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El clan de Ubrique

Fecha: 12/06/2006 0:00 Juan Luis ÁLVAREZ ico favoritos Añadir a favoritos

Gasolineras, clínicas, empresas de perfumería y de imagen y hasta inmobiliarias. El dinero de Jesulín de Ubrique ha dado para que toda su familia montasen negocios.

12/06/06

La operación Halcón –más de 40 millones de euros y 200 empresas implicadas en una red de fraude al Estado desarticulada en Cádiz– se empezó llamando operación Humberto, y no por casualidad: el padre del torero Jesulín de Ubrique, Humberto Janeiro, aparecía en las pesquisas de los funcionarios de Hacienda por varias razones: era presunto peticionario de pensión, tenía impagos al fisco y había cobrado exclusivas de los medios de comunicación a través de quien, muy pronto, se perfiló como auténtico cerebro de la trama, el ex jefe de la Policía Municipal ubriqueña Carlos Carretero Máñez, actualmente en prisión.

Al patriarca de los Janeiro le fueron detectados, por ejemplo, 70.000 euros de una exclusiva periodística ingresados a través de Consulting Carelly, sociedad de Carretero. Incluso una de las conquistas de Humberto, Camila Naranjo, cobró por entrevistas a través de otra de las empresas del ex policía, Gabana Consulting.

Las investigaciones, no obstante, fueron dejando claro que era Carretero quien manejaba los hilos de una trama cuya investigación pasó a denominarse, a partir de entonces, operación Halcón y que enseguida desembocó por su causa en una segunda: la red de fraude a la Seguridad Social desarticulada en la operación Karlos y en la que está implicada la esposa de Jesulín, María José Campanario. Las dos, pues, afectaban a los Janeiro. Y en las dos el nexo de unión es la misma persona: el empresario ubriqueño José Luis López Fernández, El Turronero, con quien los Janeiro –padre e hijos– no sólo comparten amistad, sino negocios de todo tipo, bien como socios directos o como socios de sus socios. Es una relación, además, que se remonta a varios años atrás. Esta revista intentó, sin éxito, ponerse en contacto con El Turronero –que tenía una petición en este sentido, además, desde la detención de María José Campanario–. Humberto Janeiro, por su parte, declaró el viernes 9: “Por teléfono no hablo ni con mi padre. No doy ni las buenas tardes”.

Humberto padre y El Turronero constituyeron hace cuatro años una sociedad limitada, Sierratauro. Se trata de una inmobiliaria, radicada en Ubrique –como casi todas las empresas del clan–, en la que también participa Francisco Chaves, socio de López en su principal marca, Gestión Inmobiliaria Ubriqueña (GIU). Estos dos últimos eran los dueños, precisamente, de otra empresa, Courier Ubrique, SL, hasta marzo del pasado año, cuando se hace cargo de ella Carlos Carretero en la persona de su secretaria y pareja sentimental, Elisa Calvente Gil, que es nombrada administradora única de la sociedad. Courier Ubrique es la firma a través de la cual Carretero se hizo con la delegación de la empresa de mensajería MRW en la Sierra de Cádiz.

Por su parte, los tres hijos varones tienen constituida una inmobiliaria en Vinaroz (Castellón) llamada Lodoja. La preside el propio Jesulín de Ubrique; su hermano mayor, Humberto, figura como vicepresidente, y el pequeño, Víctor Manuel, está inscrito como consejero delegado. El primogénito ha sido, asimismo, administrador solidario del Centro Médico Nuestra Señora de los Remedios, en Ubrique, hasta marzo de 2003. El mismo, como administrador, tuvo que firmar las cuentas de 2000 (ver documentos de la página 12), que arrojaron unas pérdidas de 3.857.086 pesetas, la mitad de los casi siete millones perdidos en 1999.

La clínica está participada en un 40 por ciento por Diarma, una sociedad dedicada a la manufactura de piel que administran solidariamente José Luis de Piña y Antonio Valle Morales. Ambos comparten –entre otras– la sociedad Piñavall y también eran socios de Humberto Janeiro y Carmen Bazán en la gasolinera que montó hace unos años el padre de la familia –a nombre de Gascuervo– y que derivó en fracaso comercial. Un familiar de José Luis de Piña, Cristóbal de Piña, aparece también como administrador único, en su día, de una agencia de viajes de El Turronero en Ubrique, Moloser.

Pero la familia de Jesulín tiene –o tenía, porque sí es cierto que algunas de las empresas, como ha declarado el propio patriarca, están ya inactivas– más negocios. Por ejemplo, crearon en Sevilla hace tres años Vimento, una empresa de “publicidad, explotación de derechos de imagen y exclusivas”, según el objeto social registrado. En ella figuran como administradores los hijos mayor y pequeño de la familia, Humberto y Víctor Manuel Janeiro Bazán, respectivamente, y, como apoderado, Antonio Hidalgo Mesa, la misma persona que, hace ya doce años, se asoció con Humberto padre en un comercio ubriqueño, Tiscar Ruiz. Víctor Manuel es, asimismo, socio único de Inversiones Victman, una empresa dedicada a “la promoción (...) de espectáculos taurinos y edificaciones”, según el Registro Mercantil, radicada en la misma sede social sevillana de la anterior.

