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Drogas buenas

Fecha: 06/03/2006 1:00 Alberto Gayo ico favoritos Añadir a favoritos
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Anfetamina para corregir el síndrome de hiperactividad de los niños, ketamina o GHB para curar la adicción al alcohol, el principio activo de la marihuana para luchar contra tumores cerebrales… Ésta es la cara amable de las drogas de moda cuando se usan con fines terapéuticos.

La esperanza de vida de los que sufren un glioblastoma multiforme –tumor cerebral sin cura conocida– es de 6 a 12 meses. Anualmente, tres de cada 50.000 personas lo desarrollan en España. Cuando el investigador de la Universidad Complutense Manuel Guzmán y su equipo solicitaron en los 90 permiso para utilizar el tetrahidrocannabinol (THC) –principio activo de la marihuana– como agente antitumoral, no intuyeron siquiera el avance que iba a suponer su trabajo. En estos años, Guzmán ha comprobado que el THC paraba el crecimiento del glioblastoma en roedores. “En los ratones se producía una inhibición del crecimiento del tumor, y en las ratas, incluso, desaparecían las células tumorales”, explica este bioquímico.

Tras el permiso de la Agencia Española del Medicamento, el ensayo se ha puesto en marcha en el Hospital Universitario de Canarias. Según ha podido saber esta revista, está en la fase I, que es cuando se prueba en personas la toxicidad, tolerancia y vía de administración del THC. Son diez pacientes con tumores cerebrales en fase avanzada, todos voluntarios y con una edad que ronda los 50 años. Lo más importante es la vía de administración –intracraneal–, la forma más directa de que el THC llegue al tumor.

La fase I durará alrededor de dos años. Luego vendrá la II, donde se buscará el efecto terapéutico en un grupo de entre 10 y 20 pacientes, para pasar luego a la fase III, un ensayo con cientos de pacientes en varios centros sanitarios. En total, y si todo va bien, habrá que esperar entre 5 y 10 años para la conclusión de la fase III. En humanos, el diagnóstico precoz no es posible, el tumor se detecta cuando ya está muy avanzado. “Lo que se busca con esto es encontrar una terapia combinada de fármacos que puedan cronificar la enfermedad”, comenta Guzmán.

Desde hace veinte años son conocidas como las pastillas del buen rollo, las de la empatía. Los éxtasis –en realidad hablamos de la metildioximetanfetamina (MDMA)– y los inseparables ritmos de la música electrónica se convirtieron en la auténtica revolución de las noches de fiesta de final de siglo. Pues bien, entre 1971 y 1985, varios psiquiatras de Estados Unidos y Suiza experimentaron clínicamente con MDMA pensando que beneficiaba a los pacientes que sufrían trastorno por estrés postraumático. La base de este trastorno es el miedo provocado por una experiencia horrible (agresión sexual, catástrofe, guerra…) y la secuela principal es no poder controlar el recuerdo del suceso. En la actualidad, la mejor terapia contra este shock son los antidepresivos. “Cuando hay un trastorno, se produce una vibración brusca de las neuronas del estrés en el hipocampo, la parte del cerebro donde se contextualizan los recuerdos. Cuando se reexperimenta el suceso o se reproducen imágenes, el cerebro se esfuerza para integrar ese recuerdo, la persona sufre una disociación, no reconoce sus propias emociones, no hay confianza, no puede comunicarse satisfactoriamente con los demás”, comenta gráficamente José Carlos Bouso, psicólogo y pionero en conseguir la autorización para realizar un estudio clínico con el principio activo del éxtasis. El ensayo se inició con un grupo de mujeres que habían sufrido una agresión sexual, pero al poco tiempo responsables políticos decidieron la interrupción presionados por no se sabe qué.

