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De Juana fue de `Fuerza Nueva´

Fecha: 12/03/2007 0:00 Ana María Pascual (Con información de Juan Luis Álvarez)
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El terrorista al que ahora veneran los aberzales, el activista al que ETA llegó a considerar traidor y cuya fi gura vende ahora Batasuna como la de un héroe tiene un pasado fascista. Según recuerdan parientes y compañeros de estudios, fue de Fuerza Nueva en su juventud.

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12/03/07

Aníbal Herrera Hernández es ya septuagenario. Prácticamente toda su vida ha residido en Basauri (Vizcaya), donde habrá visto de todo, pero aún le impresionan las contradicciones de Chacho, su pariente lejano. Así llaman al cuñado de su sobrino. Chacho es famoso, más conocido aún por su nombre: Ignacio de Juana Chaos.

La familia de Aníbal Herrera se cruzó con la del terrorista cuando, en los 70, la joven Altamira de Juana –hermana de Iñaki– comenzó a salir con Jesús Mari, hijo del comandante de Infantería José María Herrera Hernández. A los Herrera los De Juana Chaos no les levantaban sospechas de cercanía a ETA. Altamira era hija de un médico, Daniel de Juana Rubio, casado con Esperanza Chaos, que era hija de un militar de Tetuán. El doctor Daniel de Juana había pertenecido a Falange Española y de las JONS en los años cuarenta y había sido un combatiente condecorado del bando rebelde en la guerra civil. Además Iñaki, el pequeño, era de Fuerza Nueva. La organización política de ultraderecha fundada por Blas Piñar tenía en aquellos años algunos adeptos en el País Vasco.

“Cuando Jesús Mari, mi sobrino, se casó con Altamira de Juana Chaos, fue un acontecimiento feliz”, recuerda Aníbal. La desgracia vendría después, comenzados los 80. “A Iñaki de Juana le llamábamos en la familia Chacho. Era un muchacho normal, simpático. Era de Fuerza Nueva. No lo ocultaba; al revés. En aquellos años había muchos así. Estuvo varias veces comiendo en casa de mi madre, en Basauri. Se metió en la Ertzaintza hasta que huyó cuando se descubrió el robo de unas armas en el que él había participado. Ya era de ETA. Nos quedamos todos helados”, explica Aníbal Herrera a interviú. En 1979, cuatro años antes de que el entonces ertzaina De Juana Chaos huyera a Francia y se integrara en el comando Madrid de la banda terrorista, un atentado golpeó a la familia Herrrera-De Juana. El 2 de enero de 1979, ETA asesinó al comandante José María Herrera. Era un militar vasco. Había nacido en 1925 en Basauri y residía desde 1940 en San Sebastián. Un comando etarra lo acribilló a balazos ante la puerta de su casa, en el barrio donostiarra de Amara. El comandante era ayudante del gobernador militar de Guipúzcoa. El hijo del fallecido, Jesús María Herrera, aseguró que su padre no pertenecía a ningún partido ni estaba adscrito a ninguna ideología y que nunca había ejercido actividad política. Era un golpe al Ejército justo cuando acababa de ser refrendada la Constitución de 1978.

En 1979, Iñaki de Juana Chaos era un fascista fogoso, según cuentan familiares políticos y compañeros de estudios. Cuando los Herrera preparaban las exequias, el hijo del comandante muerto le tuvo que pedir calma. “Jesús Mari le debió de decir a Chacho: «Oye, por favor, ni tú ni tus amigos [de Fuerza Nueva] vayáis a formar un espectáculo en el entierro de mi padre”. Incluso la viuda, María Teresa Embid, pidió públicamente en el funeral que no se hicieran proclamas políticas. En vano. En la ceremonia fúnebre el ambiente estaba muy caldeado y se oyeron gritos contra ETA, la misma banda terrorista a la que cuatro años después de aquello se uniría Iñaki de Juana, sembrando en su nombre 25 muertos.

En Amara, el barrio donde asesinaron al comandante Herrera, sigue residiendo su viuda, María Teresa Embid. Es una mujer menuda, elegante, que suele llevar gafas oscuras. Todo el mundo en Amara la conoce como una víctima de ETA emparentada con la familia de Ignacio de Juana. Hace ya bastante tiempo que se trasladó a vivir al mismo edificio que su nuera y que su consuegra, Esperanza Chaos, la madre del terrorista, que falleció el pasado 27 de enero. Teresa Embid cuidó de su consuegra, enferma de Alzheimer, desde 2004 hasta su muerte. “Tere se lleva muy bien con Altamira (su nuera), pese a que su hijo y ella se divorciaron”, cuenta Aníbal Herrera. Jesús Mari y la hermana del etarra se divorciaron en los 90. Él se volvió a casar, con una murciana. “Entre ellos no infl uyó para nada la pertenencia a ETA de Chacho”, aclara Aníbal. María Teresa Embid no ha querido hacer declaraciones a interviú. Su piso está debajo del que habitaba la madre de Iñaki de Juana. En el buzón figura aún el nombre Ignacio de Juana. El etarra está hoy ingresado en el Hospital Donostia, de San Sebastián, en el que trabaja su hermana Altamira de supervisora general y jefa de enfermería del centro. Alumnos de la Escuela Universitaria de Enfermería cuidan a Iñaki de Juana. Algunos de ellos son aberzales y están encantados de velar por la salud del que consideran un héroe.

