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Las confesiones de David Merino, ex Director General de DICO

Fecha: 16/02/2009 0:00 Javier CHICOTE ico favoritos Añadir a favoritos
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En agosto empezó a contar ante notario delitos de cohecho y fraude presuntamente cometidos por él, sus jefes y varios políticos. Hoy, esas declaraciones, que están en manos de la Fiscalía Anticorrupción, irrumpen en pleno huracán de escándalos en Madrid. | Descarga el reportaje completo.

Francisco Granados es el tío más sucio del mundo, a ése le he dado yo el dinero directamente”. David Merino, que fue director general de Operaciones y Estrategia de la constructora Dico-DHO, en la que trabajó entre 1997 y 2007, habla con rotundidad de la etapa en la que Francisco Granados fue alcalde de Valdemoro, entre 1999 y 2003. Merino era el máximo ejecutivo de la constructora; sólo recibía órdenes de los dueños. Hoy Dico es una de las grandes urbanizadoras españolas que integran la larga lista de empresas en suspensión de pagos. Merino dejó la compañía antes de su ruina.

Su acusado, Francisco Granados, es hoy secretario general del PP de Madrid y consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno madrileño. La lista de municipios de la Comunidad de Madrid donde la empresa constructora hizo negocios siguiendo prácticas ilegales es larga, según relata Merino: “Pagábamos en todos los sitios donde construíamos. Hemos ‘actuado’ en Las Rozas, Majadahonda, Boadilla, Coslada, San Fernando de Henares, Villanueva del Pardillo… y muchísimo en Valdemoro cuando era alcalde Francisco Granados”, denuncia Merino, y asegura que una entrega de dinero al número tres del Gobierno de Madrid la hizo en una finca de caza de Dico en Daimiel (Ciudad Real). Y mete Merino a más Granados en su acusación: “En Coslada, otro Granados [se refiere al alcalde socialista Juan Granados, que gobernó entre 1999 y 2003] también cobraba”. Los intentos de esta revista para obtener la versión de Juan Granados han sido infructuosos. David Merino se calla cuándo, cómo o cuánto dinero dio a sus sobornados: “Eso se lo diré al juez o al fiscal”.

Francisco Granados niega rotundamente tales acusaciones: “Aseguro cien por cien que no he adjudicado ni he recalificado ni un solo metro a esa empresa ni he recibido un duro de ningún constructor, ni, evidentemente, de DHO, a la que no he beneficiado en nada’’. El ex directivo del Grupo Dico –que fue constructora predilecta del entonces alcalde, según fuentes socialistas del municipio madrileño– está ansioso por ofrecer todos los detalles al juez o fiscal que lo cite. Aún no ha sido llamado a declarar pese a que la Fiscalía Anticorrupción tiene en su poder desde el pasado 17 de noviembre unas actas notariales en las que Merino denuncia delitos de corrupción urbanística en distintos puntos de España y del extranjero. La denuncia la presentó Miguel Bernad, secretario general del sindicato Manos Limpias, y en ella no aparecen los nombres de los alcaldes supuestamente implicados, aunque sí se señala a “los responsables” de los municipios.

El ex director general de la constructora mantiene que entregaba a Granados comisiones ilegales por orden de los administradores y propietarios del grupo, Julián Giménez de los Galanes y Francisco Colado. Él sólo cumplía órdenes para salvaguardar su puesto de trabajo, dice. Granados ha confirmado a interviú que conoce a los dueños de la constructora, y también que ha ido con ellos a cacerías dos veces, pero cuando se le pregunta quién pagaba esas cacerías, contesta: “No sé quiénes me invitaron, si ellos o amigos comunes”. Además, el consejero niega conocer a David Merino: “No, no lo conozco. Igual le he saludado; pero si lo veo, no sé quién es. Ni su nombre me suena”. En el momento de conversar con esta revista, Granados conocía el nombre de Merino porque su gabinete se había hecho con la denuncia.

Según Merino, los sobornos en Valdemoro se prolongaron durante la alcaldía de José Miguel Moreno, que sustituyó a Granados en 2003. Estos pagos se enmarcaban en la construcción de la urbanización de chalés Valdeoro. Así consta en una de las actas depositadas en la Fiscalía, en la que se puede leer que Dico retiró 2,5 millones de euros de Caixa Tarragona para suelo que se abonaría en dinero negro y para las comisiones “a los responsables del ayuntamiento en su máximo nivel”.

