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Un belga consigue tras 15 años de proceso que un cura sea condenado por abusar de él cuando era niño

El purgatorio de Joel

Fecha: 20/01/2012 Texto: Carol Pérez San Gregorio ico favoritos Añadir a favoritos
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Bélgica, país acostumbrado a los escándalos, se enfrenta a uno de los episodios más oscuros de su historia. Los tribunales comienzan a juzgar los abusos sexuales cometidos por sacerdotes entre las décadas de los sesenta y noventa de los que fueron víctimas niños como Joel Devillet, que ha logrado que la justicia condene a su agresor

Joel Devillet en una imagen reciente Joel Devillet en una imagen reciente. Fue víctima de los abusos de un sacerdote, Gilbert Hubermont

"Si pudiese, lo mataría con mis propias manos”. “No hay perdón”. “No hay consuelo, pero tampoco hay dinero para pagar un vida rota para siempre”. Son palabras de hombres y mujeres que entre las décadas de los sesenta y noventa del siglo pasado fueron víctimas de los abusos y las violaciones de centenares de curas de la Iglesia católica de Bélgica. La Justicia belga ha identificado ya a más de cien sacerdotes pederastas que siguen con vida y que tendrán que sentarse en el banquillo. Las víctimas se cuentan por centenares: 475 casos abiertos en los tribunales, al menos trece suicidios confirmados y 508 expedientes con pruebas presentados por Rik Devillé, un cura que desde 1996 ha sido la voz de las víctimas de habla flamenca. Denuncias individuales, demandas conjuntas contra los obispos, un proceso contra el Papa y la Santa Sede por encubrimiento y responsabilidad subsidiaria… Toda una amalgama jurídica por las vías penal y civil que ha obligado al Parlamento belga a tomar cartas en el asunto. El objetivo es intentar esclarecer este episodio oscuro y garantizar el reconocimiento de las víctimas, que durante años han chocado contra un muro de silencio tejido por la Iglesia y las instituciones del Estado.

El reconocimiento público de los hechos, en la primavera de 2010, del obispo de Brujas, Roger Vangheluwe, de 73 años, que detalló en televisión haber abusado de dos de sus sobrinos durante años “sin malicia”, convulsionó una sociedad católica, en la que la parroquia es el corazón vital de miles de municipios. Las víctimas, heridas de por vida, desconfían ahora abiertamente de los anuncios de las autoridades eclesiásticas, que ofrecen indemnizaciones –tras escuchar cientos de testimonios en la comisión parlamentaria– de entre 2.500 y 25.000 euros, para los casos prescritos, guardando el anonimato de víctima y agresor. “No queremos el dinero. Eso es mercadeo. Eso se llama prostitución”. “¿Cuánto vale una violación a un niño de siete años? ¿Por qué guardar el anonimato?”, se preguntan.

Reportaje completo en la revista interviú.

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