“A veces venían sus amigos de Madrid a verle cuando estaba en el Instituto Rekalde de Bilbao. Eran gente muy facha. Venían vestidos de cuero, muy chulos. Algunos ya iban con la cabeza rapada en aquellos tiempos”. Lo relata un compañero de estudios de la etapa bilbaína de Ignacio de Juana, que estudió el COU en el 75. El que hoy es el terrorista más famoso de ETA tenía amigos del entorno ultra no sólo en el País Vasco, sino también en Madrid. Y eso que el adolescente De Juana, aunque de familia franquista, estudió el bachillerato en uno de los colegios más liberales de la época, el Doctor De la Fuente Chaos, en Guadalajara, un internado que llevaba el nombre de su tío Alfonso, eminente cirujano, presidente del Consejo General de Médicos y, a la sazón, presidente de la Real Federación Española de Fútbol entre 1954 y 1960. El doctor Alfonso de la Fuente era un prohombre del Régimen –creó, junto a Girón de Velasco, el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE)– y uno de los médicos más in_ uyentes de la época. Impulsó el Colegio para Huérfanos de Médicos, aunque al _ nal, como no se cubrían plazas, entraba también otro tipo de alumnos. “Era uno de los tres o cuatro líderes del patio del recreo –recuerda un alumno de la época–. Se le daba bien el montañismo y la espeleología, y coger fósiles. De cuevas sabía mucho. Creo que luego se hizo especialista en zulos ¿no?”. “Era un centro de internos modelo –recuerda un profesor de entonces–. Había piscina cubierta, música, teatro... Yo estuve desde que abrió, en 1967, hasta que cerró, en 1979. Y claro que le di clase a Iñaki. Era un chaval normal, que no destacaba ni para bien ni para mal. La madre, una señora”.

Ahí estudió ese “joven normal” en cuarto, quinto y sexto de bachillerato (terminó en 1972). Alguno de sus compañeros recuerda esa normalidad con matices: “Era un poco estirado. Cuando a nosotros nos venían los giros de casa los viernes –dice–, eran de 200 o 300 pesetas; pero a él le daban 15.000, lo que le permitía irse hasta el domingo por la noche al Hotel Pax y comer en los mejores sitios. Además, la directora [Rosario Lara] tenía con él un trato especial, tal vez porque era muy cercana a su tío”. Él, como todos sus compañeros, se llevó una sorpresa al saber su militancia: “Nos preguntábamos: ¿Iñaki de ETA? ¡Si era uno más: excursiones, deporte, intentos de ligue en la discoteca Óscar...! ¡Si se echó dos novias en Guadalajara!”. De Juana se fue a Madrid a estudiar Enfermería. En la capital no llevaba la austera vida de un estudiante: manejaba una buena paga semanal. Residió en un colegio mayor muy cercano a la Moncloa, donde coincidió con más amigos de ultraderecha. En el mismo colegio vivía además un estudiante abulense que con el tiempo llegó a ser ministro del Interior: Ángel Acebes.

Pero De Juana no ejercería nunca de enfermero, sino más bien de matarife. Antes, formó parte de la segunda promoción de hertzianas vascos. Cuando ingresó en la academia policial de Arkaute (Álava), llevaba bigote y tenía una fuerte complexión. “Era dócil, obediente, correcto –recuerda uno de sus antiguos profesores–. En la información que tenía el PNV sobre él constaba que era un españolista, nada cercano al nacionalismo”. Vistiendo el uniforme de la Ertzaintza, Ignacio de Juana conoció al sargento Josu Guergue, que más tarde estuvo implicado en el asesinato del superintendente de la policía autonómica, Carlos Díaz Arcocha. La bomba que le mató fue colocada en 1985. Para entonces, Iñaki de Juana ya había pasado las mugas que tan bien conocía como montañero. Huyó a Francia tras el robo de 200 pistolas en la Diputación Foral de Guipúzcoa. Sus compañeros de Madrid, al igual que los que le conocieron en el colegio, se quedaron atónitos. Cuando sus amigos le preguntaron a la madre, Esperanza Chaos, el porqué de ese insólito cambio, de ultraderechista a etarra, ésta se limitó a responder: “Han sido las malas compañías. Tal vez una mujer”. Una amiga de la época apunta en este sentido: “Por entonces, Iñaki también tenía amigos del Grapo en Miranda de Ebro, donde seguía viviendo parte de la familia paterna, y en Trespaderne [Burgos]. –recuerda–. Era muy fanfarrón. Yo creo que se metió en la Ertzaintza de lo cañero que era”. El 16 de enero de 1987, De Juana fue detenido siendo jefe del comando Madrid. Era el fin de una sanguinaria carrera que se saldó con 25 muertos.

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