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El diario erótico de Olvido Hormigos

El fontanero vicioso

Fecha: 08/09/2017 Olvido Hormigos ico favoritos Añadir a favoritos
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Llegamos al último capítulo de este diario erótico. Nuestra protagonista se ha despertado sudando (y muy excitada). Cuando menos lo espere, recibirá una visita en su casa de un experto en arreglos. ¿Realidad o ficción? | Sigue leyendo. 

Esa mañana me levanté sudorosa. Había tenido un sueño erótico y mi cuerpo rezumaba sexo. Estaba inquieta, tenía gana de más, de un buen macho que me saciara como es debido. Pero estaba sola, así que me dispuse a tomar una buena ducha. No llevaba ni dos minutos en el baño cuando sonó el portero automático. -“Vaya ¡qué oportuno!” –pensé. Estaba toda mojada, mi cabello empapado dejaba caer gotas sobre mis pechos, que bajaban directas a mis pezones. Me puse una toalla rápidamente, el telefonillo insistía, quizá era algo urgente.

-“Sí, dígame, ¿quién es?” –contesté 

-“Hola señora, soy el fontanero” –respondió una voz varonil y potente. Recordé en aquel momento que días atrás había avisado por una avería que tenía en la cocina: la grifería goteaba sin motivo aparente.

-“Suba por favor” –le contesté.

Sin tiempo para vestirme, fui hacia la puerta tan solo con una simple toalla rodeando mi cuerpo. Cuandro abrí encontré a un hombre de anuncio, vestido con un mono tipo peto con tirantes y una camiseta gris debajo a la que se le marcaba el sudor en las axilas.

-“Pase” –le dije, indicándole dónde se encontraba la cocina. Me disculpé. “Justo me ha pillado en la ducha, voy a ponerme algo más cómodo”. Sentí como clavaba sus ojos en mi cuerpo, en concreto en mis tetas. Fue bajando su mirada hacia mis piernas. ¡Es todo un empotrador! Fue lo que pensé al ver esos brazos musculosos llenos de vello que terminaban en unas manos grandes que en mi imaginación me agarraban con fuerza. Tenía una espalda ancha, forjada quizá por trabajos físicos pesados que hubiese tenido que realizar en empleos anteriores, una estatura de 1,85 aproximadamente, ojos claros, pelo castaño, barba poblada y un bulto prominente en su bragueta. No estaba segura de si eso sería el efecto del mono pero estaba loca por descubrir lo que escondía ese paquete. Cuando volví con un vestidito corto que realzaba todos mis encantos, me invitó a agacharme para que mirase debajo del fregadero indicándome dónde estaba la avería. Mientras, él se colocó justo detrás de mí, tan pegado, que podía sentir su aliento mientras me hablaba. Una de sus manos se aventuró hacia mi cintura: “¿Lo puede ver?”, me preguntó. Me puse cachonda tan solo con sentir su roce. Me levanté y le dije: “Muy bien, se nota que sabe lo que se hace”. Él me respondió que era un manitas y que en cuestión de arreglos lo tenía todo controlado. Su voz varonil hacía que mis pezones se pusieran de punta. Se puso a recoger su material y en un momento de descuido le pillé agachado mirándome el culo. Como no llevaba bragas, me acerqué un poco más, deseando que me hiciera suya. De repente se levantó, me agarró por la espalda de las caderas, esta vez apretando mucho más fuerte su duro miembro contra mí y me dijo: “Te voy a dar lo que llevas buscando un buen rato”

Se le veía muy seguro y se notaba que tenía mucha experiencia. Empezó a recorrer mi espalda con su lengua hasta llegar a mi culo. Lo lamió suavemente, notaba cómo me rozaba su barba y aumentaba mi excitación. Después me puso de rodillas frente a él, se quitó el mono y la camiseta dejando mi objeto de deseo al descubierto. Era grande como imaginaba, con un capullo gordo con el que comencé a jugar con mi lengua. Me cogió la cabeza con ambas manos y empezó a moverse metiéndomela hasta dentro. Después me besó y me comió el cuello, parecía que me iba a devorar y me sentía su presa, estaba bajo su mando, prisionera de un tiazo con una verga descomunal. Bajó hacia mis pechos comiéndome los pezones con un ansia animal que hacía que mi morbo creciera por momentos. Después prosiguió con mi coño, lamiendo mi clítoris. Cuando estaba súper cachonda, me colocó frente a él sobre la encimera y me penetró clavándose en mí con fuerza, me cogió en volandas follándome a pulso, entrando y saliendo de mí, dejándome sin respiración y a punto de correrme. En ese momento se tumbó en el suelo y me pidió que cabalgara sobre él… y lo hicimos hasta que los dos llegamos al orgasmo. | Sigue leyendo. 

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