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El misterio del tesoro de los Franco

Fecha: 17/09/2007 2:00 Luis Miguel MONTERO ico favoritos Añadir a favoritos

En plena guerra entre los Franco y la administración autonómica gallega por el control del Pazo de Meirás, los técnicos expertos en bienes culturales de la Xunta tienen razones para preocuparse por el estado de los tesoros del palacio. Los Franco se niegan a cualquier inspección.

Ramón MOURELLE

De un lado los sucesores directos de Franco, encabezados por Carmen Franco Polo, la veterana de la tribu. De otro, el Bloque Nacionalista Galego (BNG) y el gobierno autonómico del que forma parte, que, con el Ayuntamiento de Sada (A Coruña), reclama el Pazo de Meirás. Quiere clasi_ car la que fue casa de Emilia Pardo Bazán y, desde hace 70 años, residencia estival de la familia Franco, como Bien de Interés Cultural (BIC) y abrirla al público cuatro días al mes. Pero los Franco se niegan.

A las diez y media de la mañana del pasado 31 de agosto llegaron a la finca una arquitecta, una historiadora y un arqueólo- go de la Xunta de Galicia enviados por la Dirección de Patrimonio Cultural. Su misión, inspeccionar el interior del pazo para inventariar y cali_ car los bienes de su interior. Allí les esperaban los abogados de los Franco, que les negaron la entrada aduciendo que “atenta contra la inviolabilidad del domicilio”. La Xunta ha advertido a la familia de que la negativa podría constituir una infracción y que iniciará un expediente sancionador que puede terminar con una multa de 60.000 euros. Además, la Xunta estudia acudir a la justicia ordinaria para lograr una orden de entrada, con el argumento de que, igual que a operarios de otros servicios, como el agua, gas o luz, no se les impide entrar a domicilios para inspeccionar instalaciones, Patrimonio tendría derecho a comprobar el buen estado de los bienes de interés cultural.

Los técnicos de la Xunta tienen razones para temer por la conservación de los tesoros culturales del pazo, unos bienes que son un misterio. Desde que murió Franco, el Pazo de Meirás ha estado abandonado en diferentes etapas. Hace dos años y medio se cayó parte del muro que separa la finca de la carretera de entrada al pazo y se reparó sin seguir los cánones estéticos requeridos. Otro motivo de preocupación para los técnicos de la Xunta es que se han hecho obras de remodelación sin respetar el conjunto artístico. La familia Franco destruyó parte del muro exterior del pazo para la boda de Luis Alfonso de Borbón, nieto de Carmen Franco. Después taparon el hueco con una puerta provisional de madera. Y allí sigue.

Esta batalla comenzó hace un año, cuando la Xunta de Galicia –en manos del PSOE y el BNG– inició trámites para declarar el pazo BIC. Los Franco se negaron por primera vez. El 9 de agosto, el Pleno del Ayuntamiento de Sada –del que depende la aldea de Meirás–, gobernado por el BNG, aprobó instar a la Xunta la declaración de BIC y que una comisión mixta Ayuntamiento- Xunta-Diputación estudie la compra, cesión o expropiación del pazo. Todos los partidos de Sada votaron a favor, salvo el Partido Demócrata Sada Popular, escisión del PP que lidera Ramón Moncho Rodríguez Ares, anterior alcalde y amigo de los Franco.

Para José María Hernández Cochón, actual portavoz del PP en Sada, el acuerdo del Pleno es “una decisión populista que votamos a favor, pero para nosotros no tiene la menor importancia, porque la Xunta ya estaba en negociaciones con la familia”. David Brandariz, portavoz de la Agrupación Sada Unida, argumenta que esta medida servirá “para potenciar el turismo en el pueblo. El pazo es una de las cosas por la que los turistas preguntan siempre”. Carlos Babío, concejal del BNG, uno de los impulsores de la iniciativa, recuerda que declarar al pazo BIC “implica derechos y obligaciones de protección de ese bien, y abrirlo al público cuatro días al mes”, y muestra su preocupación por el estado en que se puedan encontrar el interior del pazo y sus obras de arte. “El pazo es una caja fuerte de los Franco”, dice Babío. Se estima que dentro aún podrían estar la biblioteca de Emilia Pardo Bazán, cuadros y esculturas, joyas donadas a Franco y familia, algunas traídas desde El Pardo (Madrid) por el marqués de Villaverde, yerno del general, y antigüedades de toda Galicia, recogidas en tiendas por Carmen Polo.

El Pazo de Meirás es un palacio del siglo XVI al que se le añadieron tres torres en 1893. La escritora Emilia Pardo Bazán, su anterior dueña, murió en 1921. En 1938, una comisión de ricos y notables del régimen –como Julio Muñoz Aguilar, presidente de la Diputación coruñesa; Pedro Barrie de la Maza, fundador del Banco Pastor, y Fernando Álvarez de Sotomayor, alcalde de La Coruña– ideó regalar un pazo al caudillo. Esa junta compró a las herederas de Pardo Bazán las torres y cuatro hectáreas de terreno por 400.000 pesetas de entonces. Poco después, la comisión, con artimañas y presiones, incorporó otras cinco hectáreas propiedad de pequeños minifundistas. Llegaron incluso a descontar del sueldo de los empleados de la Diputación contribuciones voluntarias a la causa. Desde entonces el pazo consta en el Registro de Betanzos a nombre de los Franco. “A mi abuela Josefa le quitaron la casa y la dejaron en la calle viuda y con tres niños. Aquello debió conmover al franquismo y le dieron un dinerillo con el que comenzar de nuevo”, explica el concejal Carlos Babío.

Incendio y mudanza

En 1978 un incendio destruyó parte de una torre. Supuestamente fue un cortocircuito. Un día antes hubo un gran trasiego de camiones de mudanzas que no olvidan los vecinos de Meirás, sospechando que mucho arte gallego pudo salir de allí entonces. Ángel de la Sierra, de 72 años, recuerda que “entraron y salieron camiones como si la familia se mudase”. Ahora le gustaría “que se pudiese entrar para admirar lo que haya, y si es patrimonio de Galicia, pues que todo el mundo tenga acceso a él. Además, tampoco me parece tan terrible que se pudiera visitar cuatro días al mes. Cuando venía Franco pintaban de blanco los árboles de la carretera y nos ponían a formar a todos en el arcén para saludar, así que si ahora lo abren seré el primero en entrar a verlo”, dice.

Opina igual Juan Pérez, de 57 años, primo de Babío. En la vieja casa que le expropiaron a su abuela Josefa vivieron los guardeses del pazo, un guardia civil y su esposa. Juan recuerda que durante años “en casa no se habló de la expropiación. Era algo oculto que se decía en voz baja, con miedo”. Su familia no puede recuperarlo, “pero por lo menos que pueda disfrutarlo todo el mundo”.

Para Abel López Santos, alcalde de Sada, el pazo “es un monumento, un elemento de atracción turística. Declararlo BIC es importante: el Ayuntamiento tendrá el derecho de tanteo y retracto si la familia decidiera venderlo”. Los Franco han celebrado allí fiestas importantes, matrimonios y comuniones. Y por ahora, los descendientes del general que mandó aquí 40 años siguen impidiendo la entrada a los técnicos de la Xunta.

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