La principal hipótesis es que la MDMA facilita que la persona pueda recordar el suceso en ausencia de miedo, ayuda a integrarlo y a reconocerse a sí mismo retomando la confianza. En Carolina del Sur (Estados Unidos), la consulta del profesor Michael Mithoefer ha conseguido la autorización de la DEA (agencia antidroga) y de la FAD (agencia sanitaria) para realizar un ensayo similar. Todos son pacientes que fracasaron con tratamientos convencionales y el objetivo es tener una herramienta eficaz para los trastornos de los combatientes en Afganistán e Irak. Otros dos estudios con el mismo objetivo están en las primeras fases burocráticas, uno en Israel y otro en Suiza. Por otra parte, el psiquiatra John Halpern, de un centro asociado al Harvard Medical, ha pedido autorización para ensayar la MDMA contra la ansiedad y depresión que provocan el cáncer en fase terminal. El último estudio en marcha está en la Universidad de Hannover, en Alemania, donde se usa en terapias de pareja.

ANFETAMINA PARA ESTAR ATENTOS

Los derivados anfetamínicos, desde mediados del siglo XX, siempre han estado circulando entre las farmacias y las calles. Si entre los años 60 y 80 las centraminas y las dexedrinas triunfaron en los ambientes estudiantiles y fiesteros, en la actualidad es la metanfetamina –conocida popularmente como speed– la que más se mueve como droga psicoestimulante al margen de la cocaína. Paradójicamente, la dextroanfetamina (comercializado con el nombre de dexedrine) es uno de los psicofármacos más efi- caces para tratar el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), un síndrome que afecta al 7 por ciento de los niños y a más del 3 por ciento de los adultos, y que podría influir claramente en los índices de fracaso escolar y laboral y en los de vulnerabilidad al uso abusivo de drogas. “Estamos hablando de una sustancia muy investigada, con un consenso psiquiátrico muy amplio sobre su eficacia. Además, son sustancias seguras, no tienen que ver con otras anfetaminas. Cuando un niño sufre este trastorno, es que funciona mal su sistema dopaminérgico, hay menos dopamina en la parte del cerebro que influye en la atención o en la planificación de tareas. Este tipo de anfetamina aumenta esa dopamina”, explica el psiquiatra y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Joseph Antoni Navarro, del Hospital Universitario Vall d’Hebrón. Aunque la dextroanfetamina se utiliza en la mayoría de los países para tratar este trastorno, en España se dejó de comercializar en los 90 por un exceso de papismo ante ciertas sustancias que habían pasado a formar parte de las drogas recreativas. “La anfetamina se retiró hace años con mal criterio. Aquí utilizamos otro estimulante, el metilfenidato, que también funciona bien”, añade Navarro.

KETAMINA Y GHB CONTRA EL ALCOHOLISMO

Imaginemos a un alcohólico con la personalidad trastocada, con una adicción autodestructiva. Imaginemos que bajo supervisión médica toma una dosis de ketamina, anestésico usado como droga visionaria que ha pasado de los circuitos médicos a las noches de fiesta. En pocos minutos comienza a tener una experiencia cercana a la muerte (las llamadas ECM), a ver cómo su cuerpo y su mente se disocian, cómo se observa a sí mismo deteriorado por el alcohol. Por último, imaginemos que tras la experiencia, y ayudado por un psicoterapeuta, su mente arranca para ponerse en orden y acaba convencido de que el alcohol va a matarle. Puede parecer ciencia ficción pero en la ciudad rusa de San Petersburgo, en el Hospital Psiquiátrico, el doctor Eugeni Krupitsky ha desarrollado una psicoterapia que utiliza como herramienta la ketamina. Más de mil pacientes han pasado por allí desde 1985. En uno de sus estudios, con más de cien alcohólicos, alrededor del 60 por ciento de los tratados con ketamina se mantuvo abstinente durante el primer año.

Este proyecto ha quedado interrumpido porque muchos gobiernos de países donde la ketamina ha entrado con fuerza como droga de abuso en las noches de marcha han decidido pasarla a la Lista I de sustancias prohibidas.

