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El baño de sangre del ejército en Irak

Fecha: 19/12/2005 0:00 Luis Rendueles/Manuel Marlasca ico favoritos Añadir a favoritos
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“Una carnicería. La batalla más encarnizada del Ejército en mucho tiempo”. Así lo recuerda un legionario que participó en el baño de sangre del 26 de abril en Irak. Algunos fueron interrogados en la cárcel de Base España con capuchas sobre la cabeza y música ‘heavy metal’ de fondo, siguiendo manuales americanos.

19/12/05 “Estaban bien parapetados, habían hecho un foso bajo un puente. Los combates duraron más de dos horas. No quisieron rendirse y fue una carnicería”. Uno de los legionarios del contingente español en Irak, oficial veterano en misiones internacionales, recuerda el baño de sangre en Diwaniya. Fue el 26 de abril de 2004, ocho días después de que Rodríguez Zapatero anunciara el regreso de las tropas.

“Tres vehículos escoltaban los convoyes. En una carretera que bordea la ciudad, recibieron fuego desde un puente. Los compañeros respondieron, fijaron la posición del enemigo y pidieron refuerzos”. Poco después llegó “gente de la Legión en BMR (Blindado Medio sobre Ruedas). Éramos quince o veinte”.

La infantería entabló combate sin echar pie a tierra. “Nos tiraban con fusilería, ametralladoras y lanzagranadas, pero nosotros estábamos dentro del blindado, no nos hacían nada. Disparamos donde estaban ellos, bajo un puente, en un foso de unos cuatro metros de ancho. Estaban en una ratonera, no tenían salida”. Los legionarios utilizaron al traductor para ofrecerles la rendición, pero se negaron. “Eran unos veinte. Luego nos enteramos de que el imán fue el que se negó y los demás le obedecieron”.

“Disparamos mucho, con armas pesadas, ametralladoras, pelotón de fusiles, se metió de todo. Vimos cómo cayeron siete muertos. Uno intentó escapar en un coche, pero le disparamos desde el blindado y quedó achicharrado. Cuando vieron que caían sus jefes, se rindieron. Fue la batalla más encarnizada del Ejército español en mucho tiempo”.

Los informes del Ejército sobre aquel incidente cuentan entre los atacantes siete muertos y siete detenidos. Pero cuatro días después, otro informe matiza que los muertos fueron once: “De Al Budayr murieron siete. De la localidad de Nufar murieron dos y cuatro están heridos, uno con pérdida de brazo, otro con un disparo en un pie, otro con un disparo en el costado y el cuarto «se ha vuelto loco»”. El informe dice que “la diferencia de cuatro bajas más indicaría que de los veinte individuos que intervinieron en el ataque, sólo cinco resultaron ilesos”.

La policía iraquí acudió a Base España y se llevó los cuerpos, cubiertos por mantas del Ejército español. “Llevar los muertos a la base fue un gesto para levantar la moral de nuestra tropa, que estaba sufriendo ataques constantemente; como para los iraquíes, para que vieran que sí, que nos íbamos, pero que no era gratis atacarnos”. Este oficial no se arrepiente de su actuación. “Fuimos a combatir –dice–. Yo hice mi trabajo. La Legión no está para repartir caramelos”.

Los siete detenidos fueron trasladados al botiquín y luego a las celdas de una “cárcel que había en Base España. En teoría, sólo teníamos que fichar a los detenidos y entregarlos a los americanos, pero los teníamos en las celdas cuatro o cinco días para interrogarlos. Así conseguimos informaciones sobre las emboscadas que preparaban y sus planes para envenenar el agua de la base”.

Los interrogatorios permitieron descubrir la identidad de los muertos: “El jefe era el imán Mohsen, que dirigía una mezquita. Había guerrilleros, pero también agricultores analfabetos a los que les dijeron: «Vamos a matar españoles». Algunos ni sabían manejar armas y uno estaba drogado”.

Los interrogatorios realizados por agentes de inteligencia españoles no respetaban siempre la Convención de Ginebra, según relatan dos oficiales. “Los españoles no torturamos ni humillamos, pero sí metimos presión. Se seguían algunos manuales americanos: les colocábamos sacos terreros en la cabeza a los que no colaboraban para que perdieran el sentido de la orientación. A los más rebeldes les poníamos un CD de ‘heavy metal’ de Metallica”, explica uno de los agentes de inteligencia que estuvo en Base España. Ésa también fue herencia estadounidense; los americanos presumieron de que un disco de AC/DC sirvió para ablandar al dictador panameño Manuel Noriega.

Pero quizá la práctica más discutible del Ejército español en Irak fuera la aplicación de un suero a algunos detenidos. “Se les inyectaba por la nariz una jeringa con líquido, no hace ningún daño permanente, no deja huella, pero pasas diez minutos chillando como un gorrino”, afirma este oficial, que asegura que el suero es una novatada común en los grupos de operaciones especiales.

La retirada se completó con orden y con honor, “no fue ‘maricón el último’, aunque casi nadie estaba de acuerdo”, según este militar, después de que “la Legión lavara la cara del Ejército, que estaba por los suelos, porque hasta entonces nos tiraban y huíamos”. En cuanto a la politización de su misión, asegura que el Gobierno del PP “dijo que nos mandaba a una zona hortofrutícola, y yo no vi a nadie labrando. Querían quedar bien con los americanos pero sin tener bajas, querían coger peces sin mojarse el culo. Cuando faltaba poco para las elecciones, desde Madrid se tiraba de la cuerda para evitar los combates. Mandaron al Ejército pero lo ataron de pies y manos”.

El PSOE y el nuevo Gobierno no se salvan de sus críticas. “Después del 11-M, recibimos menos apoyo que nunca desde España. Dijeron: las bombas nos las han puesto porque están los militares en Irak. El PSOE manipuló a la gente para conseguir ventajas políticas y creó un estado de opinión que le benefició y no pensó en los que estábamos allí”. El legionario considera que “en estas misiones, nosotros estamos dispuestos a poner los muertos (once militares fallecieron en Irak), pero los políticos tienen que dar la cara, no pueden mentir ni esconderse. Y unos, los del PP, nos mandaron allí con mentiras; y otros, los del PSOE, nos devolvieron a casa y se esconden”.

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