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El juez de Ginés y la mafia búlgara

Fecha: 16/06/2008 0:00 A. GAYO / M. MARLASCA / L. RENDUELES ico favoritos Añadir a favoritos
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El juez Carlos Nogales, investigado por su relación con Ginés Jiménez, jefe de policía de Coslada encarcelado, acudió el 12 de abril a la boda de un delincuente búlgaro acusado de secuestro y con antecedentes por robo. Una grabación demuestra las buenas relaciones del juez, imputado por coaccionar a una víctima.

Las apariencias pueden engañar, pero en el caso del juez Carlos Nogales Romeo las apariencias dan miedo. Si de los pinchazos telefónicos del caso Coslada se desprende una supuesta implicación de este juez en la red de corrupción policial liderada por Ginés Jiménez –jefe de la Policía Local del pueblo madrileño acusado de extorsión y encarcelado junto a once de sus policías–, las imágenes que muestra interviú no dejan muchas dudas sobre algunas relaciones del hasta hace pocos días responsable del juzgado número tres de Coslada, y desde la pasada semana imputado por el Tribunal Superior de Madrid por supuestas coacciones a una mujer que acusaba de malos tratos a un policía de Ginés.

Sábado, 12 de abril de 2008. Pasan cinco minutos de la una de la tarde cuando la novia llega del brazo del padrino a la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en la madrileña calle de Goya, en pleno barrio de Salamanca. El novio y casi cien invitados esperan impacientes. Entre los asistentes hay un hombre de mediana edad, calvo y con modernas gafas de sol. Su nombre, Carlos Nogales Romeo. Profesión, juez. Destino: juzgado número 3 de Coslada (Madrid).

Acabada la ceremonia se producen las felicitaciones y fotos en el exterior del templo. El juez Nogales se retrata, da abrazos y parece sentirse cómodo entre el novio y el resto de los invitados. Según datos en poder de esta revista, el novio responde al nombre de Rafi Behyhan Renzi, natural de Balchik (Bulgaria) aunque de origen turco y conocido en el submundo de la seguridad de discotecas y los ajustes de cuentas como Ivo el búlgaro. A sus 31 años, Ivo está imputado en un juzgado de Gandía (Valencia) por el secuestro y posterior paliza de otro ciudadano búlgaro en septiembre de 2007 y tiene varios antecedentes. Así, en 1998, cuando usaba el nombre de Ivailo Dinchev, la policía le detuvo por un robo con fuerza y un año después por un hurto.

El juez de Coslada se muestra efusivo –en las imágenes se ve cómo le abraza– con un hombre de casi dos metros de altura, que lleva la cabeza afeitada y un cuerpo de gimnasio embutido en un traje. Se trata de Catalin Stefan Craziun, nacido en la localidad rumana de Zarnesti y conocido con el sobrenombre de Cata. También detenido por el mismo secuestro que Ivo (2008), por un robo con fuerza (en 2000), lesiones y resistencia a la autoridad, Cata utiliza, según fuentes policiales, nombre falsos como Iván Dimitri o Iván Alexandru. Él fue, según la policía, el principal matón que dio la paliza a Malin Stefanev, un búlgaro que debía dinero a un grupo de delincuentes. Junto a Ivo y un tercero lo secuestraron en Gandía en septiembre de 2007, lo llevaron en un maletero a Toledo y lo dejaron allí medio muerto (ver recuadro de la página 13).

El tercer acusado del secuestro y conocido por la policía y la guardia civil es Atanas Bozhilov Atanasov, alias Nasco, nacido en Bulgaria en julio de 1977. Fuentes policiales aseguran que los tres llegaron a España hace muchos años, más de quince, que se trata de un grupo peligroso dedicado al cobro de morosos y vinculado con prostitución. También al tráfico de armas, que incluso tuvieron relación con el grupo de marroquíes de El Chino, traficantes de droga y responsables del 11-M. Que controlan la seguridad de las discotecas donde acuden famosos, pijos y futbolistas varios en Madrid. Que más de cien hombres trabajan para ellos (ver recuadro de la página 13). La policía vinculó a Nasco también con el robo de coches de lujo a finales de los 90, falsificando bastidor, matrículas y documentación, y vendiendo los vehículos a narcotraficantes. Pero otro mafioso búlgaro fichado utiliza también el mismo apodo y dice llamarse Atanas, así que nadie sabe si el Nasco de la boda es la misma persona. La policía detuvo a estos tres ciudadanos del este de Europa por el secuestro el 14 de enero, pero luego han quedado en libertad provisional, aunque con la prohibición de salir de España. Otro invitado a la boda de Ivo explicó a esta revista que tras la ceremonia, los novios y sus invitados acudieron al hotel Ritz para celebrar el convite. Allí todos, incluido el juez Nogales, brindaron con champán por la pareja recién casada. No han tenido éxito los intentos de esta revista de obtener la versión del juez Nogales acerca de su presencia en esta fiesta.

La semana pasada, un juez instructor nombrado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) analizó el sumario del caso Coslada y decidió imputar al juez Carlos Nogales en un supuesto delito de coacciones. El nombre de este juez apareció vinculado con la red corrupta que el sheriff Ginés Jiménez había montado en Coslada. Jiménez, el jefe de la policía local, está en prisión acusado de cohecho, extorsión y prevaricación, entre otros delitos. Según el sumario del caso, durante años Ginés y un grupo de policías llamado El Bloque extorsionaban a dueños de locales de la ciudad. Algunos policías, incluso, están acusados de coaccionar a prostitutas, acostarse gratis con ellas y hacerlo vestidos de uniforme y en el coche patrulla. También tomaban drogas como cocaína y cristal (droga sintética), según el sumario. Doce de ellos siguen en prisión.

