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La nula colaboración de Italia bloquea la investigación judicial del ataque del crucero 'Eugenio dl Savoia', en 1937

En busca del hombre que cañoneó a Barcelona

Fecha: 23/12/2017 • Juan José Fernández ico favoritos Añadir a favoritos

Fue el primer bombardeo de Barcelona en la Guerra Civil. Y no fueron aviones, sino un crucero de la marina de Mussolini. Dieciocho personas murieron. La sede del Colegio de Abogados se llevó un cañonazo... que ochenta años después es materia de investigación en una querella que pretende, dice su autor, “reparación moral”. | Sigue leyendo.

Zumbando, un proyectil del calibre 152 sobrevoló el puerto de Barcelona, la estatua de Colón y la plaza de Cataluña hasta enfilar, ya en trayectoria descendente, el Eixample. Quienes miraran esa noche hacia el mar, quizá no vieron más que el resplandor del tiro, pues el cañón que lo disparó estaba a 9.000 metros Mediterráneo adentro. La bala hendió el aire hasta caer en un chaflán del barrio, el 283 de la calle Mallorca, alcanzando el Palauet Cassades, noble edificio, sede del Colegio de Abogados de Barcelona. 

Aún tiene allí su casa, entre mármoles y hermosas molduras, una de las más poderosas e ilustres comunidades de la abogacía española. Hoy, dos majestuosas palmeras escoltan la entrada; hace 80 años, nada parapetaba al edificio.

Aquel cañonazo fue uno de los 24 que, según los partes españoles de la época, a las 22:50 del 13 de febrero de 1937 disparó el crucero italiano Eugenio di Savoia sobre una ciudad clave para la Segunda República. El tiro que alcanzó al Palauet Casades es materia de investigación en una de las instrucciones más curiosas de cuantas se siguen en la administración de justicia. El Juzgado de Instrucción 28 de Barcelona ha sumado este bombardeo naval a otros aéreos, también perpetrados hace 80 años. Pero sus pesquisas están bloqueadas.

El denunciante es el colegio de abogados barcelonés. El letrado Jordi Oliveras, comisionado de Memoria Histórica en la Junta de Gobierno de la entidad, es el autor de una querella por un delito que no prescribe: el de lesa humanidad

Dieciocho muertos

El artículo 607 bis del Código Penal tipifica como delito de lesa humanidad “un ataque generalizado o sistemático contra la población civil o contra una parte de ella”. Según la querella de Oliveras, aquel bombardeo violó también el derecho internacional, máxime si, como argumenta la denuncia, “entre el estado italiano y el estado español no hubo ninguna declaración de guerra (...). El conflicto en España era entre las fuerzas sublevadas comandadas por el general Franco y la República Española. La intromisión de la marina italiana en el conflicto no tenía ninguna justificación, y tenía como única finalidad ayudar a los sublevados españoles en una clara estrategia de atemorizar y castigar a la población”.

Los informes que elaboraban las autoridades republicanas relatan que fueron tres salvas de ocho disparos cada una, que destruyeron edificios y dejaron 18 muertos y 18 heridos. También valoró daños la Junta de Gobierno del Colegio, que el 17 de febrero de 1937 levantó acta sobre un agujero en la azotea “que deja a la intemperie el ojo de la escalera que lleva al segundo piso en una extensión de dos metros…” La bomba, además, derrumbó dos vueltas de escalera, la balaustrada, otros 15 escalones de mármol y muchos cristales. Por la hora del ataque, no hubo heridos en el Colegio. La Junta de Gobierno calculó el coste de los daños, quizá para reclamarlos algún día: 9.664 pesetas y 76 céntimos de 1937, unos 18.000 euros de hoy.

