo un plan de secuestro del padre del Rey Emérito, don Juan de Borbón.

Sí. En el yate, en Cannes (Francia).

Hay una declaración del terrorista Ivan Altuna. Cuenta que muchos etarras aprendían a manejar explosivos en el servicio militar.

Al principio, la formación de los miembros de ETA no era fácil. En el servicio militar les enseñaban a disparar, a saber lo que era un arma. Así que a muchos les decían: espérate a acabar la mili y te vienes con algo aprendido.

Y eso se sustituye luego por cursillos en otros países.

Los etarras recibieron cursos en Argelia, en Beirut con gente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y, en esta última etapa, en Venezuela, a la que ellos llaman Urano.

Uno de los asesinos del cuartel de Santa Pola  (Alicante) recibió un cursillo en Venezuela…

Sí. Les enseñaron a disparar y a confeccionar artefactos explosivos. En Venezuela aprendieron alguna cosa un poco más sofisticada, como un mortero grande que te podía lanzar bombonas de butano, que lo emplearon en Aizoain, en Navarra, contra un cuartel militar.

En el libro hablan de la amnistía de Adolfo Suárez y la democracia, y se escribe una frase muy dura: se vacían las cárceles pero se llenan los cementerios. ¿Eso fue así?

Absolutamente. Adolfo Suárez cree que empieza la democracia y tiene que integrar a todo el mundo. Presionado por muchos, decreta una amnistía, pero cuando ya estaban saliendo los presos etarras de la cárcel seguían los atentados. Ahí deberia haber parado. No lo hizo, llegó hasta el final y en los años siguientes –y eso se ve en la curva de muertos– todos esos presos que estaban en la cárcel salieron a la calle con ganas de matar, con formación para matar y con experiencia para matar, con lo cual mataron muchísimo en los años 78, 79 y 80.

En aquellos años ¿nadie pensaba que se pudiera derrotar a ETA?, ¿ni la Guardia Civil?

No, nadie, en esa época nadie. Era tanta la zozobra y la seguridad de que no había nada que hacer que se produce el golpe de Estado del 23F.

Parece increíble, pero con cien asesinatos al año había siete guardias civiles en Navarra y 40 en toda Guipúzcoa dedicados a la lucha contra ETA...

ETA eran cientos, y ves a esos pobres... Eso explica que haya muchos atentados, muchos muertos de esa época que no van a descubrirse nunca quienes fueron sus asesinos. No había investigación, bastante tenías con ir, reseñar el atentado y pasar al siguiente, porque todos los días había atentados, todos los días. 

Hay otra frase del libro: “los Gal obligaron a Francia a actuar”...

Sí. Lo venían haciendo, pero desde entonces fue de una manera más firme.

Pero los GAL, además de criminales, contribuyeron a que siguiera existiendo ETA.

Los GAL fueron malos sin paliativos. Colocaron al Estado en un nivel próximo a ETA; pero es cierto que Francia, que hasta entonces era el santuario de ETA dijo: esto no me está saliendo gratis.

Atentados terribles, bombas en cuarteles, en el Hipercor de Barcelona... Alguna persona como Jordi Sánchez, ahora encarcelado por el proceso catalán, sale mencionado como dirigente del grupo La Crida, que tras el atentado responsabilizó al centro comercial. ¿Sigue habiendo ese tipo de gente en el independentismo catalán? ¿Hay algún riesgo de violencia allí?

Creo que no están en el punto de dar el paso. Ahora estamos en la parte casi de los escraches; si se avanza, el siguiente punto son los cócteles molotov; el siguiente punto serían los explosivos. También digo una cosa, todos los que en Cataluña escracharon, tiraron piedras, tiraron sillas... están siendo llamados por la justicia.

La respuesta del Estado es distinta a lo que ocurría en el País Vasco.

Ahora en Cataluña, todo el que ha cometido ilegalidades, que el 1 de octubre parecía que valía todo, no vale todo, ¿eh? Ahora, con todos esos vídeos que esta gente colgaron muy ufanos, estamos yendo puerta por puerta: “Buenos días, ¿usted es el del vídeo en el que tira piedras al guardia civil?”. “Hombre, es que yo...” “No, no, usted es el del vídeo que tira piedras al guardia, (da un golpe en la mesa), venga pacá”. La gente se lo pensará.

Y en aquellos años en el País Vasco no fue así, no pudo pararse.

Allí era muy generalizado y muy diario.

Cuénteme el cambio en la forma de trabajar la Guardia Civil contra ETA, ir a buscar jefes y no comandos, que fue la clave para derrotar a los terroristas.

Tardamos casi treinta años en hacerlo. Eso empieza en Guipúzcoa a mediados de los años ochenta, entonces el servicio de información lo mandaba el comandante Galindo. Él y un grupo de oficiales comprenden que no vale con ir deteniendo comandos. Si la retaguardia y los que mandan están en Francia tengo que ir a la cabeza, no quedarme con las ramas.

Cuénteme lo que era el “paso torero”, que viene mencionado en el libro como un sistema para hacer fotos de cerca a los etarras.