En la Universidad Católica de Roma, el doctor Giovanni Addolorato lleva desde los años 90 estudiando el potencial de la gammahidroxibutirato –conocido como GHB o mal llamado éxtasis líquido en el mercado negro– en las psicoterapias contra el alcoholismo. Addolorato ha comprobado que la GHB mantiene similitudes farmacológicas con el etanol (alcohol etílico) y puede suprimir el ansia de beber. Un estudio con 179 alcohólicos demostró que del 70 por ciento de los pacientes que acabaron el ensayo dos terceras partes se mantuvieron en abstinencia. Para defender los ensayos con GHB, el profesor sostiene que en Estados Unidos las terapias de Alcohólicos Anónimos sólo son eficaces para entre el 5 y el 15 por ciento de los pacientes.

En sus publicaciones, Addolorato explica que “tras tres meses de tratamiento, la GHB se ha mostrado más eficaz para mantener la abstinencia que la naltroxona”, otro fármaco utilizado en la deshabituación de toxicomanías. Vértigos, somnolencia y menor rapidez en los reflejos son algunos de los efectos secundarios del tratamiento con GHB.

La GHB apareció a principios de los 90 en Estados Unidos como un producto que ayudaba a perder peso y al desarrollo muscular. Hoy en día es una de las drogas recreativas que más preocupan a las autoridades. Entre los efectos de una sobredosis destacan los estados de coma transitorios.

AYAHUASCA, LA TERAPIA DE LOS DIOSES

Es una de las sustancias más polémicas. Reconocida en gran parte de Suramérica como fuente chamánica y de psicoterapia, en los países occidentales está prohibida su utilización. La ayahuasca –resultante de cocinar una liana amazónica del mismo nombre con otros ingredientes– es básica en la cultura quechua (ayahuasca significa cuerda que nos comunica con el mundo de los muertos) y se ha descubierto que aporta al organismo un inhibidor de la enzima monoaminooxidasa y también dimetiltriptamina, dos sustancias implicadas directamente en la producción de los sueños nocturnos. Para los chamanes, es una sustancia sagrada que sin dormirles les provoca una situación onírica similar al sueño.

“Es una sustancia con gran potencial terapéutico. Actúa sobre la parte del cerebro que almacena los recuerdos más antiguos y los de difícil acceso, los infantiles, los vergonzosos… En una sesión con ayahuasca se puede acceder a esos espacios del cerebro siempre con el terapeuta en un determinado contexto. El paciente puede tener fotografías del periodo de la vida que le impide llevar una vida tranquila”, sostiene Josep María Fericgla, doctor en Antropología y director de la Sociedad de Etnopsicología Aplicada.

Fericgla, verdadero especialista en esta sustancia, explica que es una experiencia fuerte, que debe hacerse bajo supervisión de un terapeuta y en “entorno limpio, no es algo para jugar o divertirse”. Este historiador piensa que la ayahuasca serviría perfectamente como herramienta para tratar a toxicómanos. “La causa de una adicción está en la persona, no en la sustancia. Adicción es un comportamiento compulsivo, sabe que le daña pero no puede evitarlo. Ese consumo compulsivo viene a tapar carencias internas, profundas, dolorosas, del individuo. La ayahuasca destapa esa bolsa de recuerdos censurados y al terapeuta le ayudaría a trabajarlos. La terapia clásica tarda años en alcanzar esos recuerdos, la ayahuasca lo puede conseguir en un sesión”.

¿Por qué entonces no se investiga más? Fericgla sostiene que para que se legalice una sustancia tiene que haber laboratorios farmacéuticos que presionen para sacar esta sustancia de la Lista I de drogas prohibidas; “pero ya se han encargado esos laboratorios de conseguir leyes de experimentación que sólo ellos pueden cumplir. Los antidepresivos actuales tienes que estar tomándolos toda la vida, ¿cómo van a querer los laboratorios experimentar con ayahuasca si en una o dos sesiones se pueden resolver muchos problemas? No les interesa económicamente”. Por su seminario, donde participan psiquiatras alemanes, españoles y de Estados Unidos, han pasado a lo largo de estos años 600 especialistas para conocer cómo manejar esta sustancia. De hecho, en algunas zonas de nuestro país hay terapeutas que utilizan en ocasiones esta sustancia.

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Comentarios recientes

  • mateo sanchez 20/01/2014 22:52

    quien sabe

    Comentario fuera de tono

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