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ETA amenaza a la familia de Valentín Lasarte

Fecha: 15/02/2010 1:00 Ana María Pascual ico favoritos Añadir a favoritos
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Mató a sangre fría en nombre de ETA y ahora ETA amenaza a su familia. Valentín Lasarte, condenado por los crímenes de Fernando Múgica y Gregorio Ordóñez, ha roto con la banda. Y ellos no lo perdonan. Su hijo adolescente ha recibido amenazas que la policía vasca se toma muy en serio. No es el único.

En la parte vieja de San Sebastián (Guipúzcoa), pocos vecinos desconocen que en una de sus emblemáticas calles reside la familia de Valentín Lasarte, el histórico pistolero de ETA que acaba de ser expulsado de la banda, entre otras cosas, por inaugurar la lista de los presos etarras que han aceptado un empleo en la cárcel. Lasarte, de 45 años, trabaja desde finales de año en el economato de la prisión asturiana de Villabona, una de las cárceles, junto con Zuera (Zaragoza) y El Dueso (Cantabria), donde el Gobierno está concentrando a los reclusos de ETA que muestran su disconformidad con los atentados y asesinatos de la banda.

Valentín Lasarte, un baluarte de ETA, todo un maestro del tiro en la nuca, ha logrado así ser trasladado a una prisión cercana al País Vasco. Pero quizá no le compensen estos beneficios, porque, hace poco, uno de sus hijos ha recibido amenazas del entorno de la banda, según ha podido saber interviú de fuentes de la lucha antiterrorista. El chaval, que ronda la mayoría de edad, fue increpado violentamente por varios radicales afines a ETA, que le echaron en cara “la cobardía” de su padre y lo tacharon de “traidor”.

Valentín Lasarte, que integró el comando Donosti entre 1994 y 1996 a las órdenes de Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, está condenado a 216 años de prisión por seis asesinatos, entre ellos el del político del PP Gregorio Ordóñez y el del socialista Fernando Múgica. Aunque no se ha arrepentido de sus crímenes de manera expresa, Lasarte decidió romper con ETA y beneficiarse de ello cuando le comentó a otros presos de la banda que el camino del terrorismo no iba a dar los frutos deseados. ETA no se lo perdona, ni a él ni a su familia.

El primer escarnio público de la banda contra sus disidentes carcelarios es la expulsión de sus filas y del Euskal Preso Politikoen Kolektiboa (EPPK), el colectivo de presos de ETA, conocido como frente de makos. Valentín Lasarte fue expulsado junto a otros cuatro presos disidentes el 4 de enero. Pero la venganza de ETA contra sus reclusos tránsfugas va más allá de dejarles sin la paga mensual y sin el apoyo de sus abogados. Según ha podido saber esta revista, es la Ertzaintza la que se encarga de la investigación de las amenazas recibidas por la familia de Lasarte. No consta denuncia por escrito de los hechos. La policía autonómica vasca tuvo conocimiento de lo acontecido a través de terceras personas, y se entrevistó con los parientes de Lasarte para recabar más datos. La Ertzaintza mantiene discreción sobre las medidas de seguridad que se han adoptado.

Asunción Lasarte, la hermana del ex etarra, no ha querido comentar el asunto cuando esta revista se puso en contacto con ella. La familia Lasarte es muy conocida en San Sebastián. Durante muchos años, el padre regentó un bar en la parte vieja, el Lasarte, que traspasó cuando se descubrió que su hijo era miembro del comando Donosti. Lasarte ejemplarizó durante tres años el perfecto miembro legal (no fichado, desconocido para la policía) de ETA: mataba y volvía a su vida cotidiana, en el bar de su padre, como camarero.

Otras familias amenazadas

La de Valentín Lasarte no es la única familia que ha sido amenazada recientemente tras la expulsión de sus parientes de las filas de ETA. Según ha podido saber esta revista de fuentes de la lucha antiterrorista, las familias de otros tres de los expulsados en la misma hornada que Valentín Lasarte también han sido objeto de increpaciones y amenazas de cierta gravedad por parte del entorno de ETA. La Ertzaintza también investiga estos otros casos.

