La crisis hunde a las pequeñas y medianas empresas
Fecha: 06/09/2010Son el motor de la economía española y se sienten olvidados. Los pequeños empresarios agonizan por la falta de dinero y la caída de las ventas. Los clientes han desaparecido o retrasan sus pagos y los bancos les han cerrado el grifo. Tres años de crisis se han llevado por delante a más de un millón de empresas. El 99% son pymes.
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Alcalá de Guadaira (Sevilla). José Manuel Romana y Manuel Tavón. Dibeca: venta y distribución de maquinaria de hostelería.
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Alcalá de Guadaira (Sevilla). José Manuel Romana y Manuel Tavón. Dibeca: venta y distribución de maquinaria de hostelería.
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Sevilla. Manuel Paraíso. Pulimentos Macarena.
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Torrejón. Gustavo Goldaracena. Pescadería Larache
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Toledo. Eloy Velasco. Fadia: mayorista de aceitunas y encurtidos
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CARMEN MARTÍNEZ ha llegado al límite. A sus 63 años, esta gallega dueña de una mercería ha tomado una decisión desesperada. Cambia su tienda por un contrato de trabajo de dos años. Nada más. Era eso, “o acabar pidiendo limosna… o ingresada”. Cuando Carmen empezó a verse muy cerca de ese límite, acudió a una oficina de la Seguridad Social con la idea de prejubilarse. La crisis había echado por tierra su pequeño negocio. “Yo vivo sola y pretendía vivir de mi trabajo –relata–. Pero 2009 fue horroroso. Y 2010 es, directamente, insostenible”.
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Francisco Palacio es portavoz de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos y admite que los problemas de financiación están hundiendo muchas pequeñas empresas.
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Pocos han hecho por su empresa tanto como Manuel Paraíso. Empresario hasta la médula, este sevillano de 49 años se ha encerrado en el interior de una obra en la que le debían dinero. Se ha encadenado, se ha colgado de una fachada, ha recorrido desnudo las calles y hasta ha pasado un mes y medio en huelga de hambre. “Hasta que me echó la juez”, recuerda. Todo, para no caer en el espiral de los impagos y salvar a su empresa de la ruina. De momento sobrevive. Pero con el agua al cuello. “Yo es que soy muy cabezón –advierte–. Hace un mes, eso sí, tuve que pedir un crédito al banco para poder pagar a los trabajadores”. Aun con todo, ha tenido que despedir a cuatro de ellos. El problema es que Paraíso y sus empleados de la empresa de pulidos Pulimentos Macarena trabajan y terminan los encargos; pero después les toca cruzar los dedos para que las constructoras les paguen. Este empresario calcula que ahora mismo le deben unos 60.000 euros. “Al final acabamos perdiendo dinero. Vamos contracorriente. Como esto siga así, la pequeña empresa se va al garete”, se lamenta.
La preocupación de Paraíso no es infundada. En tres años de crisis han cerrado 1.119.863 empresas, según los datos del Directorio Central de Empresas, disminuyendo el tejido empresarial español en 130.000 negocios. El 99 por ciento de esas empresas eran pymes (de 1 a 249 trabajadores). La Comisión Europea ha alertado de que las pequeñas empresas sufrirán más los efectos de la crisis a partir de ahora y que “serán previsiblemente las más afectadas en 2010 y después, conforme las medidas de apoyo iniciales se vayan retirando”. Paradójicamente, las pymes son la principal fuente de desarrollo económico en España. Crean más del 80 por ciento de los puestos de trabajo.
Como en el caso de Paraíso, que pese a su afán por ir cobrando lo que puede de las constructoras hace dos meses que no lleva un sueldo a casa, la morosidad es uno de los primeros problemas que machacan a los pequeños empresarios. Pedro Torres, coordinador de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad, explica que los retrasos en los pagos está lastrando a miles de pequeñas y medianas empresas y a los autónomos.
Según un estudio realizado por esta plataforma a principios de año, el tiempo medio de cobro entre empresas es de 101 días y el plazo aumenta hasta los 154 en el caso de las administraciones públicas. Días de espera en los que hay que tirar de ahorros o de financiación externa. Las dos son opciones muy escasas en los tiempos que corren. “Esto ha provocado muchas situaciones de insolvencia y quiebras”, afirma Torres. La aprobación de la nueva ley contra la morosidad en junio, en cuya elaboración participó la plataforma, acorta estos plazos. Pero no se aplicará completamente hasta 2013. “Es un gran avance –opina Torres–, pero el pequeño empresario ha sido hasta ahora el olvidado de la crisis”.
