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Atracó decenas de bancos, pasó más de quince años en la cárcel, se desenganchó de la heroína y ha conseguido rehacer su vida

Dani el Rojo, de gánster a guardaespaldas

Fecha: 04/11/2010 12:29 Carlos Barrio/ Fotos: Guillermo Navarro ico favoritos Añadir a favoritos

Lo llamaban ‘el Millonario’. Fue atracador de bancos en los años ochenta y noventa. Politoxicómano desde los 16, consiguió desengancharse tras pasar varios lustros en la Cárcel Modelo. Ahora trabaja como guardaespaldas de artistas y futbolistas. Andrés Calamaro le ha prologado su libro, ‘Confesiones de un gánster de Barcelona’ (Ediciones B), escrito a cuatro manos con Lluc Oliveras.

Dani el Rojo Dani el Rojo

Cuenta Dani el Rojo que su primera adicción, siendo aún un niño, fue a la adrenalina. “No sé qué me gustaba más, si la emoción de robar o el dinero en sí”. Pronto descubrió que las dos cosas. “Mi padre era un respetable empresario. A veces llegaba a casa con un fajo de billetes. Un día le cogí uno de mil pesetas y vi que no pasaba nada. Me aficioné”. Tenía 13 años y dedicaba sus primeros botines a invitar a los amigos, salir con chicas y comprar chocolate, “del de fumar”. Fue su primera droga. Le siguieron la cocaína en vena –“eso de esnifar no se llevaba”– y la heroína, que empezó a inyectarse a los 16. A esa edad atracó el primer banco. “En total, habré asaltado unos quinientos”, afirma y asegura que no exagera. Hoy, 32 años después, trabaja como autónomo “acompañando” – así lo llama él– a artistas como Antonio Carmona, Rosario o Calamaro, y a futbolistas como Messi cuando firman libros, posan para una revista de moda o salen a comer con sus amigos. Politoxicómano desde los 16 años, terminó acogiéndose a una granja de rehabilitación tras pasar muchos años en la cárcel, de la que salió en 1996. “Mi miedo no era al ‘mono’ sino a saber si podría vivir normalmente con un sueldo”. Y se tomó la granja como una terapia de trabajo. “Me pasaba catorce horas diarias cargando pollos, miles de pollos, o talando árboles. No cobraba ni un duro, pero conseguí habituarme a currar”.

Aun así, tuvo que ir a la cárcel a dormir hasta 1999, cuando ya obtuvo la libertad total. Fue entonces cuando conoció a su actual mujer y madre de sus dos hijos. “Empecé trabajando de guardia de seguridad hasta que un día, en el aeropuerto, me encontré a Loquillo, al que conocía desde que teníamos 14 años”. Loquillo le ofreció llevar el merchandising de su marca. Fue conociendo a famosos, a los que les gustaba mucho su trabajo y terminó llevándoles la marca, como a Rosario. De otros, se ha convertido en su guardaespaldas y amigo, como le ocurre con Andrés Calamaro, que le ha prologado su libro, “Confesiones de un gánster de Barcerlona” (Ediciones B).

Más información en la revista Interviú.

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