El juez Nogales llegó a los juzgados de Coslada hace trece años como juez sustituto, acceso reservado a licenciados en Derecho (abogados, catedráticos...). En la actualidad más del 30 por ciento de los jueces que trabajan en la Comunidad de Madrid han accedido a la carrera judicial de esta forma. En realidad, Carlos Nogales Romeo es abogado y está colegiado en el Colegio de Abogados de Madrid con el número 44.236. El Tribunal Superior de Justicia los nombra y prorroga anualmente su asignación a un juzgado.

Según la investigación policial llevada a cabo por la UDYCO de la policía de Madrid, la relación entre Carlos Nogales y Ginés Jiménez –juez y jefe de la Policía Local, respectivamente– iba más allá de una “buena relación institucional”. Fuentes judiciales consultadas por esta revista aseguran que de las conversaciones grabadas entre el juez Nogales y el jefe de la policía se deduce una relación de “sumisión, no de amistad entre iguales”.

Ahora también se demuestra que este juez estaba relacionado con presuntos delincuentes, entre ellos una mujer detenida por tráfico de drogas (ver recuadro de la página 14). La justicia investiga también si Nogales pudo agilizar la excarcelación de mafiosos (presunto delito de prevaricación) y si presionó a testigos para cambiar declaraciones o retirar denuncias (supuesta coacción).

Fue en Coslada donde se conocieron el sheriff Ginés y el juez Nogales. Una relación que les llevaba a mantener conversaciones telefónicas muchas veces de madrugada, según las transcripciones del sumario del caso, que casi siempre empezaban así: “¿Qué pasa, tío?”. Uno de los episodios donde se ve la supuesta complicidad de los dos y la “sumisión” del juez al sheriff de Coslada, tal y como reconocen fuentes de la investigación, es el ocurrido en marzo de este año. Dos jóvenes rumanas denunciaron por daños y violencia de género a Adrián Jaramago, agente de la Policía Local inscrito en El Bloque, el grupo de confianza de Ginés. Según denunciaron las chicas, Jaramago las acosó, las persiguió con su vehículo y les rompió con un tirachinas la luna de su coche. Una de las mujeres, que había sido novia del agente y que era testigo protegido, recibió presiones para que no pusiese la denuncia. Entre los que la presionaban estaba supuestamente el juez Carlos Nogales.

En una conversación entre Ginés Jiménez y Carlos Nogales grabada el pasado mes de abril, el juez informa al jefe de policía de Coslada de los pasos seguidos en el Juzgado, hasta el punto de decirle a Ginés que si el fiscal no toma ninguna determinación, él mismo va a advertir a la testigo protegido de las consecuencias negativas que para ella puede suponer el acercarse a las dependencias de la Policía Local, según un informe policial. “Mañana la voy coger porque es una listilla y le voy a advertir de que no pase por ahí. No puede estar tocando los cojones. Como siga, tomaré medidas contra ella”, le dice el juez al jefe del policía denunciado. En otra conversación sobre la misma causa se aprecia el compadreo del juez:

—Ginés: El chaval [agente denunciado por violencia de género] ya está en casa, le han dado bola.

—Juez Nogales: ¿Le han puesto orden (de alejamiento)?

—Ginés: Una orden de cien metros.

—Juez: ¿Y va juicio rápido? Porque si es así, aunque sean seis meses de condena, le quitan el arma y no podría patrullar. A ver qué dice la otra (la mujer que denuncia el maltrato) en el juicio.

—Ginés: La chica se ha ratificado.

—Juez: Cuando ha empezado a declarar yo no estaba. ¿Era una de tetas muy grandes? Venía con una amiga con unas tetas de las hostia.

—Ginés: ¿Y qué se comenta por ahí (en los juzgados)?

—Juez: Se han enterado la (juez) de guardia y Raquel (decana de los Juzgados de Coslada), y también los policías (nacionales), que decían que había mucho (policía) municipal hoy, que qué juicio había, y yo me he callado. Al mismo tiempo, se investiga si el juez Nogales facilitaba al sheriff de Coslada información sobre otras causas que le afectaban. Otra de las conversaciones del sumario refleja que ambos habían quedado para verse y tomar algo, y Ginés le dice que no va a poder. De la conversación se intuye que el juez habla de “subirse una chica”. Ginés y sus policías acudían a prostitutas con frecuencia. Y el jefe presumía de tener datos que implicaban a personajes importantes en relación con el sexo de pago:

—Ginés: No puedo ir, hay un evento en Tres Cantos al que va un coronel, un general, y quieren que vaya.

—Juez: Ah, sí. —Ginés: Me han jodido.

—Juez: Yo he cenado y me he bajado un momento a subirme una chica.

—Ginés: ¿Qué gente hay ahí?

—Juez: Joder, gente conocida, me he escaqueado un momento para traerme una tía y ahora subiré.

—Ginés: Pues nada, le pasé el otro día el escrito a la decana.

—Juez: Si es que ayer no trabajé, el lunes hablaré con ella.

—Ginés: Te lo mando el lunes, de forma extraoficial.

—Juez: Vale, venga, un abrazo.

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