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Cuba: los nuevos rebeldes

Fecha: 05/01/2009 0:00 Daniel LOZANO
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La Cuba oficial celebra los 50 años de la revolución como si sus calles fueran un gigantesco decorado de cine. Grafitos, carteles, consignas y banderas gritan por todo el país las conquistas del socialismo y la “guerra” contra “el Imperio”.

Claudio FUENTES MADAN

Me siento como el viajero inmóvil, como se decía Lezama Lima a sí mismo. Obligado a lidiar con circunstancias que se te van de las manos”. Orlando Luis Pardo se interesa “por lo limítrofe, lo que no es tolerable”, hijo al fin de la narrativa cubana. Comparte viajes con Lezama, descaro con Reinaldo Arenas, imaginación con Carpentier… ¿Y con Cabrera Infante? La revista digital The Revolution Evening Post, “el suplemento cultural de un periódico que no existe, dentro de un periódico imaginario que es ‘Revolución’ [periódico dirigido por Cabrera Infante durante los primeros años de la revolución, que acabó siendo censurado]. En definitiva, el delirante periódico del mañana”.

Tan delirante como sus artículos en la red, que le han valido la excomunión oficial, pese a haber ganado tres concursos de cuentos. “Mi novela ‘Mi nombre es William Saroyan’ estaba lista para ser publicada, existía voluntad política. Pero mis columnas (‘La muerte del caballo’, ‘RefleXXIones’…) me tumbaron el libro. La orden llegó desde muy arriba”. La caza de brujas contra Pardo y sus artículos fue desmedida. Los oficialistas Fidel Díaz y Bladimir Zamora lo acusaron de estar vinculado a la Oficina de Intereses de Estados Unidos, incluso de recibir dinero. “Creo en la dignidad de la escritura. Si el medio padece analfabetismo, pagaré el precio. Pero no justificaré mis columnas”.

¿Fidel o Raúl? O…

¿Patria o muerte? Viviremos…

¿Un líder para el futuro? Por supuesto…

¿Obama? Un nuevo mapa.

El comandante quiere que yo le aplauda, después de hablar su mierda delirante… Usted es un tirano y no hay pueblo que lo aguante”, dicen en una de sus canciones Porno para Ricardo, la banda de rock punk más potente de Cuba. No saben de medias tintas ni de correcciones políticas, y lo demuestran versos como éstos: “Raúl, Raúl, eres un farsante; Raúl, Raúl, a ti no hay quien te aguante”. Y eso, en Cuba, se paga. Gorki Águila (La Habana, 40 años) pasó dos entre rejas mientras se rodaba Habana blues, película para la que compuso un tema. Cayó en una trampa de la policía, con una jovencita de señuelo, y le acusaron de poseer dos anfetaminas. El verano pasado fue detenido de nuevo por “peligrosidad social predelictiva”. Gracias a la movilización de sus amigos y a la trascendencia internacional, el autor de El coma andante no fue condenado. Pero los tentáculos de la represión lo abarcan casi todo. Gorki, Ciro Díaz, Renay Kayrus y Hebert González sólo han dado un concierto en directo este año. Están prohibidos. Ni siquiera cuentan con una discográfica para editar su último disco, que dará que hablar (“La cosa está mala, cada día está peor, hay un Congreso de la Destrucción… El eje del mal está en el Comité Central”).

Rebelde? Lo soy desde mi adolescencia… ¡Pero no como el Che!”, enfatiza Claudia Cadelo (La Habana, 25 años; en la foto de la izquierda, mostrando su DNI y una sardónica pancarta contra el omnipresente Ministerio del Interior cubano). “Yo no me siento una rebelde. Como yo actúo, deberíamos actuar todos. Es lo más normal”, añade Lía Villares (La Habana, 24 años). Hablando claro, cada una desde su blog, Octavo Cerco el de Claudia, Habanemia el de Lía. Claudia, poeta, pintora, empezó a postear a raíz de la detención de Gorki Águila. “Es el único lugar donde hablo lo que me da la gana. En mi casa lo hago bajito, con las ventanas cerradas”. Esta poeta y pintora, que se gana la vida dando clases particulares, creció dentro del régimen. Su padre era un alto cargo del Ministerio de Interior (Minint) y fue embajador en África. Algo que no evitó que en su expediente policial aparezca una carta de advertencia por jinetera (prostituta). “Estaba en la calle ‘haciendo botella’ [autostop, práctica habitual en Cuba], cuando se paró un coche. Me cargaron dentro, eran policías”. Así de fácil te detienen en Cuba. Que se lo digan a Lía, música, futura cineasta, adicta a internet en el país con el internet más inaccesible del planeta, cuyo delito fue llevar unas zapatillas decoradas con un “Abajo Fidel” pintado a bolígrafo. “En mi blog yo trato de hacer una foto de mi Habana: delirio y caos, desastre y absurdo”.

