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Cada semana se producen diez nuevas violaciones ‘correctivas’ de lesbianas en los suburbios de ciudad del Cabo

El horror como terapia

Fecha: 01/07/2010 12:53 • Texto: Joaquim M. Pujals • Fotos: Alfons Rodríguez ico favoritos Añadir a favoritos
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Cientos de lesbianas sudafricanas son violadas cada año por hombres que afirman querer convertirlas en “mujeres de verdad”. La arraigada homofobia se solapa en Sudáfrica con los peores índices de violencia sexual en tiempo de paz.

Mientras me violaba, me decía: «Sé que eres lesbiana. Crees que eres un hombre, pero yo te demostraré que eres una mujer. Te voy a dejar embarazada y criarás un niño para mí»”, recuerda angustiada Millicent, de 30 años. En abril, fue secuestrada y agredida salvajemente durante cinco horas por Andile, un vecino que la había llevado a su vivienda, una chabola de Gugulethu, suburbio negro de Ciudad del Cabo. Millicent fue apaleada y casi estrangulada con un cable eléctrico. Su calvario terminó a las cuatro de la madrugada, cuando unos zimbabuenses que compartían la vivienda con el atacante se presentaron allí y, tras enfrentarse con él, la llevaron a un hospital. Es la tercera violación que sufre por ser lesbiana. Dice que solo desea morir.

Argumentos similares escuchó el año pasado Diana (nombre ficticio), también de 30 años, de boca de un vecino de 40 que vive tres casas más allá en Khayelitsha, otro de los guetos negros de la ciudad sudafricana. “Me repetía que yo ya sabía por qué lo hacía, que qué esperaba si dormía con mujeres. ¡Parecía que tratara de convencerme!”, relata.

Según la organización Action Aid, cada semana se producen diez nuevas violaciones de lesbianas en los townships, los míseros barrios periféricos a los que fueron obligados a trasladarse los no blancos durante el apartheid y que, 16 años después de la abolición de la segregación racial, siguen alojando a la mayor parte de la población negra en condiciones de gran pobreza. Y eso no es lo peor. Desde 1998 se han contabilizado 31 asesinatos de mujeres homosexuales en el país, cuyas leyes se encuentran entre las más progresistas del mundo por lo que respecta a sus derechos. Pero en los townships, donde imperan la ignorancia y la violencia, esos derechos poco cuentan.

Las llamadas violaciones correctivas –bautizadas así por las ONG porque los criminales afirman querer “curar de su enfermedad” a las agredidas– quedaban sumergidas en el océano de violencia sexual que asuela Sudáfrica hasta que en abril de 2008 apareció en un parque de Johannesburgo el cadáver de Eudy Simelane, de 31 años, una de las Banyana Banyana (las chicas, las chicas), la selección femenina de fútbol, casi tan popular en el país como la masculina.
Simelane era también una destacada activista por los derechos de la mujer y no ocultaba su orientación sexual. Sus agresores se ensañaron con ella y el caso llevó por fin a los titulares el drama de las lesbianas sudafricanas.

Más información en la revista.

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