Muchos pequeños empresarios se sienten así. Abandonados. Por los bancos y por la Administración. Gabriel González, dueño de dos restaurantes en Castellón y Guipúzcoa, compara la diferencia en el trato a las grandes y las pequeñas empresas con la reacción ante los accidentes de tráfico: “Un accidente de avión es muy escandaloso porque mueren muchas personas a la vez. Pero no hay que olvidar que en las carreteras mueren cada año miles de personas”. Para él, la catástrofe ha tomado forma de despidos. “Para sobrevivir he tenido que echar a ocho personas. Te duele, porque son ya casi como hijos para mí. Tienen sus vidas, sus hipotecas… y te sientes responsable”. Como todos, intentó recurrir a los bancos. “El banco con el que llevo trabajando veinte años no hace más que darme largas: «Lo estamos mirando», me dicen. Pero pasan las semanas y al final te das por vencido”.
“Pedir crédito ahora es imposible”. Lo reitera José Manuel Romana, uno de los dos socios de la empresa de maquinaria de hostelería Dibeca, de Alcalá de Guadaira (Sevilla). Después de quince años levantando su pequeño negocio, la crisis les trajo una caída radical de las ventas. “Antes salíamos una vez cada quince días a repartir mercancía. Ahora puede ser cada dos o tres meses”, relata. Han tenido que vender muy barato, casi sin ganancias, y retrasar el pago a sus proveedores hasta el momento de cobrar ellos. “Si no vendemos, no comemos”, simplifica Romana. Después de tantos años de esfuerzo para hacerse un buen nombre en el sector, tienen que vivir al día.
La puntilla se la dio una carta del Ayuntamiento notificándoles la expropiación de su nave. “Invertimos en ella 22 millones de pesetas [132.000 euros]”, recuerda Romana. Por la expropiación les han dado 77.000. “Cuando derriben la nave nosotros seguiremos pagando la hipoteca”, se lamenta. En el momento de entregar las llaves las familias de los dos socios arriman el hombro para sacar las máquinas que les quedan sin vender, que aún no saben dónde almacenarán. Hasta los niños echan una mano. La empresa ha sido el sustento de las dos familias por muchos años. Ahora dan gracias si las ganancias del mes les llegan para pagar la cuota de autónomos, los gastos corrientes y la comida. “Mi mujer colabora en Cáritas y alguna vez ya hemos tenido que recurrir a ellos. Si tiene que traer un kilo de fideos, de harina o de Cola-Cao, pues lo trae”, susurra Romana. En septiembre llega el momento de decidir si cierra definitivamente su negocio.
“Los pequeños empresarios tienen que pagar la luz, las nóminas de los empleados, las letras...”, enumera Francisco Palacio, portavoz de ATA (Federación Nacional de Trabajadores Autónomos). “Hasta ahora se iba al banco a pedir préstamos. Pero hace dos años que los bancos han cerrado las líneas de crédito. El 85 por ciento de los autónomos tienen problemas para acceder a financiación”, explica. Las mismas cifras resultan de la última encuesta llevada a cabo por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio entre empresas de 1 a 249 trabajadores. Si al retraso en los pagos se le suma esta falta de liquidez, el resultado muchas veces es la ruina. “Estos dos problemas –resume Palacio– te atenazan y te obligan a cerrar”.
Y cerrar no es cosa fácil. Hay empresarios que, simplemente, dejan inactiva la empresa hasta ponerse al día con las deudas. “Hasta para cerrarla necesitamos un dinero que no tenemos”, cuenta Lourdes Verdesoto, dueña de un negocio de mobiliario de oficina en Barcelona. A otros, lidiar con unas deudas astronómicas les ha costado la salud. Es el caso de Gustavo Goldaracena, empresario uruguayo asentado en España desde hace diez años, que decidió abrir una tienda de pescado de bajo coste en Torrejón de Ardoz (Madrid). El negocio no fue como esperaba y tampoco acertó con la elección de socio, con el que tuvo problemas judiciales. Cuando los bancos empezaron a apretarle, ya era imposible hacer frente a las deudas.
“Engordé hasta los 140 kilos en menos de dos años. Y caí en una depresión”, relata Goldaracena. Lleva ocho meses de baja. Le operaron por obesidad mórbida; visitó psicólogos y psiquiatras. Pero asegura: “Si yo me muero, esto no lo arregla nadie”. Tiene nueve juicios pendientes a costa del dinero que le reclaman los bancos y la Administración. Levanta la mirada hacia el cielo y resopla a modo de respuesta si se le pregunta a cuánto asciende la cantidad. “He pasado por tres crisis y nunca dejé ni una deuda sin pagar –afirma–. Ahora, algo como lo que está sucediendo en España nunca antes lo vi”.
Su nombre pasó a formar parte de una de esas temidas listas de morosos, la del Asnef (Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito). “Estando en esa lista yo no puedo pedir crédito ni hacer nada; estoy bloqueado”. Quiere salir adelante emprendiendo otro negocio, pero sabe que no va a serle fácil. De momento, se ha declarado en concurso personal de acreedores. Y espera que no sea demasiado tarde.
