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Las confesiones de François Andugar, el último miembro de la Organización del Ejército Secreto (OAS)

“Estoy muy agradecido a Franco"

Fecha: 12/05/2017 Ana María Pascual / Joaquín de Haro ico favoritos Añadir a favoritos
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Durante dos semanas del invierno de 1962, en un balneario de Tarragona, 40 hombres de la Organización del Ejército Secreto, el grupo de extrema derecha que atentó contra el Estado francés y los nacionalistas argelinos en los sesenta, se entrenaron para atracar bancos. Debían financiar un atentado contra el presidente francés. Consideraban al general De Gaulle un traidor por haber concedido la independencia a Argelia. Desde su retiro en Alicante, donde estuvo refugiado, François Andugar revela el plan, fraguado con la anuencia del régimen franquista.  | Sigue leyendo.

François Andugar (Argel, 1937) entró en España, el 22 de junio de 1962, con el nombre falso de François Mallot. Cuando el comisario de Alicante revisó su documentación, le dijo socarronamente: “Tú, Andugar, no Mallot. Aquí, en España, papeles falsos, no. Eso, en Francia”.
A sus 80 años, este exmilitar francés se ríe al recordar aquel encontronazo con la policía franquista: “Me hablaba como si fuera indio, pero yo sabía español, mis padres eran españoles. El Gobierno francés había mandado nuestras fichas a España, dando por sentado que íbamos a refugiarnos aquí. Así que el comisario sabía quiénes éramos en realidad”, cuenta François Andugar a interviú. Desde el principio, las autoridades españolas dejaron claro a los miembros de la Organización del Ejército Secreto (OAS, en sus siglas en francés, un grupo de extrema derecha contrario a la descolonización de Argelia) que no podían delinquir en suelo español; por lo demás, todo fueron facilidades y simpatías. “Nuestra ideología era afín a la de Franco, eso está claro. El comunismo era un enemigo común. A los franquistas les gustábamos: nosotros habíamos luchado contra los ‘moros’ para mantener la Argelia francesa, pero [Charles] De Gaulle nos traicionó y le dio la independencia, junto con el petróleo y el gas”, explica Andugar con marcado acento francés.
Alrededor de un millón de personas de origen europeo tuvieron que dejar sus casas, trabajos y negocios en Argelia cuando el país norteafricano consiguió la independencia de Francia, el 5 de julio de 1962. Eran conocidos como pieds-noirs (pies negros), descendientes de los colonos franceses, italianos y españoles que se asentaron en Argelia, desde 1830, atraídos por las oportunidades laborales. Francia los había nacionalizado sin problema: necesitaba aumentar la proporción de cristianos en su colonia más próxima a la metrópoli.

‘Comandos’ ‘alfa’ y ‘delta’

François Andugar era uno de ellos. Hijo de una alicantina y de un murciano que habían emigrado siendo niños a Argelia. Había luchado en la Guerra de Independencia de Argelia (1954-1962) como voluntario en el 18.º Regimiento de Cazadores Paracaidistas (RCP) mientras hacia el servicio militar. Una vez fuera del ejército francés y viendo que la independencia de la colonia era cada vez más factible, se unió a la OAS, convirtiéndose en un prófugo de la justicia. Tenía 24 años y un puesto como encargado de obra en Navarro Hermanos, la constructora más importante de Argel.
“No me quedó otro remedio –cuenta hoy en su casa de Alicante–. Pasé a la clandestinidad, lo que hizo sufrir mucho a mis padres. De Gaulle nos había traicionado, primero dijo que mantendría Argelia dentro de Francia, y luego negoció la independencia. Era nuestra tierra, nuestra vida. Éramos gente trabajadora. Mi padre era conductor en una empresa de limonadas. Luchamos por nuestro porvenir”.
Alrededor de mil hombres componían la OAS; la mayoría, civiles con fuertes sentimientos nacionalistas y que habían hecho la guerra, como Andugar. Pero también había muchos desmovilizados del ejercito francés, sobre todo paracaidistas
 –el cuerpo que más peso tuvo en la guerra –, legionarios y oficiales del ejército regular. “No sabemos cuántos podíamos ser. Estábamos repartidos por todo el país, sobre todo, en Argel, Orán y Constantina. Por seguridad, solo conocíamos a nuestros compañeros de ‘comando’; al resto no”, cuenta Andugar.
Los comandos Delta de la OAS eran temibles para las tropas francesas y los miembros del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino, que había desencadenado en 1954 la guerra de independencia con cruentos atentados. Los Delta operaban como escuadrones de la muerte y en las misiones más arriesgadas, como una campaña de secuestros en la capital. “Yo estuve en un ‘comando Alfa’, en los alrededores de Argel. Seríamos unos 150 hombres en activo. Y había mucha población civil que nos ayudaba con infraestructuras. La gente veía en nosotros su última esperanza de poder continuar su vida en una Argelia francesa. Los ‘Alfa’ apoyábamos a los ‘Delta’, que operaban en Argel, cuando nos necesitaban. Actuábamos igual que la Resistencia francesa”, relata François Andugar.

