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José Antonio, Agente Secreto

Fecha: 27/03/2006 Luis Rendueles / Manuel Marlasca ico favoritos Añadir a favoritos
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José Antonio Expósito, el hombre que escoltó al diputado tránsfuga Eduardo Tamayo cuando cambió el Gobierno de la Comunidad de Madrid, convenció a policías, vigilantes y técnicos de varias televisiones para que le ayudaran a vigilar a decenas de personas “por el bien de España”.

Un técnico de televisión grabó el 11 de junio de 2003 el vídeo que muestra al diputado Eduardo Tamayo junto a su guardaespaldas, José Antonio Expósito, poco después de su fuga del PSOE y el escándalo en la Asamblea de Madrid. Pero el técnico no lo hizo por trabajo, sino porque Expósito, a quien creía agente del Centro Nacional de Inteligencia, le convenció de que era una misión “por la seguridad, por España”.

“Me dijo que el CNI había ordenado protegerlos, porque a nadie le interesaba que les pasase algo. Saludamos a los diputados y les acompañamos hasta el despacho del abogado Esteban Verdes”, relató el acompañante de Expósito acerca de la misión de Tamayo y Sáez. Verdes era el marido de una concejal del Ayuntamiento de Madrid y tenía relación con el secretario del Partido Popular de Madrid, Romero de Tejada.

Este técnico, que grabó el vídeo con una cámara oculta en un casco de moto, formaba parte de un grupo creado por José Antonio Expósito, alias Tango 00. En la época de la fuga de Tamayo (junio de 2003) y hasta principios de 2005, según desvelan las investigaciones de la Guardia Civil, Expósito convenció a media docena de policías, un informático de Telefónica, un técnico de TVE y otro de Tele 5, para que le ayudaran en sus trabajos como “espía” del CNI.

No en vano, les entregó gorras, relojes, camisetas, cartas y carnés falsos del Centro Nacional de Inteligencia que él mismo había fabricado. El chófer y guardaespaldas tenía una gran capacidad de fabulación, según explican a esta revista algunos de sus colaboradores. Así, en octubre de 2004, días después de la detención en Francia del jefe de ETA Mikel Antza, Expósito envió a uno de sus hombres dos casquillos de bala y le dijo que habían sido encontrados por “nuestros chicos” en el zulo. La Guardia Civil descubrió que eran casquillos de una escopeta de caza.

A otro de sus contactos le mandó una carta en la que detallaba una delirante versión de la operación antiterrorista, en la que Expósito aseguraba haber participado: “Médicos franceses le retiran el microlocalizador que le puso mi amigo sin que el detenido se entere”.

En la carta no faltaba una sorprendente revelación: “Pactamos y les dejamos que se cuelguen la medalla ellos (la Guardia Civil), eso sí, con una condición: van a soltar a Galindo (el ex general condenado por la muerte de dos etarras) y los compañeros beneméritos necesitan un empujoncito para acallar la voz pública que pudiera suscitar la inminente liberación”. La carta finaliza con un curioso mensaje: “Estoy cansado y necesito recuperar muchas cosas que he ido dejando en el camino en pro de nuestra madre patria”.

Los colaboradores de Expósito le creían y seguían sus órdenes. “Pensaban que prestaban un servicio, no sabían cuál, a España. No lo hacían por dinero”, aseguran fuentes de la investigación. De hecho, Tango 00 tenía en la agenda de su teléfono móvil el número de un agente de inteligencia, con el epígrafe “CNI”. La Guardia Civil comprobó que se trataba realmente de un espía.

Expósito pedía ayuda en informática a un trabajador de Telefónica, otro de Tele 5 le acompañaba para vigilar y grabar objetivos, y varios policías le facilitaban datos. Sus colaboradores recibían, en el mejor de los casos, entre 100 y 200 euros y una felicitación por correo electrónico firmada por Tango 00. Una de ellas culmina diciendo: “Tu prueba de fuego está lista: será en Panamá”. A otro le anima a aprender árabe “en dos años” para ser espía. Un tercero recibió una imagen suya buceando al estilo de Curro en el Caribe. Le dijo que había ayudado a la CIA en una misión desarrollada en Centroamérica para llevar al poder a un mandatario afín a EE UU. Expósito se movía con soltura en el coche oficial del banco para el que trabajaba, un Audi A8 oscuro. Así llegó a la comisaría del distrito Centro, muy cerca de la Gran Vía y una de las de mayor actividad en Madrid: “Le conocí en septiembre de 2004 y me dijo que era agente del CNI –recuerda uno de los policías, acusado de revelación de secretos–. Lo primero que me pidió fue información sobre matrículas y domicilios de tres árabes”. Lo siguiente, según su testimonio, “que agilizara los trámites para unos pasaportes”.