La mayoría de los pequeños empresarios no quieren ni oír hablar del concurso de acreedores, la antigua suspensión de pagos. Declararse insolvente, pagar abogados, aguantar un proceso largo y complicado. Para eso, coinciden muchos, mejor cerrar. Algunos jueces ponen en duda que el procedimiento concursal sea un sistema adecuado para el pequeño empresario. “Hay muy poca cultura concursal –reflexiona el magistrado Andrés Sánchez Magro, del juzgado mercantil número 7 de Madrid–. Cuando uno entra en concurso de acreedores es casi como si fuera un apestado. No ha habido tiempo, con la crisis, de asentar la idea de que una empresa puede pasar una dificultad y recuperarse”. El año pasado se cerró con un récord absoluto de procedimientos de insolvencia de empresas, con casi 5.000 declaraciones de concurso. Antes de la crisis, en el año 2007, rondaban los 1.000.
La única salida
“Yo temía mucho a la suspensión de pagos”, confiesa Eloy Velasco. Este empresario de 60 años sabía mucho de aceitunas pero muy poco de concursos de acreedores cuando su abogado le sugirió que era la única salida. Debía cuatro millones de euros por culpa de los dos millones que a su vez le adeudaban sus clientes. “Es una experiencia que no deseo a nadie –confiesa–, pero creo que va a ser la solución para mi negocio”.
Velasco abrió en 1987 la empresa de distribución de aceitunas Fadia, en Pepino (Toledo). “Poco o mucho, lo tengo todo puesto aquí”, afirma. Cuando se dio cuenta de la situación económica en la que se hallaba, su mundo dio un vuelco. “Estábamos metidos en un pozo. Peligraba el puesto de trabajo de todos”. Tomó la decisión de solicitar el concurso y lo cuenta orgulloso: no ha tenido que despedir a ninguno de sus 20 empleados y los acreedores aceptaron la propuesta del juez de aplazar la deuda cinco años y reducirla a la mitad. Por eso, Velasco es uno de esos pocos empresarios que hoy encaran la crisis con un optimismo poco frecuente. “Los bancos te quitan el paraguas cuando llueve. Tendremos que aprender a salir de esto por nuestra cuenta”, concluye.
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Comentarios recientes
La situación de las empresas se está complicando más, los impuestos suben, los bancos nos aprietan, la seguridad social quiere que trabajemos para ellos, hacienda lo mismo. No entiendo como las empresas con indice de perdidas y ganancias de -10.000 € tienen que pagar a hacienda y no tienen derecho a nada. Contestación de los funcionarios cierre usted señor. Y, si el organismo al que pertenecen los despidieran ¿pensarían lo mismo?.
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PYMES haciendo ERES? no lo visualizo, no serán tan PYMES. Las PYMES que yo conozco aguantan a duras penas, ni ayudas del gobierno ni leches en vinagres, y no hablemos de los supuestos créditos ICO, menudo fraude, menuda ESTAFA con mayúsculas. Las PYMES son las estafadas por el gobierno, no las estafadoras. Como siempre en todo esto hay casos y casos, pero es fácil culpar al empresario cuando te tiran a la calle, pero si te tiran por algo será.
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Eva , ya he puesto varias denuncias , y los han pillado, no quiero meter a todos en el mismo saco, por eso solo hablo de donde yo vivo,las inspecciones cuando vienen se van de comidas con los empresarios,filtran el nombre del denunciante y te cierran las puertas a los centros de trabajo, eso es lo que se gana denunciando,actualmente he tenido que cambiar de poblacion ya que donde vivo , gracias a denunciar semejantes fraudes, no puedo trabajar,y tengo muchos mas datos,me faltan algunas pruebas,lastima que halla tanta corrupcion
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Para jackie chang si tantos datos tienes denuncialo. Es muy fácil criticar al empresario que se "juega" su dinero con comentarios como el tuyo. Se han tomado pocas medidas que favorezcan a las pymes...las que se han tomado a ver si se cumplen como la modificación de la Ley de morosidad publicada en BOE el 6 de julio. Tengo ganas de ver si las entidades financieras admiten que se emitan confirming, recibos de norma 58...con plazos de pago superiories a los marcados en la ley.
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lo que falta es una buena inspeccion de trabajo....
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El primer paso es darle rango de cheque a las facturas. Factura aceptada, dinero en la cuenta.
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Si es cierto que la crisis a sido desastrosa para las pymes, pero por la zona donde yo vivo , que es muy industrial, las pymes tienen mas pedidos que en epocas de bonanza y se aprovechan,camuflan todo trabajando en negro , sacan el trabajo ilegalmente pagando irrisoriamente, luego hacen eres para que page el gobierno , se quitan las plantillas de encima, que page fogasa, y el trabajo en cocheras y en locales clandestinos,se aprovechan de la situacion , son unos sinverguenzas que defraudan y engañan , el trabajador siempre pierde,conozco empresas que han despedido a toda su plantilla sin pagarle un duro,la nave de alquiler, la maquinaria a nombre de otro, cierre patronal,que page fogasa,al dia siguiente ves que la empresa mete a trabajadores de contrato , haciendo horas extras fraudelentas y la cartera de pedidos a tope,asi hay miles de empresas , cambian el nombre y la razon social y a seguir enriqueciendose a costa del gobierno y de los trabajadores , ya esta bien .
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