David Merino también ha señalado a otro ex edil madrileño a lo largo de media docena de encuentros mantenidos con interviú entre noviembre de 2008 –antes de que estallara el escándalo de las comisiones ilegales de empresas ligadas al PP en el nororeste de la Comunidad de Madrid– y la pasada semana: es Arturo González Panero, que ha tenido que dejar la alcaldía de Boadilla del Monte tras ser imputado en la trama de corrupción de Francisco Correa. “A Arturo se le han dado entre 200.000 y 300.000 euros” por la concesión de varias obras a Dico, dice Merino, que añade: “Esas entregas las hicieron Francisco Colado y el director de la promotora del grupo”. Esta revista ha pedido la opinión de González Panero a través del Ayuntamiento de Boadilla, que no ha dado respuesta. Dico-DHO ganó en Boadilla, perla del urbanismo madrileño, las licitaciones para la construcción de un centro de formación municipal (7,45 millones de euros), un pabellón deportivo (7,5 millones), una residencia-centro de día para mayores (5,5 millones) y un centro empresarial (2,8 millones). “Arturo no sólo cobró dinero, también le invitamos a varias cacerías en las fincas ‘La Parrilla’ (en Los Yébenes, Toledo) y ‘Los Berrocales’ (en Almadén, Ciudad Real)”. En esas monterías a las que invitaban a políticos no faltaba de nada: “Son a todo lujo, las mejores fincas de España, venados a casca porrillo, los que quiera matar cada uno, las comidas, los cartuchos, los hoteles… absolutamente todo pagado por la constructora, hasta las putas”. Según el relato de Merino, el alcalde que así lo pedía disfrutaba de los servicios de las prostitutas en la finca, en el hotel en el que se alojaba o en clubes cercanos, adonde iban de madrugada.

Las cacerías se organizaban agrupando a los alcaldes de una misma zona y de un mismo partido; por ejemplo, los regidores del PP del noroeste de Madrid. También invitaban a antiguos alcaldes y a posibles futuros alcaldes. Así trataban de amarrar relaciones con quienes dirigieron, dirigen y dirigirán el negocio del ladrillo. “Sumando acompañantes y constructores, se podían juntar unas cincuenta personas”. El primero en abatir una pieza (jabalíes, ciervos…) recibía lo que se conoce como el bautismo, según cuenta Merino. Al cazador se le restregaban por la piel desnuda sangre y vísceras del animal. El ex alto ejecutivo de Dico cuenta que Francisco Granados participó precisamente en su bautizo cinegético.

Muchas jornadas se coronaban con partidas de cartas. “Yo he jugado al póquer en una misma partida con Granados y González Panero apostando billetes de 500 euros. Claro, el dinero lo ponía Dico”, relata David Merino. Granados lo desmiente tajantemente: “De póquer nada. No juego al póquer, y mucho menos con Arturo. Precisamente con él yo no tenía buena relación”.

El ex alcalde de Boadilla, al que en el entorno del comisionista del PP Francisco Correa llamaban “albondiguilla”, es un hombre muy aficionado al lujo, pese a que su única profesión conocida, desde que comenzó en Nuevas Generaciones del PP, es la de político, y sus únicos estudios, unos cursos de informática. Un dosier elaborado por personal del Ayuntamiento de Boadilla del Monte describe la pasión del alcalde Panero por todo lo muy caro: además de las cacerías, 3.000 euros anuales en clases de golf para su familia, un BMW X5, trajes de Armani, cazadoras Belstaff y “regalos de alto valor adquiridos en joyerías de lujo y tiendas como Loewe”. El dosier, al que ha tenido acceso interviú, fue entregado por Manos Limpias a la Fiscalía Anticorrupción la pasada semana. En él se puede leer: “D. Arturo González Panero percibe altas y frecuentes comisiones por parte de los contratistas que trabajan para el Ayuntamiento de Boadilla; de ahí que posea un patrimonio personal infinitamente superior a sus ingresos”. En el texto, de unas 300 páginas incluido un anexo documental, también se asegura que González Panero “extorsiona y/o soborna a funcionarios municipales para que los informes técnicos resulten favorables a la empresa licitadora con la que previamente ha pactado la comisión”.

La actividad de Dico, rebautizada como DHO y hoy en suspensión de pagos, fue muy intensa en la zona noroeste de Madrid, donde se agrupan las mejores urbanizaciones de la periferia, donde se acumulan las mayores rentas per cápita de España y donde, en alguna ocasión, David Merino se cruzó con Francisco Correa cuando éste operaba en la zona: “¿A Correa le han detenido? –interrumpe la entrevista–. Ah, le conozco”.

