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Caso Diana Quer: "Si sé algo de la chica, os aviso"

El Chicle se ofreció como confidente a la Guardia Civil

Fecha: 09/01/2018 • Luis Rendueles ico favoritos Añadir a favoritos

Tres meses después de matar a Diana Quer, llamó a la Guardia Civil. Viejo conocido de algunos agentes, a los que dio chivatazos sobre traficantes de cocaína, Enrique Abuín, alias El Chicle, les dijo que había estado en las fiestas de A Pobra la noche que desapareció la joven madrileña. Les habló de un camello nuevo que andaba por la zona y, para despistarlos, se ofreció a rastrear información sobre el agresor de la chica en los ambientes de la delincuencia, donde llevaba media vida moviéndose con soltura. | Sigue leyendo.

Es un gato callejero. No tiene cultura, es huraño. Parece tonto, pero ha sobrevivido en un ambiente de drogas y delincuencia durante muchos años”. Uno de los investigadores que ha seguido a Enrique Abuín, alias El Chicle, define así al acusado del secuestro y asesinato de Diana Quer, la joven madrileña de 18 años que estaba desaparecida desde el 22 de agosto de 2016, cuando El Chicle la raptó. 

Enrique Abuín fue desde tres meses después de la desaparición de Diana uno de los objetivos principales de la operación Querpu de la Guardia Civil. Su teléfono móvil había hecho un recorrido casi idéntico al de la joven entre las 2.42 y las 2.58 de aquella madrugada. Con una salvedad, los dos móviles (según los registros de los repetidores telefónicos) habían salido de la noche de fiestas en A Pobra do Caramiñal (La Coruña) por zonas distintas, lo que despistó a los investigadores de la UCO.

Abuín, de 41 años, era viejo conocido de la Guardia Civil. En 2005 fue investigado porque su cuñada lo acusó de violación. Dos años después, fue detenido en la operación Piñata contra el tráfico de drogas. Incluso entonces, se adaptó a la situación. El gato callejero iba a sobrevivir. Por eso fue él quien condujo a los investigadores al escondite de los 17 kilos de cocaína (estaban en casa de sus padres, apenas a doscientos metros de donde años después ocultaría el cadáver de Diana Quer). Fue él también quien, durante las investigaciones y el juicio, señaló y cantó el papel de cada uno de los integrantes del clan familiar. “Pretendían que se comiera el marrón de que era quien organizaba todo, pero El Chicle fue señalando qué hacía cada uno”, recuerda un veterano investigador.

Gracias a eso, trabó cierta relación con guardias civiles de la zona y obtuvo una sentencia relativamente leve (fue condenado a dos años y medio de prisión). Casi once años después, la justicia aun no había resuelto que empezara a cumplir su pena y seguía en la calle.

Chivatazos

El Chicle siguió trampeando (marisqueo furtivo, robo de gasolina y gasoil) y saltando de trabajo en trabajo (una empresa de conservas, un astillero), aunque él se define como de profesión carpintero. Su hija (se casó tras dejar embarazada a una joven de 16 años) ha ido creciendo con los abuelos maternos.Durante este tiempo, no consta como confidente ni está dado de alta como tal en la base de datos de la Guardia Civil, pero fuentes consultadas por esta revista confirmaron que dio algunos chivatazos verbales con resultados desiguales sobre pequeños traficantes de droga, con resultados desiguales. “Vivió en el alambre toda la vida. Ofrecía información y conocía algún guardia”, explica una fuente del caso.

De hecho, el 24 de noviembre de 2016, El Chicle ve que hay un coche con dos hombres (son guardias civiles de paisano que han llegado de Madrid para investigarlo) que le siguen y se atreve a llamar a un agente de la zona al que conoce. En la conversación, él mismo admite: “hace mucho tiempo que no hablamos” y apunta que hay un tipo nuevo que se dedica a vender droga por la zona. Después, pregunta por lo que realmente le interesa: los dos tipos que le están siguiendo

El Chicle fue interrogado en persona por los investigadores ya entonces. Aseguró que había salido a robar gasoil con su mujer, que respaldó su historia. Luego, le pidieron el teléfono móvil. Entregó otro, no el que usaba habitualmente. Cuando le reclamaron el suyo, lo dio ya reseteado. Había vuelto a sobrevivir.

Antes de irse, gato viejo, decidió echar un órdago para despistar. Sabía que los agentes no tenían acceso fácil al entorno de drogas y delincuencia donde él se movía a la perfección y se ofreció para ser sus ojos y sus oídos allí: “Si me entero de algo de la chica esa, os aviso”. El asesino se estaba ofreciendo a los investigadores como su confidente.

La noche del 21 al 22 de agosto de 2017, exactamente un año después del secuestro de Diana Quer, los investigadores de la UCO organizan una reconstrucción de la noche en que desapareció. Utilizan drones, imágenes de satélite y cientos de guardias civiles. Algunos, los menos, se infiltran en las fiestas de A Pobra como turistas que acuden a la verbena; otros, la mayoría, repasan la ubicación exacta de los feriantes, comprueban que no falta ninguno del año anterior, dónde se colocan. Los expertos revisan los repetidores de teléfonos. Y comprueban que cuando hay saturación en las líneas, como la noche grande del pueblo, los móviles cambian de repetidor: El Chicle y Diana han salido juntos, por el mismo camino y a la misma hora, del pueblo.

Ajeno a eso, la noche de Navidad, Abuín acude con su coche y trata de secuestrar a una mujer de 28 años, aunque con apariencia juvenil. La mete en el maletero, ella graba sin querer con su móvil. Dos jóvenes la rescatan. El Chicle sale zumbando. Ella ve que su matrícula empieza por 9 y tiene una letra D. “Ha vuelto a nacer”, admiten fuentes del caso.

Al día siguiente, los guardias civiles de la UCO vuelven a Galicia. El viernes 29 de diciembre deciden detener a Abuín, pese a que el juez había archivado provisionalmente las investigaciones el pasado mes de abril. El hombre va al fisioterapeuta cuando le abordan. Lo detienen por el intento de secuestro de la chica y la desaparición de Diana Quer. Está muy nervioso.

Su esposa, como siempre, vuelve a respaldarle. “La  única noche que mi marido ha dormido fuera de casa fue una que fue al estadio Santiago Bernabéu para ver un partido del Real Madrid”. La detienen. Si sigue manteniendo que aquel 22 de agosto salió con su marido a robar gasoil a los feriantes instalados en el pueblo, irá a prisión como coautora del secuestro de Diana Quer. La mujer cambia de versión. Su marido salió de casa, ella se quedó allí con su hermana Elena y su cuñado. Su teléfono móvil, en efecto, no se movió del domicilio. El hombre regresa después de las tres de la mañana. En la casa está, es verano, su hija.

Llega la hora de la verdad. Un capitán de la UCO es el encargado de tratar con Abuín. “Necesito que me digas dos cosas: que la mataste tú y dónde dejaste el cuerpo”. El hombre se inventa la historia de un atropello accidental del que no hay ninguna evidencia. Asegura que la dejó en un polígono y que al final la tiró a la ría, junto a Taragoña. No le creen, pero lo importante es que lleve al cuerpo de Diana. | Sigue leyendo

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