“Le dábamos cuatro tiros”

Se calcula que, durante el proceso de concesión de la independencia, la OAS fue responsable de unas 2.000 muertes, aunque el Gobierno galo dio en su día la cifra de 12.000 bajas. “El objetivo era derrotar a los ‘moros’ y golpear al ejército francés –relata Andugar–. Nosotros, en mi ‘comando’, hacíamos primero labores de información. Íbamos a por dirigentes del FLN y a por sus colaboradores. No atentábamos indiscriminadamente como ellos. Cuando teníamos al objetivo delante, le dábamos cuatro tiros. A veces tirábamos granadas dentro del yip de los soldados franceses que estaban informando a los argelinos sobre el referéndum de autodeterminación. Recuerdo el atentado contra el Ayuntamiento de Argel, derribamos tres pisos. No hubo muertos, fue por la noche”.
Una vez perdida Argelia, con los acuerdos de Évian, de julio de 1962, que establecían la independencia, a los miembros de la OAS no les quedó más remedio que abandonar el país e instalarse en España, la mayoría. Alicante fue el destino principal, por ser lugar de origen de una gran emigración decimonónica a Argelia y por las facilidades que dio la dictadura franquista, que veía con simpatía a los pieds-noirs y se congratulaba con que Francia perdiera su colonia. El régimen fletó dos barcos desde Orán, en julio de 1962; se estima que 2.000 pieds-noirs se instalaron en el levante español; algunos abrieron negocios con el dinero que traían; a otros los bancos les dieron créditos para empezar una nueva vida. Pero el objetivo de la OAS seguía siendo bélico.
“Los de la OAS teníamos que ir a firmar a la comisaría de El Campello [Alicante] todos los días. Nos vigilaban para que no hiciéramos nada malo. Teníamos que avisar en caso de salir de Alicante. Nos daban un salvoconducto”, explica el francés, que no recuerda si en noviembre de 1962, cinco meses después de su llegada a Alicante, la policía le dio permiso para abandonar la ciudad. Él y otros 40 compañeros viajaron hasta la localidad tarraconense de Vallfogona de Riucorb, pegada a la comarca de Urgell, en Lleida. La provincia leridana era por entonces el feudo de un importante cuadro falangista, Miguel Gómez Benet, lugarteniente de la Guardia de Franco relacionado con el tráfico de armas para la OAS. “Fuimos al bosque del balneario de Vallfogona a entrenar. Nos hicimos pasar por atletas. El balneario estaba desalojado, no había clientes. Su bosque privado era el lugar ideal. No sé si lo organizó Gómez Benet, al que no conozco. Pero lo cierto es que la Guardia Civil hacía rondas a menudo, pero nunca nos molestó”, relata Andugar.
Albañiles con armas

El objetivo de aquel entrenamiento era matar a Charles de Gaulle. “Esa era la misión de la OAS: atentar contra el traidor de De Gaulle. En el cursillo, al que vinieron oficiales que estaban instalados en Madrid y otros lugares de España, nos enseñaron a atracar bancos. Necesitábamos dinero para la causa, para la infraestructura, armas...”.
Según Andugar, sus compañeros y él estuvieron dos semanas en el balneario de Vallfogona de Riucorb. Sus actuales gerentes desconocen aquellos hechos. “Esperábamos la orden para entrar en Francia –recuerda Andugar– con documentación falsa, porque allí nos buscaban. La operación la llevaba, desde Brasil, Georges Bidault, padre de la Resistencia francesa, que también renegó de De Gaulle”. Cuenta Andugar que el plan era cruzar la frontera como albañiles que trabajaban para una constructora. “De hecho, compañeros míos llegaron a construir chalés en la zona de Salou [Tarragona] y unos cuantos se quedaron allí definitivamente, incluido un teniente de la OAS cuyo nombre jamás supimos”.
El proyecto para entrar en Francia se abortó. “Nos dijeron que Bidault había muerto [pero no falleció hasta 1983]. Tras un par de meses, regresé a Alicante. Y ya me olvidé de la OAS, estaba finiquitada”. Antes, sin embargo, Andugar y sus compañeros pasaron por caja. “Nos citó en San Sebastián el tesorero de la OAS –cuyo nombre prefiere no desvelar–, para entregarnos un dinero. Nos dieron calderilla, unos 2.000 francos a cada uno. Del resto del dinero de la OAS nada se sabe, se nos dijo que se había invertido en cuentas en Suiza esperando el momento de poder usarlo para algún atentado contra De Gaulle. También nos dijeron que se había invertido en empresas, tanto en España como fuera”, revela el exmiembro de la Organización del Ejército Secreto.
Charles de Gaulle sufrió cinco atentados entre 1961 y 1964. El mejor preparado, acontecido el 22 de agosto de 1962, fue perpetrado por el teniente Jean-Marie Bastien-Thiry, colaborador de la OAS. Nueve pistoleros acribillaron el coche del presidente, que viajaba con su mujer, en un Citroën DS sin blindar. Salieron ilesos. Bastien-Thiry fue condenado a muerte y ejecutado en marzo de 1963.  | Sigue leyendo.

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