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Los archivos secretos del 23-F

Fecha: 27/02/2006 1:00 Fernando Rueda ico favoritos Añadir a favoritos
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Existir, existen. Pero no figuran oficialmente en ningún sitio. Son los dos archivos secretos que todavía hoy, 25 años después, contienen información clave sobre la intentona golpista del 23 de febrero de 1981 y, muy especialmente, sobre el papel que jugaron no sólo los 33 juzgados, sino muchos otros que participaron.

20/02/06 El archivo del 23-F contiene todos los informes elaborados y las pruebas conseguidas por el Cesid sobre la intentona golpista. Incluye los nombres, las acciones, las relaciones y los documentos originales de todo lo que se investigó. Tras su llegada a La Casa, poco después del golpe, Emilio Alonso Manglano llevó a cabo una profunda investigación para saber la implicación hasta en el menor detalle de agentes del servicio y ciudadanos en general. Manglano quería hacer una limpieza de golpistas, y aunque estaba dispuesto a aceptar en sus filas a agentes que hubieran colaborado, quería que todos fueran identificados. Los dos principales encargados de la tarea fueron el jefe de Involución, Santiago Bastos, y el jefe de la Agrupación Operativa de Medios Especiales (AOME), Juan Alberto Perote.

El trabajo de investigación de Perote, según ha relatado él mismo, fue una experiencia sorprendente: había temor de sus agentes a hablar y desaparecieron numerosos papeles y pruebas incriminatorias de que la AOME había participado en la intentona.

Pero con mucha paciencia y un arduo trabajo psicológico, el informe que se elaboró fue bastante detallado. Las conclusiones: diversos agentes apoyaron el golpe, varios mandos participaron activamente y algún destacado jefe estaba al tanto de todo lo que ocurría.

El éxito de la investigación se produjo porque las personas que tenían la información se decidieron a hablar una vez que habían abandonado el Cesid algunos cargos destacados: Javier Calderón, secretario general; José Luis Cortina, jefe de la AOME; Francisco García Almenta, número dos de la AOME; y Vicente Gómez Iglesias, el número tres y único condenado de todos.

Se pudo conseguir mucha información, a pesar de la certeza, manifestada por diversos agentes pertenecientes a la AOME, de que antes de abandonar el Cesid algunos habían procedido a limpiar todos los informes que les relacionaban con el golpe de Estado y, paralelamente, habían montado otros que justificarían sus actitudes de apoyo al mismo. El más conocido de estos montajes se basó en la Operación Mister, que el servicio tenía permanentemente abierta para investigar las actividades de Estados Unidos en nuestro territorio. Eso les dio pie para inventar que sus actividades de apoyo al golpe en realidad lo eran de control de los ciáticos (agentes de la CIA) en España.

Cuando todos los informes y documentos fueron recopilados, el director Alonso Manglano creó un archivo especial, al que únicamente podía tener acceso él o la persona especialmente autorizada. En ese archivo, uno de los más secretos del Cesid, estaban las pruebas que implicaban en el golpe a un buen número de mandos y agentes de La Casa. Y los datos que rellenaban el puzle para explicar lo que ocurrió dentro y fuera de España, antes y durante la intentona golpista.

El segundo archivo que contiene informes que explican el golpe es el denominado Jano –por el dios de la mitología griega clásica que con sus dos caras mira al futuro y al pasado–, que recoge las investigaciones realizadas en la etapa final de la dictadura y en el inicio de la democracia por el servicio de inteligencia –en aquel momento el Seced, dirigido por José Ignacio San Martín, precursor del Cesid y del CNI– con la intención de conocer la faceta pública y privada de 8.000 personajes que en ese momento tenían o en el futuro podían tener una proyección pública. En esa lista estaban destacadas y desconocidas personalidades que en esos años y todavía hoy ocupan puestos relevantes en España. El objetivo era tener controlados a los líderes políticos, económicos y sociales y, todavía más importante, a las personas de valía que podían desempeñar en los siguientes años un cargo importante, ya fuera público o privado. Esa información incluía lo que ellos llamaban vulnerabilidades personales, relativas a la intimidad de las personas.

La existencia de este archivo nunca ha sido reconocida por el servicio de inteligencia, que incluso en algún momento ha filtrado que fue destruido durante la transición. Nada más alejado de la realidad. Incluso, según ha podido saber interviú, este archivo fue actualizado posteriormente.