El que fue primer ejecutivo de la constructora Dico asegura que uno de los municipios donde más cohechos se pagaron es Majadahonda: “Ahí han cobrado el actual alcalde, Narciso de Foxá, y sus dos antecesores, Guillermo Ortega y Ricardo Romero de Tejada”, todos ellos del Partido Popular. Ortega está imputado en el sumario de la operación Gürtel (correa, en alemán), que instruye el juez Baltasar Garzón, lo que le costó su dimisión como gerente del Mercado Puerta de Toledo. “La operación de quitar a ‘Willy’ y poner a Narciso de Foxá la hicimos nosotros en la finca. A ‘Willy’ le pusieron un sueldo porque quería contarlo todo”. Foxá ha asegurado a interviú que todo es mentira. El viernes 13, tras recibir la llamada de esta revista, manifestó su intención de enviar un requerimiento notarial para que el constructor reafirme sus acusaciones. Los intentos de obtener la versión de Ortega y la de Romero de Tejada no han dado resultado.

Cuando habla, David Merino ríe sonoramente, aliviando el fuerte nerviosismo que le ha producido su decisión de colaborar con la Justicia: “Tenía que elegir en qué lado estaba, con la Fiscalía o con los dueños de la constructora”, explica, y más adelante retoma el relato: “El soborno solía ser en metálico, pero alguna vez se les regalaban vacaciones, un piso, la reforma de la casa, o como en Villanueva del Pardillo, donde se pagó una comisión por medio de una factura falsa para que el hijo del alcalde se comprara un cochazo”. Desde el gabinete de Juan González Miramón, alcalde (PP) de Villanueva desde hace 16 años, aseguran que el regidor nunca ha cobrado nada y que llevarán el asunto a los servicios jurídicos del ayuntamiento.

La Fiscalía tiene noticia de delitos en casi todos los municipios mencionados, y en Ciudad Real, Toledo y Cádiz, aunque en las actas notariales la lista es más reducida. Merino prefiere no revelar las cantidades satisfechas ni las obras por las que pagaron: “Yo con quien tengo que hablar es con un juez”. Sí ha relatado a interviú cómo se hacían las entregas del dinero: “El alcalde o el funcionario de turno viene un rato a la oficina, vas tú al ayuntamiento, o a su casa, o quedas en una rotonda, en un bar de caza… a comer o en un bar de putas. Pero si pagas ahí, alguno se deja un trozo del sobre”.

—¿Es que no hay ayuntamientos limpios?

—¡Son las putas reglas del juego! Si no juegas a esto, no haces nada aquí ni en ninguno de los países donde hemos estado. Tú te lo encuentras instaurado porque antes de llegar a ese ayuntamiento ya pagaron otros. El constructor no se ve como una víctima. Es un gasto más y punto; la condición humana.

Algunas escenas que describe son de película de Berlanga: “Yo he tenido que pagar una cuenta de 42.000 euros en el Vive Madrid [un exclusivo club de alterne] donde tuvimos a un concejal y varios constructores tres días sin salir de allí, en un reservado con jacuzzi y putas por todas partes. Allí unos tíos desnudos negociaban la construcción de un parquin. La comida la traía un camarero con pajarita del cáterin de José Luis. Y yo me pregunto: «¿Esto no se puede hacer en una puta oficina? ¡Hay que negociar un parquin en un burdel!»”.

Merino se frustra porque el proceso no va como a él le gustaría. Dice que teme por su familia, y espera que las autoridades judiciales le brinden protección. “Yo no me he hecho millonario. Los que se llevaron la pasta fueron los dueños de la constructora”. Nadie de DHO ha contestado las llamadas de esta revista en el intento de recabar las versiones de Julián Giménez de los Galanes y Francisco Colado, los propietarios del grupo constructor.

David Merino ha dejado atrás una vida a todo tren con un sueldo de 120.000 euros anuales, comidas en restaurantes de lujo, viajes, coches de gran cilindrada, chófer. Ahora, sin trabajo, sólo espera poder volver a la normalidad. En verano, cuando la situación contable del grupo DHO reventó, comenzó a depositar confesiones ante un notario de Madrid. Ha estado rellenando actas notariales entre agosto y octubre del pasado año. Hoy asegura que no se desdecirá de absolutamente nada “porque es la puta verdad”.

Entérate de todo sobre este tema en la edición digital de la revista.

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