Otra antigua empresa familiar es Rurrainver, constituida hace ocho años por el matrimonio Humberto Janeiro-Carmen Bazán en Ubrique para dedicarse a la compraventa y construcción de edificios, así como a las “explotaciones agrícolas y ganaderas”. Son, en algunos casos –y así lo han reconocido a esta revista fuentes cercanas al caso–, empresas sin actividad, que, aunque no estén dadas de baja en el Registro Mercantil, sí lo están ante Hacienda. Tal vez en eso se basa Humberto Janeiro cuando niega tener empresas pantalla para cobrar facturas, aunque Hacienda descubrió –como publicó interviú la semana pasada– pagos de diversos medios de comunicación a sociedades de Carretero, que, como siempre, se mostró dispuesto a hacer un favor a su “compadre” –así llama el policía a El Turronero en las conversaciones telefónicas intervenidas por el Juzgado– y poner a disposición de los Janeiro sus sociedades.

Carretero, siempre presunto eje de la doble trama facturas falsas-bajas médicas, sólo tiene a su nombre una empresa, Carla Javini –llamada así por sus hijos, Carla y Javier– , de la que, según las investigaciones, fue apoderado uno de sus presuntos testaferros, Vicente Gutiérrez García; pero sí tenía más de un millón de euros en metálico (intervenidos en varias cajas fuertes) y diversas propiedades: un local comercial de 189 metros cuadrados en Ubrique –embargado por una empresa y, curiosamente, también por la Seguridad Social–, el piso de 57 metros cuadrados en Salvador del Mundo, 2, de Cádiz capital, donde vivían sus padres, y una casa en Olvera procedente de una herencia. Además, claro, del chalé de la urbanización Dominio El Santiscal, en Arcos de la Frontera (Cádiz), de 230 metros construidos sobre una parcela de 1.300, que comparte al 50 por ciento con su aún esposa a efectos legales, Ana María Bravo.

Los Janeiro, como es sabido, tienen también sus propiedades –la finca Ambiciones es, tal vez, el mayor símbolo de ello– y sus negocios, aunque en muchos casos éstos no han sido precisamente boyantes. Aparte de las pérdidas de la clínica y la fallida gasolinera del patriarca, éste tenía otras sociedades que tampoco han ido bien. Así, Janeban Gasóleos y Lubricantes, la empresa que creó en 1999 en relación con la gasolinera, tiene registradas cuatro incidencias con las administraciones públicas: una deuda y reclamación de embargo con la Seguridad Social de Villamartín (Cádiz) por 2.651,33 euros y tres embargos más dictados por la Diputación gaditana en Jerez y Arcos de la Frontera; el último, de enero de este año.

Con todo, parece que ni Humberto Janeiro ni El Turronero están implicados –al menos directamente– en el proceso judicial de las operaciones Halcón y Karlos, pese a los negocios que pudieran tener o haber tenido con Carretero. De hecho, José Luis López está en libertad sin fianza después de haber declarado ante el juez jerezano Juan José Parra. Hay que tener en cuenta que El Turronero, muy bien relacionado con Pedro Pacheco, concejal de Urbanismo y ex alcalde de Jerez de la Frontera, intermedió también a título de amistad para que María Paz Cañero, secretaria del político andalucista, preparase con Carretero una pensión para su madre. Humberto, por su parte, ni siquiera fue citado a declarar. Fuentes del caso señalan, asimismo, que el dinero que ha podido no ingresar en Hacienda “no superaría nunca los 120.00 euros anuales” precisos para que se pueda hablar de delito fiscal, y lo ven como “una gota de agua” en una trama que, en el caso de facturas falsas, supera ya 40 millones de euros y alcanza a más de 200 empresas.

Conviene recordar que Carretero facilitaba empresas para que los intermediarios entre los pequeños talleres de piel, el principal motor económico de Ubrique, y los compradores finales cuadrasen sus balances de compras y ventas con facturas falsas. En este entramado, uno de los últimos en saltar ha sido el club de fútbol Xerez Deportivo, cuyo ex presidente José María Gil Salgado utilizó su constructora, Triana 95, para facturar con Área Inmobiliaria de la Sierra, una empresa pantalla de Carretero que, según informaba esta semana el Diario de Jerez, compró en 2002 Ubri Valor –una empresa de Humberto Janeiro– por 56.000 euros. En Área Inmobiliaria de la Sierra los investigadores sólo detectaron “dos trabajadores, que cobraron unos 100 euros en un año”, pero emitió facturas a Triana 95 por 1.621.136 millones de euros en 2003.

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