Ahora se conoce, además, una versión italiana de los hechos. Está en los legajos que guarda el servicio histórico del Estado Mayor de la Marina italiana. Según el informe, el crucero Eugenio di Savoia partió de la isla de La Magdalena, junto a la costa de Cerdeña, a las 4:30 de la madrugada del 13 de febrero de 1937, y llegó a las proximidades de Barcelona 20 horas después. Se tomó diez minutos para reconocer los objetivos, y disparó. 

Las versiones española e italiana difieren. Según la Marina Italiana, no fueron 24 cañonazos en tres salvas, sino 72 tiros en nueve. Esos proyectiles, según el informe militar italiano, “se abatieron en gran parte sobre la ciudad, causando daños no graves”. El informe no cita a los 18 barceloneses que murieron esa noche. Tampoco a otros cuatro vecinos que fueron detenidos y fusilados al día siguiente, bajo la acusación de hacer señales al barco desde una azotea para guiar los disparos.

Muro de silencio

El Colegio de Abogados, como las casas de los muertos, estaba en el camino de los obuses que el crucero tiraba contra la fábrica de material aeronáutico Elizalde, a tres manzanas al este, y otra de armas que estaba Diagonal (entonces avenida 14 de Abril) abajo. 

El bombardeo del Eugenio di Savoia fue el primero que sufrió la ciudad en la Guerra Civil. Luego llegarían 50 más, que convirtieron a Barcelona en una de las urbes más bombardeadas hasta la II Guerra Mundial. Desde 2013 el juzgado busca a autores de los bombardeos aéreos, en una querella impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona. Y desde marzo de 2016, investiga también el cañoneo del Eugenio di Savoia. Instruye la magistrada Olalla Ortega, sustituida en periodos de servicios especiales por sus colegas Nuria Alonso y José Juan Moreno. El 28 de Barcelona es el único juzgado español que investiga un delito de lesa humanidad de la Guerra Civil.

Pero la instrucción está ahora bloqueada. Quizá se reactive cuando Justicia designe un nuevo juez de enlace con Italia. La plaza está vacante desde que, el 1 de junio, la dejó el juez Manuel García Castellón –el mismo que instruyó el caso Banesto–, que ha vuelto a la Audiencia Nacional.   

Los esfuerzos del Juzgado 28 han sido en vano. Cuatro comisiones rogatorias pidiendo a Italia que identifique a pilotos de la Aviación Legionaria que atacaron Barcelona han chocado contra negativas. Una quinta, de finales de 2016, solicitando nombres y paradero de quienes mandaban el Eugenio di Savoia, ha chocado con un muro de silencio. A veces, el ministerio de Defensa italiano se ha excusado con la dificultad de hallar archivos no informatizados. Ahora no dice nada.

La exasperación por las zancadillas aflora entre el lenguaje burocrático de los autos. Hace un año, en un certificado, Juan Arturo Saforcada, secretario del juzgado, relató: “Dadas las dificultades de ejecución que se preveían, pedí y obtuve el apoyo de la organización judicial europea Eurojust (pero) se topó con una resistencia obstinada por parte de las autoridades italianas”. Hoy, comenta Saforcada a interviú: “Necesitamos la cooperación italiana para seguir adelante en la investigación”

Hasta el momento, los avances se deben a los datos que con cuentagotas consigue la asociación Altra Italia, de italianos antifascistas residentes en Barcelona. Francesco, portavoz que no da su apellido “por huir del protagonismo”, explica los silencios de las autoridades militares italianas. “En Italia ese silencio es algo estructural de la forma en que Mussolini intervino en la guerra española, porque, oficialmente, el régimen no estaba interviniendo: sus tropas eran voluntarias. Por eso no dejaron muchos archivos”, explica. Francesco, historiador joven, escudriña hechos terribles de hace 80 años, porque, “construir una sociedad en la que no ocurran bombardeos sobre ciudades inermes pasa por crear una memoria social, democrática –dice–, y, como en Alemania, una cultura de paz en la que los crímenes sean asumidos y se reparen”. | Sigue leyendo.

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