Expósito contaba a sus ayudantes lo que querían oír. Al policía de Centro le aseguró que estaba buscando futuros espías del CNI, –“olvidaos de llevar uniforme”, les dijo– y le encargó que le seleccionara personal cualificado. Con esa excusa, entraba por las noches en la comisaría como en su casa. En la puerta enseñaba, según consta en el sumario, un carné amarillo con su foto, una placa con una corona dorada y el anagrama del CNI. En una de sus declaraciones en el juzgado, Expósito explicó: “Me bajé de internet el logo del CNI y puse mi foto. Lo enseñaba en plan gracioso.” Otros dos policías fueron entrevistados por el guardaespaldas de Tamayo y 12 agentes más le entregaron en 2004 sus currículos con todo tipo de datos personales, convencidos de que estaban ante un mando del CNI. Uno de ellos dejó su carrera –había ingresado en la Escuela de la Policía– para seguirle, otro se sacó el carné de conducir y compró un coche. “Tres de los compañeros recibieron llamadas de teléfono en las que les decían que era el Ministerio de Defensa y que les habían seleccionado”, asegura otro de los policías que conoció a Tango 00. A la policía llegó Expósito tras pasar por la Universidad Complutense. “Me dijeron: «Me comentaron que un banco le pagó cursos de seguridad. No parecía un chófer. Yo estuve con él en la sede del banco y tenía despacho y secretaria”, añade.

Expósito hizo varios barridos de seguridad (comprobación mediante dispositivos electrónicos de posibles espionajes) en la universidad. “Un barrido fue por cuestiones de seguridad relacionadas con ETA, otro por posibles filtraciones en los exámenes de las oposiciones, otro durante las elecciones universitaria ...”, añade este ex alto cargo. “Trabajó como supervisor, luego Mercedes Pedreira (concejal del Centro Democrático Social, CDS, que denunció una trama de corrupción en Majadahonda), que era administrativa de la universidad, nos pidió ayuda y se lo enviamos para que revisara su despacho”, concluye. En sus declaraciones ante el juez, Expósito confirmó estos trabajos.

“Tenía contactos en el infierno, servía hasta para quitar multas. Siempre pensé que era un teniente del CNI”, confiesa una de las personas que colaboraron con Expósito, que presumía de manejar información privilegiada, coincidente con la línea más ortodoxa del PP. El día de los atentados del 11-M “me llamó y me dijo que habían sido cosa de los moros y ETA, que habían actuado juntos”, recuerda este ex dirigente universitario.

Por entonces, Expósito ya tenía su empresa de seguridad, Setronic, donde ingresó 124.000 euros en 2004. Ese año, según la investigación, canceló créditos por valor de 350.000 euros y solicitó otros 490.000 euros en nuevos créditos.

Llevaba “un tren de vida muy alto” y un ritmo de gastos “vertiginoso”, según fuentes de la investigación. Compró una moto y un coche BMW y puso un anuncio en internet para hacerse con un Buick, un vehículo de los años treinta, valorado en 30.000 euros.

En diciembre de 2004, todo se vino abajo. El día 21, uno de sus hombres intentó entrar en una sala del aeropuerto de Barajas mostrando un carné falso del Centro Nacional de Inteligencia. En febrero de 2005 fue detenido Expósito. En su casa se halló una copia de su vídeo con el tránsfuga Tamayo. Cuando la Guardia Civil les explicó el engaño a sus colaboradores, algunos sonrieron con suficiencia y confesaron su penúltimo secreto: “José Antonio nos ha dicho que le han metido en prisión para que haga una misión secreta y averigüe cosas para el CNI”. Y, cómo no, para España.

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