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Las nuevas armas prohibidas

Fecha: 18/12/2006 Hernán ZIN ico favoritos Añadir a favoritos
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A las denuncias sobre el empleo por parte del Ejército israelí de bombas de fósforo y de uranio en Líbano se suman ahora pruebas científi cas que señalan que podría haber utilizado sus ataques en Gaza para probar armamentos con agentes cancerígenos.

Hernán ZIN

Khader Al Magary yace en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Al Shifa, el principal centro de atención médica de la franja de Gaza, mientras un cirujano y dos enfermeros luchan por mantenerlo con vida. Esa misma mañana, en el campo de refugiados de Al Maghazy, un proyectil de la aviación israelí lo había alcanzado de lleno y le había cercenado las dos piernas y uno de los brazos.

Los familiares de Khader, que aguardan con ansiedad en la sala de espera, comentan a interviú que este hombre es sordomudo de nacimiento; por eso no había oído que se aproximaba un avión no tripulado y el impacto de la munición lo había cogido por sorpresa. “Está tan mal que no sé si preferimos que se muera –afirma con sinceridad Aimán Al Magary, su hermano mayor–. ¿Qué vida va a tener? Sin brazos, sin piernas, sin poder hablar”.

Una vez más, el equipo del hospital Al Shifa se mostró perplejo ante la fisonomía de las heridas a las que debía hacer frente. Los cortes limpios, que parecen haber sido realizados con bisturí, la ausencia de restos visibles de metralla, la piel quemada, renegrida. Desconcertados, los médicos se preguntaban qué clase de armamento es ése que produce semejante daño y que durante cuatro semanas dejó legiones de lisiados a su paso por la franja de Gaza.

“No sabemos qué munición está usando Israel, pero sabemos que nunca antes habíamos visto nada similar, ya que no encontramos restos de metralla –confirma a interviúel doctor Jumaa Al Saqqa, portavoz del hospital–. No se ve la causa del daño, pero el daño está y es terrible. Lo único que hemos encontrado ha sido un polvo microscópico en la piel, en los huesos y en los órganos internos. Los rayos X no muestran rastro de este material”.

“En Gaza no contamos con laboratorios –añade Jumaa Al Saqqa–. El único que teníamos fue destruido hace tres años. Y el bloqueo israelí no nos permite sacar las muestras de tejido y metralla. Hemos mandado fotos a especialistas en Francia e Italia, y nos dicen que puede tratarse de fósforo o de alguna otra fuente de energía. Pero hasta ahora ningún organismo internacional ha venido a ver qué sucede”.

Las denuncias de los médicos, según el doctor Basem Naim, Ministro de Salud Palestino, con quien habló esta revista, señalaban también casos de pacientes que se habían podido estabilizar al llegar a los hospitales, pero que a los pocos días habían fallecido debido a la destrucción de sus órganos internos.

Otro patrón que se había descubierto era que la mayoría del daño se había producido por debajo de la cintura de los heridos, como en el caso de Anwar Abu Holi, un conductor de ambulancia que fue alcanzado por un misil cuando auxiliaba a las víctimas del ataque israelí en el campo de Al Maghazy, y que recuerda que oyó el silbido de la munición mientras surcaba el aire, pero que ésta apenas hizo ruido al explotar. Cuando miró hacia el suelo, descubrió que había perdido la pierna derecha.

Khader Al Magary ingresó en el hospital Al Shifa el 20 de julio. A los cuatro días, murió. Apenas un par de medios de comunicación extranjeros se hicieron eco de las denuncias de los médicos de Gaza, ya que la guerra entre Israel y Hezbolá copaba los titulares de la prensa de todo el mundo.

Dos meses más tarde, un equipo del programa L’inchiesta, de la televisión pública italiana, viajó a Gaza para retomar la historia (el mismo equipo que, dirigido por el periodista Maurizio Torrealta, había denunciado la utilización de bombas de fósforo por parte de la artillería estadounidense en el cerco de Faluya del año 2004).

Tras sortear el estricto control fronterizo de Erez, que cuenta con escáneres de última generación y es la única vía de acceso de extranjeros a la franja de Gaza, se llevó a Italia las muestras que le entregó Jumaa Al Saqqa.

La doctora Carmen Vaccaio, del laboratorio de la Universidad de Parma, tras analizar el material determinó que contenía una alta presencia de carbono y de varios materiales inusuales, como cobre, aluminio y tungsteno.

Esta información, sumada a los testimonios de las víctimas y los médicos, llevaron a los periodistas de la RAI a concluir que Israel podría haber estado empleando en la franja de Gaza una munición de tipo DIME (explosivo de metal denso inerte), tesis apoyada por Carmen Vaccaio y por varios especialistas.

Los misiles DIME, en buena medida un arma del siglo XXI, cuentan con una cubierta de carbón que se fragmenta en micropartículas en lugar de grandes trozos de metralla. Y el polvo de tungsteno que llevan en su interior, al ser un metal inerte, absorbe y frena la explosión, limitando su radio de acción a unos cuatro metros.

Un efecto de enorme poder, pero concentrado, y que en teoría podría servir para evitar la muerte de inocentes, por lo que se dice que el DIME produce un “bajo daño colateral”. Esto explicaría las brutales amputaciones sufridas por los heridos en Gaza, especialmente por debajo de la cintura, así como las quemaduras y la destrucción de órganos internos.

Marc Garlasco, analista militar de Human Rights Watch, criticó que Estados Unidos estuviera desarrollando armas que serían usadas en zonas densamente pobladas. Pero lo que más polémicas ha suscitado son los resultados de un estudio publicado por la revista New Scientis, y que fue llevado a cabo por un laboratorio militar de la ciudad de Maryland, en el que se implantaron partículas de tungsteno a 92 ratas de laboratorio. En menos de cinco meses, todas ellas habían desarrollado una forma poco conocida de cáncer.

Estas conclusiones levantaron la voz de alarma, y llevaron a científicos como Mark Witten a declarar que el armamento DIME no debía ser utilizado hasta que se realizaran nuevas pruebas para conocer sus verdaderos efectos.

Si se comprobase que el polvo de tungsteno produce cáncer, la vida de los heridos en Gaza, como Anwar Abu Holi, estaría en serio peligro, así como la de quienes residen en las zonas donde cayeron los proyectiles.

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