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Jumilla (Murcia): el pastor Pascual Carrión logra que el Supremo paralice una megaurbanizaciÓn con golf

Fecha: 08/03/2010 ico favoritos Añadir a favoritos
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Quinientas ovejas y 70 cabras. Ese es el patrimonio de Pascual Carrión, pastor de Jumilla (Murcia). Eso y las 30 hectáreas donde pastan, que formaban parte de una futura urbanización de 15.000 casas con golf incluido, por las que le daban más de tres millones de euros. El los rechazó: “No hay agua”.

El terreno aparece inmenso bajo la sierra de Santa Ana, apenas a tres kilómetros de Jumilla. Al borde de la carretera, un par de puertas arconadas como las de una feria andaluza, separadas varios kilómetros entre sí, se levantan dando paso a la nada. Tras ellas, siete millones de metros cuadrados de secano –700 hectáreas de hierbajos, cepas, algún almendro– que el Grupo San José, de Orihuela, había comprado para edificar allí 15.000 viviendas y un par de campos de golf. Bueno, no había comprado todo: 30 de esas hectáreas eran de Pascual Carrión Guardiola, un pastor nacido allí hace 57 años y que por nada del mundo quería quedarse sin las tierras de sus abuelos, donde pastan sus ovejas. Y Pascual no vendió: “Para mí, esto es la vida –dice–. Levantarme, desayunar y venir a cuidar el ganado. Es lo que he conocido desde siempre y lo que me gusta. No necesito otra cosa”.

El pastor decidió que los planes urbanísticos del Ayuntamiento de Jumilla –más de 80.000 viviendas nuevas para un pueblo que hoy apenas cuenta con 9.000– eran de poco fiar. Sabía que no habría agua para todos y no terminó de creerse las promesas de la empresa: “Me ofreció muchísimo dinero por las tierras. Pero… de mis 30 hectáreas, diez están en medio del plan parcial y esas no me importaba dejarlas; pero las otras 20, que estaban fuera de la urbanización, ¿para qué las querían?”.

Cuando habla de “muchísimo dinero”, es rigurosamente cierto. Según la documentación a la que ha tenido acceso interviú, en caso de que Pascual no hubiera vendido, habría sido expropiado por el Ayuntamiento [que en 2006, cuando aprobó el plan parcial, llamado Santa Ana del Monte Jumilla Golf, lo hizo con solo 2.285 viviendas, las máximas que permitían los recursos hídricos teóricos de la zona] por 2.600.000 euros, nada menos. Y la promotora le daba bastante más. “Nosotros –dice el concejal de Izquierda Unida-Los Verdes, José Antonio Pérez– hemos estado siempre con él. Y su convicción de que esta urbanización era una locura, de que no hay agua y de que la que hay es mala y está contaminada es la nuestra, como así han demostrado los análisis; pero ante la inminencia de la expropiación, cuando apenas faltaban 15 días para hacerla, terminamos por aconsejarle vender, por si sacaba un duro más que menos. Lo que ocurre es que la empresa fue al concurso de acreedores y ahí se acabó todo”.

Suspensión de pagos

En efecto, Herrada del Tollo SL (la filial de San José Inversiones que iba a urbanizar) se declaró en lo que antes se llamaba suspensión de pagos en mayo de 2008, dos años después de haber iniciado los trámites del proyecto. De ahí, 2006, datan los acuerdos plenarios del Ayuntamiento de Jumilla por los que se aprobaba la construcción de las viviendas y los campos de golf. Eso sí, reduciendo el plan parcial de la zona (llamado Santa Ana del Monte Jumilla Golf) a 2.285 viviendas, las máximas que permitían sus recursos hídricos teóricos. Es en ese año cuando, también, empieza la ofensiva judicial de Pascual Carrión. “Ya estaba encabronado con lo de la línea –se refiere a unas torres de alta tensión que desviaron del trayecto original y que le pusieron en su finca, caso que también tiene aún en los tribunales–, así que me metí en el lío”. El ganadero habló con abogados, pidió la suspensión de los acuerdos y… perdió ante el Tribunal Superior de Justicia de Murcia, que consideró que primaban los “intereses generales” sobre los suyos y los de sus ovejas. Mientras, claro, descolocó al alcalde y a no pocos vecinos, que no entendían que un simple pastor paralizara el “crecimiento” del municipio. Pero, al final, logró que su caso terminase por ser revisado por Tribunal Supremo.

Y en octubre pasado llegó la sorpresa: la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del alto tribunal, en una sentencia sin apenas precedentes –la redacción corrió a cargo del magistrado cordobés Rafael Fernández Valverde– decidió la suspensión cautelar de los acuerdos municipales que aprobaron la urbanización (pleno del 5 de diciembre de 2006 y resolución de la Junta de Gobierno Local de 13 de diciembre siguiente) por no estar suficientemente acreditado el suministro de agua potable. El pastor había ganado: “Estaba claro –dice Pascual Carrión–. Yo sé que esto no termina aquí, porque el Ayuntamiento ha recurrido alegando que no les llamaron para ver qué tenían que decir; pero es que sigue sin haber agua para todos. Y la que hay, salada y contaminada. Si lo sabré yo, que llevo toda la vida con las ovejas”.

Cuando dice esto, hay que tomarlo literalmente. Pascual ni siquiera llegó a salir de Jumilla para hacer la mili, siempre pegado al terreno. “Gracias a Dios me libré –explica– y, bueno, nunca me he movido de aquí; pero es que no lo necesito. Desde que mi padre me enseñara el oficio, de chico, siempre me gustó. Y eso que antes hasta le poníamos nombre a las ovejas: ‘Carbonera’, ‘Rayada’… Ahora no, aunque, eso sí –afirma, rotundo–: yo me las conozco a todas, ¿eh?”. Su padre, que ya cuenta 82 años –“aunque está muy bien de la cabeza”, dice él–, vive con él en el pueblo, donde también tiene a su hermana, casada, y a dos sobrinos. Ninguno quiere seguir su profesión, pero a Pascual no le importa. Desde hace años comparte su vida con una mujer, aunque no tiene familia. “¿Qué si hubiera vendido y cogido el dinero de haber tenido hijos? –dice, contestando a la pregunta del periodista–: Pues… No sé. Yo creo que lo primero que haría sería hablarles sobre esto e intentar que les gustara la naturaleza tanto como a mí, por si les tiraba, ¿no? Es difícil, pero nunca se sabe”.

Mientras, al menos, se conforma con enseñarle el oficio a un empleado que tiene –el boliviano José Avellaneda, quien vive con su familia en el cortijo de la finca donde Carrión guarda el ganado–, aunque solo por temporadas. “Todo el año, no, porque esto no da para más –asegura–. Antes, hasta podía sacarme unos duros por la lana; pero ahora no se paga nada. Al menos, me da para pagarle 1.000 euros al mes. Y tiene la casa, con el teléfono y la televisión. ¿Que si trabaja bien? Va aprendiendo, no creas. Que esto parece fácil, pero es duro y hay que saber”.

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