El Gobierno ha perdido el monopolio informativo, superimportante para mantener el control”. Yoani engaña. No con sus palabras, puñetazos de cotidianidad albergados en el blog Generación Y. Pero sí con su fragilidad física, heredada de una adolescencia bajo el Periodo Especial. Error. Yoani Sánchez (La Habana, 33 años. En la foto posa con la torre José Martí, en la plaza de la Revolución de La Habana, de fondo) tiene la fuerza de un huracán caribeño y la frescura de la narrativa cubana clásica. Premio Ortega y Gasset, premio Bitácoras, personalidad mundial para la revista Time, Yoani acabó 2008 convertida en gran noticia del año, pero también en el punto de mira de la familia Castro. Primero el patriarca, Fidel, la amenazó con su dedo acusador. Y después Mariela Castro, hija de Raúl y cara amable del régimen por su lucha en pro de los homosexuales. Yoani alzó la mano en una conferencia en el Museo de Bellas Artes. Preguntó si se iba a extender a las libertades políticas la misma apertura. Mariela se atoró. Pero días después recuperó la voz a través de un artículo acusatorio –“con este servicio asegura el estipendio”–, pero peligroso (la mayor parte de los 70 periodistas condenados en 2003 siguen en prisión por acusaciones parecidas). ¿Miedo? “Estoy preparada para lo que venga, sea gloria o barrotes”. De momento lo que recibe es la admiración de mucha gente y la vigilancia del aparato policial. Sus posts corren por La Habana escondidos en lápices de memoria y minidiscos.

Cuba es de corcho, siempre flota”. Amaury Pacheco (Matanzas, 39 años) y Luis Eligio Pérez (La Habana, 36 años; primero y segundo por la izquierda en la foto) son las cabezas visibles de Omni Zona Franca, “un espacio libre y alternativo; alternativo a nosotros mismos”, compuesto por hasta 40 personas. La isla dentro de la isla que propone Omni está en Alamar, pequeña ciudad a la soviética construida junto a La Habana y territorio abierto a la libertad de expresión por el arte. En Alamar crece el hiphop de verbo más radical. “Buscamos los límites. La experiencia de Gandhi nos ha servido mucho”, señala Amaury. El festival Poesía sin Fin es uno de sus espacios más concurridos, “en el que está presente lo mejor que emerge ahora por toda la isla”. “Lezama decía que al pueblo cubano le hacía falta una medianoche de amor…”, parafrasea el propio Amaury, mientras Luis Eligio rebusca en sí mismo para concluir que Omni “abre espacios de libertad en el alma”.

Dar voz a los que no la tienen”. Alina Rodríguez Abreu (La Habana, 24 años) es una cineasta valiente. En un país donde se silencian los problemas, Alina filmó Buscándote Habana, un documental cuya difusión se ha multiplicado de mano en mano. “Los asentamientos ilegales son como lugares prohibidos, las favelas de Cuba. Creía justo hablar de ellos, pese a lo polémico. Lo convertí en un compromiso personal”. Sólo en La Habana existen más de 150 asentamientos ilegales. En uno de los más grandes malviven 3.000 personas. El atrevimiento de Alina chocó con la policía. “Nos llevaron a la comisaría y nos confiscaron la cámara. El ideólogo del partido nos cuestionó. «Sería mejor –nos dijo– rodar algo favorable a la revolución». Como si hubiéramos inventado aquel lugar. Nos borraron toda la cinta”. Pero Alina es atrevida y tenaz. Más detenciones, más policía, “incluso me dijeron que el enemigo podía utilizar mis imágenes contra la revolución”. Pese a todo, Buscándote Habana se hizo. Y su visión estremece el alma. “Criticamos a Estados Unidos y a Europa por los emigrantes, cuando nosotros también tenemos un muro de la vergüenza”. El documental no fue aceptado en el Festival de Cine Latinoamericano de 2006, pero ganó un premio en la sección paralela. Y luego, de ordenador en ordenador. Alina trabaja ahora en una historia de ficción, Para Elisa, y prepara Generación 09, diez historias de jóvenes realizadores con su visión de la revolución. Alina sorprenderá con la suya.

Soy un trovador en el más amplio sentido de la palabra. Aquel que va con la guitarra y defiende sus canciones”. El primer público de Ray Fernández (38 años, Santa Clara) fue la tribuna más habanera: el Malecón, “que recorría de un lado para otro, donde fui aplaudido y abucheado”. En uno de esos primeros días, Ray chocó contra el muro. “No me dejaron entrar al baño de un hotel, volví a mi casa muy enfadado. Y compuse ‘Lucha tu yuca, taíno’. Me salió en cinco minutos. La canté en una fiesta de los Comités de Defensa de la Revolución. Y fue muy bien acogida…”. Años después, esta canción (en la que aparece un cacique que no se llama Fidel…) es un himno rebelde en La Habana. “El primer sorprendido soy yo. Esa canción fue un exorcismo”. Ray canta hoy otras muchas, como Mister Policeman, El librero o Matarife (la discusión entre un hombre que cumplió diez años en prisión por sacrificio de ganado vacuno y un trabajador social). Ray fija su mirada pícara: “Yo soy hijo de la revolución. Pero me tendrían que sacar de aquí, exista el sistema que exista. La revolución es una cosa; el sistema, otra…”.

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