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El diario erótico de Olvido Hormigos

El intercambio

Fecha: 07/07/2017 Olvido Hormigos. Foto: Joan Crisol. ico favoritos Añadir a favoritos
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"Soñó que varios hombres la follaban, eyaculándole por todo el cuerpo. Fue tan real que pensó que su sudor era el semen que le habían dejado esos cuerpos sin cara".  | Sigue leyendo.

TODO COMENZÓ con un érase una vez, o mejor dicho, érase dos veces… que a las mujeres en ocasiones, una sola, se nos queda corta.

Preparaban sus vacaciones, todo revuelto por la casa, miles de cosas por gestionar dejando para otro momento, muchos días ya, aquello que más alimentaba la relación: el sexo.

Él, Martín , era un hombre con la vida resuelta, lo que le hacía carecer de ganas de explorar nuevos horizontes y, lo peor para Selena, sin sangre para dar la cara y la talla todos los días en la cama.

Ella, por el contrario, transmitía pasión y erotismo, que unidos a su dulzura y sus ganas de darlo todo cada minuto, la convertían en una hembra deseable. Es verdad que las veces que se acostaban gozaban de un sexo magnífico, mezcla del buen hacer del chico y la perversión de la chica, pero todo volvía a la rutina y al aburrimiento cuando, extenuados, terminaban de eyacular.

Selena notaba crecer una extraña adicción a mirar a otros hombres, lo que le había llevado a ser infiel hasta en tres ocasiones, que ocultó perfectamente. Era una forma de evadirse, de desconectar y paladear que seducía y sentirse deseada, porque su pareja, en ocasiones le provocaba un vacío grande en varios aspectos de su vida, sobre todo en el sexual.

Él estaba locamente enamorado de ella y se esforzaba por cuidarla y complacerla, e incluso hubo épocas en las que mantuvieron hasta dos y tres relaciones sexuales a diario. Pero eso era antes y Selena, ahora, añoraba a aquel hombre, ese que le hacía entornar los ojos, estremecerse y empapar las sábanas.

Llegaron las esperadas vacaciones y pusieron rumbo al norte de España. La primera noche, a pesar de sus impulsos por hacer feliz a Selena, dejó bien claro que se sentía cansado y que no le apetecía bajo ningún concepto recorrer su cuerpo. Ella lo miró con cara de desprecio, a la vez que la invadía una inmensa pena al pensar que su pareja, en estos primeros ocho meses de relación, no sintiera el deseo de estar todo el día dale que te pego, a todas horas y en cada rincón. Y Selena escondía aquella frustración bajo el salto de cama completamente transparente, que dejaba ver un sexo hambriento de su boca. Se había depilado para dar mayor realce a un pequeño tatuaje en el pubis, una buena pista de dónde estaba el cofre del tesoro. Pero ni por esas.

Aquella madrugada, ella se despertó con un sueño húmedo en el que varios hombres se la follaban sin respiro y eyaculándole por todo su cuerpo. El sueño era tan real que llegó a pensar que el sudor que le había provocado tanta excitación era el semen que le habían dejado aquellos cuerpos sin cara. Se encontraba muy excitada, pero se veía allí, mirando fijamente a ese hombre, roncando y con cero ganas de despertar su falo para echar un buen polvo, de esos que resucitan a cualquiera.

En torno a las diez de la mañana, la pareja ya organizaba las cosas para pasar el día en la playa. Habían quedado con otra pareja, amigos de Martín. Sonó  el timbre y ahí comenzó todo.

Selena iba con un imponente bañador de encaje negro por el que asomaban sus hermosos pechos y que marcaba unos pezones duros aún excitados del sueño de ser penetrada por varios desconocidos. O quizás era algo más cercano, porque desde que apareció por la puerta clavó su mirada en Javier, la pareja de Lucía, amiga de la infancia de Martín.

Hubo presentaciones, risas, abrazos y un divertido viaje de media hora rumbo a una playa salvaje de acantilados realmente altos y difícil acceso. Dejaron el coche en una explanada para bajar a la zona donde iban a instalarse. A mitad de camino, Lucía se dio cuenta de que había olvidado su bolso y tuvo que volver al auto para recogerlo; no lo hizo sola, su fiel amigo Martín decidió acompañarla. 

Selena y Javier prosiguieron la caminata hasta llegar a la zona nudista, con poca afluencia así que bastante tranquila. Javier se quitó el bañador y confirmó por qué marcaba el paquete más abultado que ella recordaba. Selena dudó unos segundos, pero decidió hacer lo mismo y dejar que los rayos del sol tomaran su tatuaje más escondido. La situación estaba siendo tentadora y apenas el bañador llegó a sus pies, ya tenía unas ganas locas de medir con su lengua el cuerpo entero del chico, sin dejar escapar ni un centímetro, pero frenó sus impulsos tan ardientes e infieles.

A lo lejos se veía llegar a sus respectivas parejas intercambiando anécdotas del pasado, pero lejos de reprimir aquella tensión, pareció no importarles. Al contrario, cuanto más se aproximaban, más cachondos se ponían. Inútil luchar contra esas ansias de devorarse.

Con un cruce de miradas cómplice, se alejaron dando un paseo.  Llegaron a un punto del camino de muy difícil acceso y ahí encontraron una pequeña cala donde descansar. Ambos tenían prisa y el silencio duró apenas un minuto, roto por una respiración brava y calenturienta compartida. Selena miró por el rabillo del ojo y se encontró con un miembro voluptuoso de piel morena, lleno de venas y de una forma y dimensión extraordinaria en plena erección. Ni soñándolo se lo habría imaginado tan perfecto. Se miraron y la lujuria los empapó, ser infieles era un valor añadido. | Sigue leyendo.

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