Cuando tú detectas a uno que piensas que es malo, tienes que identificarlo, hacer una foto y luego cotejar con los archivos. Entonces las cámaras no eran como (hace una pausa e identifica la Nikon 700 del fotógrafo)... Las cámaras eran planas y se camuflaban en carpetas y en los radiocassettes del coche. Era todo artesanal. 

El paso torero era porque dejábais pasar a golpe de cadera a los etarras que queríais fotografiar...

El paso torero era salir al cruce. El etarra venía por aquí, ya había un equipo de seguimiento, tú te cruzabas con él y clac clac clac, hacías fotos. Se entrenaba mucho.

Hubo historias de confidentes e infiltrados suyos en ETA fascinantes. La de Luis Casares, ¿fue el mejor que tuvieron?

No fue el confidente más bonito, pero fue el que más resultados dio. Además de darnos comandos conseguimos que se fuera a Francia, con lo cual estaba en el santuario.

Él colabora en la caída de los tres jefes de ETA en Bidart, en 1992

Da un primer dato, que muy trabajado nos lleva a Bidart. Luego no hubo ningún infiltrado en la cúpula de ETA, el más cercano fue el conductor de Mikel Antza, jefe de ETA, que era un guardia civil.

Pero Casares era un simpatizante de ETA, que dejaba su casa a los terroristas. ¿Por qué se pasó al otro lado?

Fue un miembro de ETA que trabajaba con el comando. En un momento determinado descubre que los terroristas, además de compartir casa y comida con su mujer y su hija, tienen otro tipo de prerrogativas con ellas. Y yo creo que por venganza dice: “pues os vais a joder, cabrones”. Tiene que marcharse a Francia y sigue colaborando con nosotros hasta que se muere. Su mujer nunca supo nada.

Hasta el punto de que ETA le entierra con honores en el bosque de los gudaris y le mandais una corona: “tus amigos no te olvidan”.

Sí. Eso fue un poco de cachondeo, la corona iba sin firma. En el bosque de los gudaris cada uno tiene una plaquita y yo creo que a él le habrán quitado ya la suya.

Hablaba del guardia civil que se infiltró en ETA y llegó a ser chófer personal del jefe, Mikel Antza. ¿Es la persona que más cerca han tenido del jefe de ETA?

Esa fue la operación de infiltrados en ETA más bonita. Por mala suerte no acabó bien del todo.

Lo entrenaron durante años, hay una parte del libro fascinante, cuando vive con el tesorero de ETA, en la misma casa, y cuenta que de noche tenía miedo a hablar en sueños y escapársele que era un guardia civil.

Sueña. Tiene miedo, como en la película, Durmiendo con su enemigo.

¿Está vivo? Y sus padres? Tuvisteis que sacarlos de Francia...

Están vivos y coleando. Y nos costó pasta, ¿eh? Costó lo que tenía que costar. Se lo merecían.

El 11M de 2004 estabais vigilando al jefe de logística y explosivos de ETA, Esparza Luri, teníais micrófonos instalados en su casa: explotan las bombas en los trenes de Madrid, escuchais a Esparza Luri hablando con otro etarra y dice “sin aviso no, no han sido ellos”.

También antes dice que igual a alguno se le ha ido la olla. Él no afirma nada. Tiene dudas de quien puede haber sido el autor del atentado.

Pero a mediodía de aquel 11 de marzo sí que hay otra conversación en la que el jefe etarra dice han tenido que ser los moros.

Sí, pero no deja de ser un pensamiento en voz alta. En cualquier caso, todo eso se transmitió en tiempo y forma

En tiempo y forma quiere decir...

En tiempo y forma: inmediatamente. El gobierno recibiría muchos indicios de muchas fuentes, ellos valorarían.

Hablan del impuesto revolucionario. Y del testimonio de un etarra, José Luis Beotegui, que declaró que grandes cocineros como Arzak y Subijana pagaron cada uno seis millones de pesetas a los terroristas.

Lo dice el cuñado de uno de ellos y está en su declaración policial.

Y que ETA exigió el impuesto a Karlos Arguiñano y Martin Berasategui, es decir, que los cuatro mejores cocineros vascos podrían haber pagado a la banda. 

En la declaración explica las cartas que envió, sí. Pagaba muchísima gente porque ETA tenía mucha capacidad de amedrentar. A cualquiera que tuviera mucho dinero le piden un poquito a cambio de vivir y yo no sé lo que hubiéramos hecho nosotros. El caso es que el que pagó el impuesto revolucionario estaba dando dinero para que a él no le mataran y me mataran a mí, o a mi mujer, o a mis niños. Ellos me dirán: “No podía hacer otra cosa”, y yo lo entiendo, pero con salvar tu vida estás condenando la mía. | Sigue leyendo.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

  • Rufo Etxebarria 09/01/2018 2:18

    La condena al Coronel Sánchez si fue resuelta, puesto que fue condenado a varios años de cárcel y más de inhabilitación por torturas e indultado por el gobierno de Aznar

    Comentario fuera de tono

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Publicidad

Publicidad