Además de Lasarte, en enero fueron expulsados de la banda Iñaki Rekarte, que trabajó junto a Valentín en el economato de la prisión de Villabona; Andoni Muñoz de Vivar, Esteban Murillo y Jorge Uruñuela. A este y a Rekarte la banda no les perdona sus relaciones sentimentales con mujeres que conocieron en prisión. Rekarte, de hecho, está casado con una maestra a la que conoció en una cárcel de Cádiz.

En alguna otra ocasión los parientes de los presos etarras desafectos han sido apercibidos por el entorno de ETA con el objetivo de que los díscolos volviesen a la disciplina del frente del makos, pero expertos antiterroristas consultados por interviú consideran que las advertencias a las familias de los últimos expulsados de la banda tienen un significado especial dado el momento crítico que vive ETA, en pleno proceso de debate y con un movimiento disidente en las prisiones que parece imparable. Los últimos seis ex etarras que han dado ese paso, hace dos semanas, son Fernando de Luis Astarloa, Josu García Corporales, Luis María Lizarralde, Andoni Altza Hernández, José Manuel Fernández de Nanclares y José Antonio Hernández Velasco.

Si fuera de las prisiones ETA intenta amedrentar a sus presos disidentes mediante amenazas a sus parientes, dentro de las cárceles lo tiene más difícil para imponer su voluntad de lograr una unidad inquebrantable. Esto se debe al sistema que el Gobierno puso en marcha a principios de 2009 con el objetivo de resquebrajar el frente de makos. Cualquier preso de la banda que muestre su deseo de alejarse de la doctrina del colectivo es trasladado a una prisión cercana al País Vasco, donde convivirá con otros etarras de la misma línea.

Así, 140 presos de ETA no se han sumado a las protestas ordenadas desde fuera. Cuarenta de ellos son ya disidentes conocidos, como Urrusolo Sistiaga y Carmen Guisasola, pero en los últimos tiempos se han sumado algunos más.

Según ha podido saber interviú, entre los presos que han dado este mes los primeros pasos para romper con ETA están Asier Ormazabal, condenado a 351 años de prisión por el asesinato del sargento Miguel Ángel Ayllón. Ormazabal, que fue miembro del comando Andalucía, también mató a un policía en Bilbao, dejó tetrapléjico a otro y pudo causar una masacre al hacer explotar un autobús militar en Córdoba. Ahora su actitud disidente ha valido para que el Gobierno le dé una oportunidad y le haya trasladado a la cárcel de Villabona con otros rebeldes.

Otro sanguinario terrorista que también ha iniciado el camino para romper con la banda es Kepa Etxeberria Sagarzazu, ex integrante del comando Donosti, detenido en 1999 y que fue condenado por dar información para cometer asesinatos. En 2004, Etxeberria celebró en prisión los atentados del 11-M en Madrid en compañía de otros etarras y del preso musulmán Mustafá Zaníbar, lo que valió para alentar, durante unos días, la teoría de la conspiración en aquellos atentados. Zaníbar se suicidó tiempo después en la cárcel y Etxeberria dejó el mes pasado la prisión de A Lama (Pontevedra) para ser trasladado a la de Zuera, núcleo de etarras disidentes. En esta prisión están concentrados, además de Urrusolo, Pakito (jefe militar de ETA durante años), Felipe San Epifanio, Rafael Caride Simón y Santi Potros (implicados en la matanza de Hipercor estos dos últimos), a los que la organización, de momento, “no ha tocado; ni a ellos, ni a sus familias”, según fuentes penitenciarias.

El último mes, otros tres presos etarras han mejorado su situación después de hacer ver sus criticas a la banda. Se trata de Urko Pagoaga, que ha sido trasladado a la cárcel de Basauri (Vizcaya), Iñaki Loizaga y Alberto Gómez González, ambos a la cárcel de Zuera (Zaragoza), el otro gran núcleo de presos disidentes. Los dos primeros son de la rama política de ETA: el primero pertenece a Segi, el segundo a Gestoras pro Amnistía, y el último fue condenado por sabotajes de la kale borroka.

Además de Villabona y Zuera, Interior ve “con esperanza” la evolución de los seis etarras recluidos en Logroño; entre ellos, el batasuno Juan José Petrikorena; y de los de El Dueso, donde están recluidos José Luis Álvarez Santacristina, alias Txelis, y Kepa Pikabea, los dos etarras veteranos que abrieron el camino de la redención que otros ya están siguiendo.

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