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Se cumplen 30 años de la mayor matanza de ETA. Medio centenar de afectados están sin indemnización ni atención del Estado.

Hipercor: las víctimas olvidadas

Fecha: 19/06/2017 Ana María Pascual ico favoritos Añadir a favoritos
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El 19 de junio de 1987 veintiuna personas fueron asesinadas en el centro comercial Hipercor en Barcelona. Una docena de afectados de la mayor matanza perpetrada por ETA, entre ellos, padres y madres de niños fallecidos, no son reconocidos como víctimas del terrorismo por el Ministerio de Interior. Otros 33 se quedaron sin cobrar la indemnización por responsabilidad civil del Estado. Estos damnificados se quejan del olvido institucional. | Sigue leyendo. 

El renombre de la legislación española de reconocimiento y protección a las víctimas del terrorismo se desploma, como un castillo de naipes, ante unos padres que perdieron a sus hijos en la mayor matanza perpetrada por ETA y no tienen la consideración oficial de víctimas del terrorismo porque no se encontraban en el lugar y en el momento del atentado.  Nuria Manzanares, de 66 años, y su esposo, Enrique Vicente, de 68, ambos barceloneses, siguen sin poder contener las lágrimas cuando rememoran el fatal día en el que un comando de ETA, formado por Rafael Caride Simón, Mercedes Ernaga y Domingo Troitiño, hizo explosionar un Ford Sierra cargado con 30 kilos de amonal en la primera planta del aparcamiento del centro comercial Hipercor, situado en la avenida Meridiana de Barcelona. Veintiuna personas fallecieron abrasadas o asfixiadas, y otras 45 resultaron heridas. 

Viernes, 19 de junio de 1987. Mercedes Manzanares, de 33 años,  hermana de Nuria, había llevado a Hipercor a sus sobrinos, Jordi, de 9 años, y Silvia, de 13, para comprar un bañador a la niña, que se iba de viaje de fin de curso. El niño se apuntó a los planes a última hora. “Yo estaba trabajando en mi peluquería y mi marido, en su taller, como electricista. Le dije a Jordi que no fuera, pero insistió –, recuerda Nuria Manzanares–. Después de las compras, mi hermana les iba a llevar a una fiesta en el colegio. Les acababan de dar la vacaciones de verano”.

Ya en el parquin, a las cuatro y doce minutos de la tarde, a punto de abandonar el centro comercial, la explosión les alcanzó de lleno. El Ford Sierra de los etarras iba cargado con un artefacto explosivo que pesaba 200 kilos. Además de amonal, la bomba contenía 100 litros de gasolina y una cantidad indeterminada de escamas de jabón y de pegamento adhesivo; todo ello introducido en bidones de plástico en el malatero del vehículo, según detalla la sentencia. 

Condenas perpetuas

El atentado de Hipercor fue la primera acción que ETA perpetraba contra la población civil. La mayoría de las víctimas fueron mujeres que realizaban la compra en ese momento. Es la mayor matanza de la banda terrorista, de la que se cumplen ahora 30 años. Dos de los responsables, Mercedes Ernaga y Domingo Troitiño, salieron de la cárcel hace cuatro años. Los otros dos, Rafael Caride Simón –hoy, arrepentido– y  Santiago Arróspide, alías Santi Potros –entonces jefe de la banda–, recobrarán la libertad en uno o dos años a lo sumo.  Cada uno de los terroristas fueron condenados a casi 800 años de prisión.

Las otras condenas, las de las familias que perdieron a sus seres queridos en la matanza, son perpetuas. Nuria Manzanares y Enrique Vicente soportan la suya gracias a una especie de milagro. Nuria se enteró de que estaba embarazada mientras lloraba la muerte de sus hijos. “Enric, nuestro hijo, ha sido nuestro soporte. Sin él, nos hubiéramos vuelto locos por tanto dolor”, dice Enrique Vicente. 

Él tuvo que buscar entre los muertos a sus hijos y a su cuñada,un periplo que aún le arranca el llanto: “En el hospital Vall d´Hebron no estaban.  En el Clínic, encontré a Mercedes primero. Luego vi a Jordi y por último, el cuerpo de Silvia”.

 Nuria y Enrique se sienten víctimas abandonadas por las administraciones. “En ningún momento, durante estos años, nadie de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo, del Ministerio de Interior, nos ha llamado para saber cómo estábamos ni nos han ofrecido ayuda psicológica ni de ningún tipo. Se les llena la boca con la atención a las víctimas y es pura patraña”, se queja Nuria. La pareja percibió la indemnización marcada en la sentencia de 1989 por la pérdida de sus hijos: 25 millones de pesetas  (150.000 euros) por cada una de las muertes. Sin embargo, no tienen la consideración de víctimas del terrorismo porque ellos no estuvieron en Hipercor el 19 de junio de 1987.| Sigue leyendo. 

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