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El caudillo Gul Haidar, un señor de guerra en busca de paz

Fecha: 24/08/2009 ico favoritos Añadir a favoritos
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Un muyahidín que perdió una pierna en la guerra contra los rusos y lleva toda la vida guerreando se esconde en las montañas de Panjshir. Gul Haidar y su s cofrades ‘señores de la guerra’ han combatido contra toda forma de gobierno en Afganistán. Ahora dice que apoya a la OTAN y a las tropas españolas.

Su presencia impone respeto. Acompañado por varios de sus subordinados, cinco muyahidines compañeros de armas y amigos, el comandante Gul Haidar nos recibe fumando en una cachimba amarilla en el jardín de su casa de la región de Panjshir. El primer intento de sacar la cámara es fallido. El comandante insiste en que nos sentemos unos minutos, para acostumbrarnos a la altitud. Gul Haidar es un guerrero de las montañas de Panjshir, uno de los señores de la guerra de Afganistán que ha combatido en todos los conflictos que se han ido sucediendo en este país desde 1979.

Ahora, los afganos afrontan un complicado proceso electoral y de elección de nuevo gobierno mientras la ofensiva talibán se recrudece y los atentados se multiplican. Gul Haidar cree en la democracia, pero al igual que la mayoría de los afganos está desencantado con los líderes políticos, que no han logrado estabilizar el país desde que se echó a los talibanes del gobierno en 2001. “Afganistán necesita un Gobierno que trabaje para el pueblo”, sentencia. En su opinión, el presidente del país, Hamid Karzai, no trabaja para los pobres y, por tanto, no está cerca del pueblo. “La actual Administración de Karzai es muy débil, no está formada por profesionales y no tiene personas competentes en las que delegar”, subraya. Sin embargo, este señor de la guerra y otros como él, le han apoyado en las elecciones, sólo tras una negociación personal y secreta que el presidente mantuvo con ellos. Aunque no le apoyan abiertamente, le respaldan.

Gul Haidar dice que los muyahidines y las tropas internacionales están en el mismo bando y que es necesaria la presencia militar en el país hasta que los talibanes sean derrotados definitivamente. “Europa y los países de la coalición internacional tienen que apoyar a un líder fuerte, que sea de Afganistán y que trabaje para Afganistán”, afirma el comandante, que también opina que los señores de la guerra deberían haber sido incorporados al Gobierno porque “conocen a su pueblo mejor que nadie y han luchado por él”.

Gul Haidar era uno de los comandantes favoritos de Ahmed Shah Massoud –el León de Panjshir–, el líder de la resistencia que derrotó al Ejército ruso, libró guerras civiles y luchó contra los talibanes hasta que fue asesinado horas antes de los ataques a Estados Unidos en septiembre de 2001. Gul Haidar luchó a su lado desde que tenía 17 años y la antigua Unión Soviética intentó implantar un régimen comunista no islámico en Afganistán. Eso fue a finales de los 70 y desencadenó una guerra que duró una década. Gul Haidar perdió la pierna derecha en esa época, luchando contra el ejército soviético. Pisó una mina. Massoud le envió a Londres para que le pusieran una prótesis, y cuando se recuperó volvió al Panjshir para seguir peleando.

Al señor de la guerra le gustan los pájaros –como a todos los afganos– y tiene media docena de periquitos en el patio, donde nos acomodamos junto a las jaimas. Hay una mesa para todos los que nos encontramos allí, y no hay distinciones a la hora de servir el té o de cocinar: todos colaboran, incluido Gul Haidar.

El señor de la guerra prosigue con su historia. Luchó con el célebre caudillo Massoud contra Gubuddin Hekmatyar –líder del radical partido islámico Hezb e Islami– en una guerra civil abierta. El fuego cruzado entre ambas facciones destrozó Kabul. Esta nueva guerra se prolongó hasta 1996, momento en el que hicieron su aparición los talibanes, que liderados por el mullah Omar tomaron la capital sin disparar ni un tiro. Los afganos, hartos de dormir bajo el fuego cruzado de los señores de la guerra, pensaron que los talibanes traerían paz. El León de Panjshir también llegó a creerlo, pero todos se equivocaron.

Gul Haidar rememora esa época: “Recuerdo cómo mataron a muchos afganos y quemaron sus tierras… Nosotros comprendimos entonces que su Gobierno no iba a ser justo, que no iban a traer la paz, que era el comienzo de otra guerra”. Y la guerra sigue siendo el destino de Afganistán a día de hoy.

“Si Afganistán, Pakistán, Estados Unidos y el resto de los países de la coalición lucharan juntos a ambos lados de la frontera con Pakistán se acabaría con los talibanes; pero si el mundo vuelve a olvidar a Afganistán, el terrorismo internacional se recrudecerá”, responde Haidar cuando se le pregunta por la solución al eterno conflicto en su país.

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