“¿Alguien comprobó que Marta no vivía antes de tirarla al río?” “Samuel se acercó y no se le movía el pecho”. Es parte de la confesión de Miguel Carcaño. Las declaraciones de los dos principales inculpados revelan detalles de lo ocurrido antes y después del homicidio.
La muerte de Marta del Castillo se fraguó mientras ayudaba a su ex novio Miguel Carcaño a tender la ropa. “Cuando llegamos a casa, mi hermano Javier me pidió que tendiera la ropa y luego se marchó. Mientras tendíamos, Marta me dijo que tenía que dejar a Rocío (su novia en la actualidad); decía que tenía que volver con ella, que si no lo hacía, iba a hablar con Rocío para decirle que estábamos liados”: Miguel mantuvo en sus declaraciones que la joven asesinada quería volver con él, cuando la realidad (ver interviú 1.713) era que la chica quería que Miguel dejase de presumir de su relación con ella, ya inexistente. Esas primeras declaraciones, que obran en el sumario del caso que instruye el juzgado de instrucción 4 de Sevilla, coinciden en lo esencial, si bien Samuel se desdijo ante el juez.
Miguel, que confesó ser “un poco celoso”, narró los últimos momentos de vida de Marta: “Al acabar de tender la ropa, Marta insistió en que tenía que dejar a Rocío. Me enfadé. Cogí un cenicero de cristal con publicidad del pub Nocturnidad y Alevosía que tenía en la mesa. Le di en la parte izquierda de la cabeza. Cayó al suelo. Solté el cenicero, me arrodillé y empecé a llamarla, pero no respondía”.
Según todas las declaraciones de Miguel Carcaño, en el momento del asesinato se encontraba solo en su casa con la víctima. Fue después del golpe cuando decidió llamar a su colega, su fiel Samuel: “Me puse nervioso, salí de casa para llamar a Samuel y me fui a una cabina. Le dije: «La he ‘liao’, ven ‘pa’ casa, no sé qué hacer»”.
Samuel Benítez, también encarcelado, contó a la policía la llamada de Miguel en otros términos: “Me dijo que tenía algo importante que decirme, que por teléfono no podía, y me pidió que fuese a su casa”. Al llegar al domicilio de su amigo, Samuel contó así a la policía la escena que se encontró: “Vi a Marta tirada en el suelo del salón boca arriba. Tenía sangre en el lado izquierdo de la cara”.
Miguel Carcaño contó a los investigadores que pasó una hora en su casa, esperando a su amigo, con la única compañía del cuerpo inerte de Marta. Cuando llegó Samuel, le dijo: “¿Estás loco? ¿Qué has hecho?”. Al respecto, Samuel manifestó en su declaración: “Miguel me dijo que había tenido un forcejeo con Marta porque ella le había amenazado con contar algo a Rocío, no recuerdo qué. Me pidió que le ayudara a deshacerse de Marta y a esconder pruebas, como el cenicero con el que la golpeó”.
En un primer momento, tanto Miguel Carcaño como Samuel Benítez decidieron no confesar la participación del menor implicado en los hechos, un joven conocido como Cuco. “No dije nada de él porque es muy niño”, dijo Miguel a la policía. Samuel y el autor material del crimen contaron una versión increíble, según la cual llegaron hasta el puente de Camas en la motocicleta de Miguel, con el cadáver de Marta entre ambos.
En la ampliación de sus declaraciones, los dos reconocieron la participación del menor. Samuel contó lo siguiente: “Envolvimos a Marta en el salón en una manta marrón oscura que liamos con cinta de embalar y la metimos en el coche de ‘Cuco’”. Según Miguel, fue Samuel quien condujo el vehículo hasta el puente de Camas, desde donde arrojaron el cuerpo de Marta a las aguas del Guadalquivir. Al llegar al punto elegido, según Miguel, “Cuco cogió a Marta por las piernas, Samuel y yo por el tronco. La subimos por encima de la barandilla, dejándola caer al agua. Luego tiré el cenicero con fuerza”. La Policía le preguntó a Carcaño si alguien comprobó si Marta respiraba antes de tirarla al río: “Samuel se acercó para ver si respiraba y comprobó que no respiraba porque no se le movía el pecho”.
A diferencia del menor detenido, ninguno de los dos principales detenidos ha hablado de la participación en los hechos del hermanastro de Miguel, Francisco Javier Delgado –en prisión sin fianza–, si bien Samuel Benítez dijo que al llegar a casa de su amigo “había luz en la habitación de Francisco Javier”. Javier ha negado que estuviese en casa cuando sucedieron los hechos, la tarde-noche del 24 de enero, pese a que los investigadores creen que fue él quien se quedó en casa limpiando los restos del crimen. Respecto a esto, Miguel dijo a la policía: “No sé quién limpió la sangre del suelo”. Samuel aseguró en su interrogatorio que “el hermano de Miguel es muy agresivo, tiene licencia de armas y hace escoltas. Le llaman a veces del País Vasco para hacer ese trabajo. Miguel dice que está loco”.
Tras deshacerse del cuerpo, los tres amigos se separaron. Miguel declaró que Samuel le dijo: “Tú, tranquilo; vete a casa”. Samuel Benítez contó que recibió una llamada poco después de llegar a su domicilio, tras arrojar a Marta al río: “Alejandra (una amiga de la víctima que la llamó por teléfono insistentemente la noche de los hechos) me dijo que Marta no aparecía, que si yo sabía algo. Le dije que había hablado con Miguel y que me había dicho que la había dejado en casa. Mis padres dormían. Me hice un bocadillo, me tomé un batido en mi casa y me fui a ver a los amigos que buscaban a Marta. Recuerdo que llovía mucho porque, a las cinco de la mañana, mientras buscábamos a Marta, me metí debajo de un tejado para no mojarme”.







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