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La decepción de Juliana Sánchez, la ‘abuela de la A-4’, veterana de la búsqueda en las fosas comunes

“La ley de la Memoria Histórica ha sido una patraña”

Fecha: 02/12/2016 Ana María Pascual ico favoritos Añadir a favoritos
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A punto de cumplir 86 años, Juliana Sánchez es consciente de que jamás recuperará los restos de su padre, fusilado en Málaga en marzo de 1937. Entre 2006 y 2009 recorrió miles de kilómetros entre Madrid y el cementerio malagueño para seguir las labores de exhumación de una de las mayores fosas comunes de Europa, por lo que recibió el apelativo de la abuela de la A-4. El resultado fue “indignante”: 3.000 cadáveres desprotegidos, expuestos al sol y a la lluvia, amontonados en cubos de basura, no fueron identificados. | Sigue leyendo.

Hubo un tiempo en el que Juliana Sánchez García (Rute, Córdoba, 1930) y sus cuatro hermanos comían solo una vez al día, normalmente mondas de patata y un trozo de pan. Un tiempo de venganza y terror, de miseria y esclavitud. Niños harapientos, desnutridos, vetados en las escuelas, condenados a servir en las casas de los vencedores de la Guerra Civil.

–Señorito, ¿sabe usted dónde está mi padre?

–Se refugió en Francia, ya volverá.

Esta pregunta y la mentirosa respuesta han marcado la vida de Juliana Sánchez. En 2002, cuando tenía 72 años, conoció la verdad: su patrón, el jefe falangista de Rute, delató a su padre, propiciando su asesinato en Málaga el 12 de marzo de 1937. 

La memoria de esta cordobesa octogenaria se ha empeñado en no olvidar aquellos tristes años de su niñez, marcada por la desaparición del padre, ni los años de la dictadura, que la condenaron al silencio. “Lo peor que me podría pasar es perder la memoria –dice Juliana, a punto de cumplir 86 años–. Les he dicho a mis hijos que prefiero morir si eso me pasa”. Esta cordobesa afincada en Getafe (Madrid), dinámica y sagaz, es memoria viva de la represión franquista y de la lucha por los derechos sociales.

No esconde la anciana su crítica por la gestión que se ha hecho en España de la memoria histórica. “La Ley de Memoria Histórica [aprobada en 2007] ha sido una patraña. Fue ilusionante; por fin un gobierno se acordaba de las víctimas, pero ha resultado insuficiente e ineficaz, y ahora ni siquiera se cumple. Ni se nos han devuelto a nuestros muertos ni se ha condenado el franquismo”.

Vicente Sánchez Montes era el peluquero de Rute, afiliado a la agrupación socialista desde 1925.  “Mi padre tenía una peluquería muy bien montada. Afeitaba a los señoritos del pueblo, y a veces iba a su casa a arreglarlos. Era un hombre muy querido”, recuerda Juliana.  Vicente y su esposa, María, tenían cinco hijos y vivían desahogadamente, pero el golpe militar contra la República truncó aquellos apacibles días.

EN CASA DEL FALANGISTA

En Rute no hubo guerra. Desde los primeros días de la sublevación, la localidad fue tomada por la Guardia Civil y los falangistas. Vicente Sánchez, que por entonces era concejal socialista, huyó por la sierra junto a otros vecinos de izquierdas. Se refugió en Málaga, en el hotel La Perla. Pero el jefe de Falange de Rute, Manuel Villén, al que el barbero había afeitado tantas veces, le seguía de cerca.

Málaga cayó en manos de los fascistas en febrero de 1937. La suerte estaba echada para el padre de Juliana, que fue denunciado por Villén y acabó fusilado en la tapia del cementerio de San Rafael. En aquel muro frío unas 5.000 personas fueron asesinadas. | Sigue leyendo.

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