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Escolares argentinos visitan el mayor campo de exterminio de la dictadura, convertido en un espacio por la memoria

ESMA: el museo de los horrores

Fecha: 13/08/2010 Texto: Danilo Albin ico favoritos Añadir a favoritos
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Los esfuerzos de los militares argentinos para borrar las huellas de sus crímenes no tuvieron éxito. La Escuela de Mecánica de la Armada, donde fueron torturadas y asesinadas 5.000 personas, es visitada por escolares y trabajadores. Algunos supervivientes les explican el horror. Fuera del museo, estos mismos narran a los jueces las vejaciones que sufrieron entre sus muros

El tráfico por la avenida del Libertador, una tumultuosa arteria que recorre el norte de Buenos Aires, parece interminable. A media mañana, entre coches y bocinazos, un autobús cargado de soldados pasa por delante de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Son, en su mayoría, militares jóvenes. Algunos tuercen la vista y observan el edificio rodeado de árboles. Hace tres décadas, sus compañeros de la Marina hicieron que este sitio se convirtiera en el calvario de miles de argentinos. A poca distancia se encuentra el mítico estadio Monumental, el campo de fútbol en el que River juega sus partidos. En un país marcado por el fútbol, la tragedia y los crímenes tenían lugar muy cerca de la alegría. 

A la misma hora, en la otra punta de Buenos Aires una mujer se sienta delante de los jueces y, casi sin lágrimas, suelta los nombres de quienes la torturaron salvajemente. Graciela Daleo, superviviente de la ESMA, es una de las principales testigos en el juicio que se sigue contra 19 represores ligados a este campo de concentración. Entre ellos, el capitán Alfredo Astiz, acusado, entre otros delitos de lesa humanidad, del secuestro de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor. 

Actualmente, alumnos de escuelas de todo el país, funcionarios de las distintas áreas de la Administración y personalidades locales y extranjeras visitan el museo, abierto a todos aquellos que quieran conocer uno de los tramos más terribles de la historia de Argentina. “Las visitas guiadas buscan explicar la persecución y el aniquilamiento de toda oposición política a través de la diseminación del terror, como medio de disciplinamiento del conjunto de la sociedad”, explican desde la Secretaría de Derechos Humanos. 

Las principales actividades de este campo de torturas estaban en el Casino de Oficiales, donde su jefe, el contraalmirante Rubén Jacinto Chamorro –fallecido en 1986–, tomaba el té con su familia y atendía a las visitas. Allí fueron recluidas sin juicio ni pruebas cerca de cinco mil personas, de las cuales solo lograron sobrevivir unas doscientas. La mayoría fueron luego drogadas y lanzadas vivas al mar durante los vuelos de la muerte.

Las atrocidades continuaban en el sótano, en el que existían varias salas de torturas. El camino que se formaba entre los habitáculos fue bautizado como Avenida de la Felicidad. Graciela Daleo, una de las víctimas, no olvida ni un solo minuto del año y medio que permaneció secuestrada por los militares. Durante su declaración ante los jueces a cargo de la megacausa contra los responsables del campo, recordó aquel 18 de octubre de 1977 en el que fue detenida por un grupo de civiles que la trasladaron a la ESMA. La encerraron en la sala de torturas número 13, donde la obligaron a desnudarse, la ataron a un camastro y le aplicaron descargas eléctricas entre las rodillas y el pecho, especialmente en los senos y la vagina. Esa misma noche, Daleo fue subida a un coche con los ojos vendados. Tras darle varias vueltas por el predio, sus captores la arrojaron sobre la hierba y le preguntaron su último deseo. 

“Es en ‘La Capucha’ [el lugar donde los prisioneros permanecían encapuchados, esposados y con grilletes] donde se toma conciencia de que el contacto con el mundo exterior ya no existirá más. Debe ser lo más cercano al infierno”, declararon en 1979 las sobrevivientes Ana María Martí, María Alicia Pirles y Sara Osatinsky. También hubo prisioneros en Capuchita, un espacio situado en el altillo y en el que eran mantenidos en condiciones infrahumanas.

Más información en la revista 'Interviú'.

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Comentarios recientes

  • taurino 16/08/2010 12:29

    Y luego resulta que los malos somos nosotros porque hacemos corridas de toros... Manda h...

    Comentario fuera de tono

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