Sport
Reportajes / Artículos
El diario erótico de Olvido Hormigos

El instructor de buceo

Fecha: 21/08/2017 Olvido Hormigos ico favoritos Añadir a favoritos
  • Valoración
  • Actualmente 2.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 2.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Su marido la tiene en dique seco sexual pero, durante unas vacaciones en Cerdeña, su profesor de buceo consigue empaparla al sumergirse en sus oscuras profundidades. ¿Realidad o ficción?  | Sigue leyendo.

MI MARIDO Jean-Jacques y yo habíamos decidido pasar las vacaciones en compañía de mi amiga Alba y su novio, Alex. Habíamos escogido un coqueto hotel en la preciosa isla de Cerdeña aconsejados por Jean-Jacques que, dada su ascendencia francesa, hablaba maravillas de los encantos de aquella isla. El hotel no era muy grande, pero sí muy acogedor, de construcción antigua, con vistas a una preciosa cala de arenas blancas y rodeada de unos espectaculares acantilados. Era el lugar ideal para disfrutar de un merecido descanso y desconectar de un duro año de trabajo. Ambas parejas nos alojábamos en habitaciones contiguas por lo que, dado el pobre aislamiento de las paredes, nos pasábamos la noche escuchando los gritos y gemidos de la escandalosa de mi amiga.

A la mañana siguiente nos contaban con pelos y señales la “buena follada”, como ellos decían, que habían tenido. Mi marido y yo no pasábamos por nuestro mejor momento sexual y ni sus gemidos, sus “¡fóllame más duro!”, sus constantes “no pares” ni sus “voy a hacer que te corras como nunca lo has hecho antes” hacían que despertara el deseo sexual del uno por el otro. Pero algo sí despertaba en mí, así que esperaba a que Jean-Jacques se durmiera para hacérmelo yo sola. Guardaba un consolador en mi maleta que utilizaba a menudo, lo cogí, me metí en la ducha, empecé a acariciar mi cuerpo desnudo y mojado, masajeando con el agua templada mi clítoris deseoso de placer, dejando que mis dedos expertos desencadenaran una respuesta de excitación, introduciéndolos dentro de mi vagina palpando mi querido punto G. Me metí el vibrador haciendo que el orgasmo llegase rápidamente y corriéndome con fuertes espasmos de placer. Jean-Jacques, mientras tanto, seguía durmiendo y yo me metí en la cama con cuidado de no despertarlo y tener que fingir que no había pasado nada. Entre nosotros nunca pasaba nada…

Por la mañana salimos a dar un paseo por el puerto y nos fijamos en un local en cuyo escaparate ponía: ‘Club de Buceo’. Nos miramos y estuvimos de acuerdo en que un curso de buceo sería un buen remate a las vacaciones. Nada más entrar, tras el mostrador, nos recibió un joven, alto y muy atractivo, con músculos de acero y piel bronceada. “Soy Martín, el instructor”, se presentó. Charlamos un rato y quedamos para el día siguiente a primera hora. A eso de las nueve de la mañana en punto ya estábamos sentados en una especie de gran porche que hacía las veces de aula exterior en cuyo extremo se podía ver una gran habitación donde guardaban el material de buceo y los equipos. Martín llegó unos minutos después, acompañado de otros dos chicos y dos chicas que harían el trabajo de monitores.

Sin pérdida de tiempo comenzó a darnos las primeras explicaciones y consejos para, según él, tener una primera toma de contacto con el equipo y el agua y, en los días sucesivos, entrar en materia. Durante el rato que duró el briefing, como él lo llamaba, no dejaba de mirarme y me hacía comentarios que a mí se me antojaban insinuaciones del tipo de: “Déjate hacer y relájate”. O, mientras me explicaba lo de la boquilla me decía: “Métetela en la boca y disfruta”, lo que hacía que mis pensamientos se desbordaran sin poder controlarlos.
Nos repartieron el material junto con el neopreno y embarcamos en un bonito catamarán de unos doce metros rumbo al punto fijado para nuestra primera inmersión. Una vez echado el ancla, nos asignaron un monitor, Martín era el mío –¡qué casualidad!– y me ayudó a subirme y cerrar la cremallera del traje de neopreno, no sin trabajo dado el volumen y firmeza de mis pechos, aunque, por sus miradas y cómo le temblaba ese jugoso labio superior suyo, creo que no le disgustaba, todo lo contrario. Tampoco a mí me molestaban los roces, no sé si inocentes o intencionados, que se continuaban entre nosotros mientras me ajustaba el equipo. Yo no dejaba de mirar su torso desnudo al tiempo que, con disimulo, tomaba aire para resaltar más si cabe mis tetas. Sí, quería provocarlo.

Por fin fuimos al agua. En principio todo iba bien pero, al cabo de dos o tres minutos, empecé a sentir agobio y con las señas acordadas le dije que quería subir. Me cogió las manos y, sin apartar sus ojos de los míos, me tranquilizó mientras daba instrucciones a sus compañeros para seguir con la inmersión. Me llevó a la superficie y subimos al barco. Una vez en cubierta me explicó que no es raro que eso suceda la primera vez. El sol calentaba con fuerza, por lo que teníamos que quitarnos el traje cuanto antes. Me lo quitó él y no paró ahí, rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos y soltó el nudo de mi biquini, dejando al descubierto mis pechos. Yo estaba muy caliente, tal vez por la osadía de ese macho que no tardó ni dos segundos en estar saboreando el néctar de mis tetas, en mordisquear mis rosados pezones y mi dorado cuello, ávido de caricias.  | Sigue leyendo.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

  • Alberto 25/08/2017 13:26

    Me parece que ninguno os habeís enterado de lo que habeis leido. Habla de "ascendencia francesa" no de que Cerdeña esté en Francia.

    Comentario fuera de tono

  • Paco 25/08/2017 12:36

    Quiero ser mienbro de estacomuniddad

    Comentario fuera de tono

  • Diego 24/08/2017 17:59

    Jajajajajajaja valiente tía inculta, pero que esto pase el filtro del redactor lo único que hace es poner de manifiesto algo que ya se ve desde hace tiempo, la enorme decadencia de esta gran revista

    Comentario fuera de tono

  • Chus 22/08/2017 5:50

    Cerdeña está en Italia

    Comentario fuera de tono

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Publicidad