En Jano se incluyen informes utilizados durante la etapa previa al 23-F para manipular la transición española y desacreditar a algunas de las más relevantes personalidades de la vida pública, como fue el caso de José María de Areilza, que pudo ser presidente de Gobierno en lugar de Suárez.

Máximo secreto

Si toda la documentación del servicio de inteligencia es secreta, la contenida en esos dos dosieres está especialmente protegida. El archivo del Centro Nacional de Inteligencia es bastante similar a los de cualquier entidad pública o privada. Ahora la documentación está microfilmada, pero en 1981, cuando Alonso Manglano fue nombrado director, los papeles llenaban las numerosísimas carpetas tanto temáticas como las clasificadas por nombres.

Un listado como el de cualquier biblioteca permitía a los funcionarios del archivo localizar una carpeta en pocos segundos. Los agentes que se acercaban y se acercan a pedir cualquier tipo de documentación deben llevar una orden por escrito de su jefe, y si su categoría profesional es suficiente, les basta con solicitarlo en persona. Eso sí, deben rellenar y firmar un formulario. Todos saben que cada agente, por mucho nivel que tenga, únicamente puede tener acceso a una parte del archivo vinculado a su departamento de trabajo.

Eso sí, ningún agente puede tener acceso a unos cuantos archivos dependientes directamente del directivo jefe del archivo, quien los tiene en custodia, pero no puede mirarlos. Únicamente el director puede consultarlos o, en su caso, la persona que presente su autorización personal. Entre esos pocos archivos están 23-F y Jano.

Documentos `desaparecidos´

Catorce años después de ser nombrado director, Emilio Alonso Manglano abandonó el Cesid tras el escándalo de las escuchas ilegales, que incluyeron la grabación de conversaciones telefónicas del Rey. Antes de salir, el experimentado director pidió los archivos 23-F y Jano, entre otros documentos. La única explicación de este interés sería su intención de hacer desaparecer algunos documentos.

Este comportamiento no lo tuvo Félix Miranda, que le sustituyó durante muy poco tiempo y que en todo momento defendió la legalidad. También co noció esos archivos Jesús del Olmo, secretario general en esa etapa, que durante varios meses ejerció la dirección en funciones hasta entregar el mando al director nombrado por el PP, Javier Calderón. Del Olmo aseguró hace meses a interviú: “No niego que existieran esos archivos y que sólo se pudieran consultar con la autorización del director, pero en la época en que yo estuve no fue necesario consultarlos”.

Del Olmo añade que “a lo mejor estaba la regla, pero no la aplicamos, quizás porque nadie nos lo pidió porque no fue necesario utilizar el archivo del 23-F o el que se elaboró en la transición con los personajes públicos relevantes”.

Este general retirado, que mantiene sus amistades del pasado, recuerda que había un archivo central, “que tenía unas medidas de seguridad extraordinarias”, y los de las divisiones: “Otra cosa eran los archivos, que luego se ha visto que eran particulares”.

Del Olmo le entregó el mando a Javier Calderón, el primer director del Cesid que nombró José María Aznar. Una de sus primeras órdenes tras tomar posesión de su despacho fue llamar a Blanca, la jefa de Documentación, para que le subiera los archivos 23-F y Jano. El que fue secretario general de La Casa durante la intentona militar quería saber si los documentos del golpe seguían en su sitio y qué nuevos datos habían engordado el dosier tras su salida del servicio a los pocos meses de haber entrado Tejero en el Congreso.

Nuevamente, el máximo secreto impide conocer si el archivo que recibió y el que devolvió coincidieron en su contenido. Pero algo debió de ocurrir porque muy pocos meses después, Blanca, la jefa de Documentación, tras numerosos años de destacada carrera en el Cesid, fue considerada no idónea y tuvo que dejar La Casa. Para evitar que el enfado de la funcionaria la llevara algún día a contar lo que pasó, finalmente fue recolocada en el Ministerio de Defensa.

Actualmente, esos documentos siguen estando custodiados en el CNI, organismo que sustituyó en 2002 al Cesid. Personas cercanas a Alberto Saiz aseguran que el nuevo director no ha pedido esos archivos, aunque dejan entrever que siguen allí. Y con ellos, los secretos desconocidos del 23-F. Otros secretos están en posesión de los ex directores y ex directivos que pudieron llevárselos. Ilegalmente, por supuesto.

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